
El revés a una mano, inmortalizado por figuras como Roger Federer, Stan Wawrinka y Justine Henin, se ha convertido en una rareza dentro del tenis profesional. Para el legendario jugador suizo, su desaparición comienza mucho antes de que los tenistas lleguen al circuito.
“Cuando estaba creciendo, diría que el 90% de mis entrenadores jugaba el revés a una mano. Cuando tu entrenador juega así, es muy probable que tú también lo hagas”, explicó Federer.
Ahora sucede lo contrario: la mayoría de los técnicos enseña desde edades tempranas el revés con dos manos, una decisión basada en la estabilidad y no en la estética.

Potencia y velocidad cambian el tenis
El revés a dos manos ofrece mayor control, permite devolver servicios muy rápidos y facilita responder pelotas altas y cargadas de efecto. También exige menos fuerza física durante las primeras etapas de formación.
El golpe a una mano aporta alcance, variedad, facilidad para ejecutar el slice y posibilidades ofensivas, pero requiere una preparación más precisa. En el tenis actual, donde los intercambios son cada vez más veloces, llegar unas décimas tarde puede ser definitivo.
Las cifras reflejan el cambio. En abril de 2024 solamente 10 jugadores del Top 100 de la ATP utilizaban el revés a una mano. Durante ese mismo año, el ranking llegó a quedarse sin un solo representante de esa técnica entre los diez mejores del mundo.
Entre sus últimos defensores aparecen el italiano Lorenzo Musetti, el griego Stefanos Tsitsipas, el búlgaro Grigor Dimitrov y el canadiense Denis Shapovalov.
Federer reconoce que las dos manos constituyen la alternativa más práctica para formar jugadores, aunque espera que su golpe preferido no desaparezca completamente.
El revés a una mano todavía puede ganar partidos y producir imágenes espectaculares. El problema es que el tenis moderno ya no premia únicamente la belleza: exige potencia, estabilidad y respuestas inmediatas. Una evolución que amenaza con convertir uno de sus movimientos más admirados en una pieza de museo.
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