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La propuesta del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, de transformar la Copa del Mundo en una estructura empresarial con participación de inversionistas privados abrió uno de los debates más profundos que ha vivido el fútbol moderno.

De acuerdo con información publicada por The Times y ampliada por El País, el proyecto contempla la creación de una nueva compañía que administraría los derechos comerciales de la Copa Mundial masculina, la Copa Mundial femenina y el Mundial de Clubes. Esa sociedad permitiría vender participaciones a inversionistas privados y también distribuir acciones entre las 211 asociaciones miembro de la FIFA.

La iniciativa buscaría captar alrededor de 4.200 millones de dólares dentro de una estructura valorada en aproximadamente 20.000 millones de dólares, recursos que la FIFA destinaría a elevar la inversión en el desarrollo del fútbol por encima de los 10.000 millones de dólares durante los próximos años.

Según las publicaciones, si el proyecto prospera, Infantino asumiría el cargo de director ejecutivo (CEO) de la nueva compañía una vez concluya su actual etapa al frente de la FIFA, prevista para 2031 en caso de ser reelegido.

Socios ligados al proyecto

La propia FIFA confirmó la participación de dos actores en la elaboración del plan.

Uno es JP Morgan, que actuaría como asesor financiero del proyecto.

El otro es Thrive Capital, firma de inversión propiedad de Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump. Según The Times, esa empresa tendría la misión de conformar el grupo de inversionistas interesados en adquirir una participación en el negocio comercial de los Mundiales.

Europa reacciona con dureza

La respuesta más fuerte llegó desde la UEFA.

El organismo que preside Aleksander Ceferin aseguró que la propuesta “cruza una línea que las instituciones que gobiernan el fútbol nunca deberían atravesar” y advirtió que el alma y la gobernanza del deporte no pueden convertirse en activos comerciales.

Además, cuestionó la falta de transparencia sobre quiénes obtendrían beneficios económicos y llamó incluso a los gobiernos europeos a prestar atención al proyecto.

Para la UEFA, el fútbol pertenece a toda su comunidad y no corresponde a la FIFA vender parte de ese patrimonio.

Pero fuera de Europa predomina el silencio

Mientras el fútbol europeo elevó inmediatamente el tono, el resto del mundo ha optado por la prudencia.

Hasta ahora la Confederación Africana (CAF), la Confederación Asiática (AFC), Concacaf, Conmebol y Oceanía no han emitido pronunciamientos oficiales sobre la iniciativa.

Ese silencio resulta significativo.

El dinero puede cambiar la votación

Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es que las 211 federaciones afiliadas a la FIFA recibirían acciones de la nueva empresa.

Diversas estimaciones publicadas por medios europeos señalan que ese paquete podría rondar los 20 millones de dólares por federación, aunque los detalles finales todavía deberán ser aprobados por los órganos de gobierno de la FIFA.

Para muchas asociaciones de África, Asia, Oceanía e incluso del Caribe y Centroamérica, una cifra de esa magnitud representa un impulso económico sin precedentes para infraestructura, formación de jugadores y desarrollo de programas deportivos.

Ese elemento podría modificar completamente el equilibrio político cuando llegue el momento de votar.

Concacaf y Conmebol observan

En el continente americano tampoco hubo reacciones oficiales.

Concacaf ha mantenido durante los últimos años una relación cercana con la administración de Infantino, impulsando proyectos como el Mundial de 48 selecciones y aprovechando un incremento en los programas de desarrollo financiados por la FIFA.

Por su parte, Conmebol tampoco se ha pronunciado, pese a que recientemente mostró disposición para analizar otras propuestas impulsadas por la FIFA, entre ellas la posibilidad de ampliar de forma excepcional el Mundial de 2030.

Mucho más que una discusión económica

Aunque el debate gira alrededor de miles de millones de dólares, el fondo del asunto es mucho más profundo.

Europa teme que la entrada de capital privado termine influyendo en la administración y las decisiones estratégicas del torneo más importante del planeta.

La FIFA, por el contrario, sostiene que el control deportivo seguirá en manos del organismo y que el objetivo es generar nuevos ingresos para distribuirlos entre todas las federaciones nacionales.

Lo cierto es que la discusión apenas comienza.

Mientras Europa lidera la oposición, el verdadero desenlace dependerá del voto de las 211 asociaciones miembro, donde África, Asia, Concacaf, Conmebol y Oceanía podrían inclinar la balanza a favor o en contra del proyecto que pretende cambiar para siempre el modelo de negocio del fútbol mundial.

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