El Papa Juan Pablo II, cuyo nombre secular fue Karol Wojtyla, mantuvo a lo largo de sus 27 años como pontifico una afición que no dejó de practicar: el esquí.
Esta pasión fue secreta y lo llevó a protagonizar un comportamiento fuera de lo común para un Papa, ya que solía escaparse de manera sistemática y con cierta clandestinidad para ir a deslizarse por las montañas italianas.
Así lo contó en su momento el sacerdote Claudio Paganini, consejero espiritual del Centro Deportivo Italiano, en una entrevista con Notimex donde señaló que el Papa solía salir los martes (día sin audiencias oficiales) en coche rumbo a distintas zonas montañosas del país. Entre los destinos están los Apeninos, Los Abruzzos y los Alpes.
La información también la confirmó Joaquín Navarro Valls, portavoz del Vaticano por años, en una entrevista con el canal italiano Rai1. “Salía en silencio y atravesaba Roma. Iba en un vehículo sin matrícula vaticana”.
Precisamente esa discreción le permitió a Juan Pablo II poder esquiar sin llamar la atención de los fieles ni la prensa. En total, el Papa llegó a realizar 115 escapadas.
Paganini también señaló que no solo se trataba de una preferencia personal del Papa, sino que fue integrada a su agenda papal de manera cuidadosa.
El deporte siempre estuvo presente en la vida de Juan Pablo II
Juan Pablo II incorporó el deporte a su cosmovisiones personal como una dimensión más de la vida espiritual y cultural del ser humano. De hecho esta forma de pensar quedó reflejada en numerosas declaraciones y en su práctica habitual de actividades físicas.
Paganini recordó que el Papa sostenía que “no se puede separar la fe, la cultura y el deporte”. Bajo esta perspectiva, el deporte era más que un entretenimiento, era el camino hacia la plenitud humana.
De hecho desde muy joven, Juan Pablo II no solo era aficionado al esquí, sino también al senderismo, el kayak, el voleibol y otras actividades al aire libre.
Reconocimientos y legados póstumos
Tras el fallecimiento de Juan Pablo II distintas instituciones vinculadas al deporte y la Iglesia católica comenzaron a rendirle homenajes que consolidan su imagen como un referente en la integración entre la espiritualidad y la actividad física.
Uno de los más representativos fue la decisión del Centro Deportivo Italiano en nombrado “capitán honorífico” de la Clericus Cup en 2011. Este es un torneo de fútbol dirigido a seminaristas y sacerdotes.
Además, la estación de esquí Campo Felice, ubicada en Los Abruzzos, nombró un pista como Juan Pablo II. Se trata de un reconocimiento al vínculo personal que tuvo con el lugar.
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