La Copa del Mundo que concluyó hace unos días nos deja algo claro: el nivel de la selección mayor de Costa Rica está muy por debajo del mostrado incluso por las selecciones más modestas que sí clasificaron a ese torneo.
En el Mundial vimos selecciones de primera, segunda, tercera, cuarta y hasta quinta categoría, en el caso de las más limitadas. Haciendo un ejercicio mental fácil, podríamos decir que la selección de Costa Rica es, hoy en día, una selección de sexta categoría en el mundo. Sí, una selección que fue octava de un mundial hace apenas 12 años.
Pero la perspectiva de cara al futuro se vuelve todavía más negativa cuando observamos el panorama actual del fútbol costarricense. La Federación actual es inoperante, se maneja como si fuese un club más y no ve más allá de sus propios intereses económicos. La primera división va en franco deterioro, con salarios inflados y con un nivel de fútbol pobre que genera cada vez menos interés en el público. La segunda división se ahoga en la desorganización y el fútbol aficionado perdió el rumbo desde hace años.
¿Hay esperanza? La respuesta rápida es un contundente sí. El fútbol de Costa Rica tiene un enorme potencial porque este es, en esencia, un país futbolero. En todos los pueblos de este país hay mínimo una cancha de fútbol; tenemos más de 4 mil centros educativos y casi todos tienen tan solo un planché para jugar al fútbol.
Pero el potencial es lo mismo que nada si no se explota, si no hay acción, si no hay plan. Por lo tanto ¿qué se puede hacer?
Empecemos por arriba: la Federación Costarricense de Fútbol está llamada a convertirse en el verdadero rector de todo el fútbol del país, el eje alrededor del cual gire todo y desde donde se planee, con estrategia claras y objetivos medibles, un “ecosistema del fútbol”.
Luego, es hora de poner sobre la mesa un tema que ya es insostenible: el sistema de ligas de Costa Rica requiere una reforma integral. Desde esta tribuna sostenemos que es hora de aplicar lo que ya hacen países como Estados Unidos, Canadá, México o Australia: ligas cerradas con franquicias, sin ascensos ni descensos donde cada franquicia deba cumplir con una serie de requisitos y criterios según la liga en la que quiera participar. Un posible modelo podría ser una primera división profesional, una segunda división semiprofesional y una tercera división aficionada. Siguiendo criterios geográficos, demográficos, económicos y deportivos, una posible distribución podría ser:
-Primera división profesional, 12 franquicias: las siete cabeceras de provincia y las cinco ciudades más pobladas fuera de la GAM: Ciudad Quesada, San Isidro de El General, Guápiles, Turrialba y Nicoya.
-Segunda división semiprofesional, 12 franquicias: 6 en los suburbios o ciudades satélites de la GAM y 6 en las demás regiones.
-Tercera división aficionada, 24 franquicias: doce en las ciudades que tengan franquicia en primera división (para que sirvan de cantera) y las otras doce en ciudades o pueblos que no tengan franquicia ni en primera ni en segunda.
Pero el desarrollo del fútbol va más allá: es imperioso crear las condiciones para que la niñez y la juventud jueguen fútbol. Si la Federación fuese proactiva y pudiese estudiar casos como “Bukatsu” en Japón, “Foot à l'École” en Francia, “DFB-Junior-Coach” en Alemania, “Premier League Primary Stars” en Inglaterra o más recientemente “Soccer at Schools” en Estados Unidos, se daría cuenta que su papel va mucho más allá de lo que tradicionalmente ha hecho. Podríamos tener verdaderos campeonatos escolares de fútbol sala y ligas colegiales y universitarias de fútbol 11, donde las universidades no solo participarían en esa liga universitaria, sino que podrían poner a disposición del fútbol base una serie de recursos extraordinarios. Es urgente retomar con seriedad el proceso de selecciones menores regionales, crear una escuela nacional de árbitros… en fin, hay mucho por hacer.
¿Puede el fútbol de Costa Rica mejorar? No hay duda, el margen de mejora es enorme. Por ahora podemos soñar con una Federación que se siente con el gobierno central, las municipalidades, las universidades, los empresarios, los clubes y todos los involucrados a crear las bases del nuevo fútbol de Costa Rica.
Nota escrita por el profesor Ernesto Vargas Brenes
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