
La Selección de Costa Rica volvió a evidenciar una realidad que preocupa: compite en una marcha distinta al fútbol internacional.
No se trata solo del resultado. Es una cuestión de ritmo, de capacidad técnica, de reacción y de ejecución en cada zona del campo.
El equipo nacional acompaña, pero no presiona. Marca, pero no asfixia. Llega tarde. Comete faltas innecesarias, insulsas, que lejos de cortar el juego terminan favoreciendo al rival.
Y cuando el oponente tiene condiciones —como Irán—, el problema se agrava.
Se le permite jugar. Se le concede espacio. Se le deja pensar. Y a este nivel, eso se paga caro.
Irán desplegó su fútbol con comodidad, construyó jugadas y golpeó. Sin resistencia real.
Pero el problema no es solo defensivo
Costa Rica tampoco tiene hoy la claridad ni el talento para administrar la pelota. No la cuida, no la hace circular con sentido, no logra gestar jugadas que generen peligro.
Es un equipo que sufre sin balón… y también con él.
A esto se le suma un elemento que se repite constantemente y que tiene raíz en el campeonato nacional.
El fútbol costarricense local se juega a otro ritmo. Más lento, con menor exigencia, con errores reiterados en marca, presión y toma de decisiones. Y esa realidad termina trasladándose a la Selección.
Muchos jugadores salen al exterior, pero lo hacen hacia ligas medias o bajas, donde su evolución competitiva no alcanza el nivel necesario. No hay una transformación futbolística profunda que marque diferencia cuando se ponen la camiseta de la Selección.
Siguen siendo, en gran medida, el mismo jugador del torneo local, pero que pasó a ser legionario.
Y mientras tanto, se insiste en el ámbito doméstico en sostener futbolistas que ya no tienen el peso ni la capacidad para competir a nivel internacional, pero que devoran los presupuestos de los clubes, cuya parte podría ir a la formación y traer futbolísticas jóvenes devoran otra jerarquía.
Se piensa demasiado en el campeonato nacional y poco en la exigencia real del fútbol de alto nivel.
El resultado es evidente
Una selección limitada, superada en intensidad y en calidad, que termina ratificando ante el mundo por qué hoy está fuera de la Copa del Mundo.
Y lo más preocupante: no se percibe una reacción clara desde la dirigencia del fútbol costarricense ante la pobreza futbolística que hoy se exhibe.
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