Hay recuerdos que nunca abandonan la memoria. El mío comienza en 1974, frente a un televisor con mi familia , el niño maravillado por aquella selección de Holanda (después nombrada Países Bajos) que el mundo bautizó como la 'Naranja Mecánica'.
No entendía todos los detalles tácticos, pero sí tenía la certeza de que estaba viendo algo extraordinario. Desde ese momento los Mundiales dejaron de ser un torneo para convertirse en una pasión que marcaría mi vida. Una búsqueda de datos en periódicos , revistas (lector de la inolvidable revista argentina El Gráfico) y otros medios como radio y televisión .
Luego llegaron Argentina 1978, el inolvidable España 1982 y, paralelamente, mis primeros pasos en el periodismo desde 1981.
Aquellos caminos terminarían encontrándose en México 1986, cuando tuve el privilegio de cubrir mi primera Copa del Mundo. Desde entonces han pasado cuatro décadas de aprendizajes, kilómetros, estadios, aeropuertos y millones de emociones hasta llegar a este Mundial de 2026.
Siempre he vivido los Mundiales desde dos perspectivas que nunca se contradicen.
La primera es la del aficionado. Sigo sintiendo la ilusión del niño que espera el pitazo inicial, que disfruta un gol extraordinario, una gran atajada o una sorpresa de esas que solo una Copa del Mundo puede ofrecer.
La segunda es la del periodista. Observar, analizar, estudiar, preguntar, leer, contrastar datos y tratar de entender por qué suceden las cosas dentro y fuera de la cancha.
Quizá por eso una de las cosas que más disfruto durante un Mundial no es solamente el partido de turno. Me apasiona tanto lo que ocurre sobre el césped como todo el conocimiento que se genera alrededor del torneo. Leer periódicos de distintos países, comparar enfoques, escuchar transmisiones de diferentes idiomas, descubrir nuevas herramientas tecnológicas y aprender de colegas de todo el mundo forman parte de mi manera de vivir este campeonato.
Todavía recuerdo la maleta con la que viajé a México 1986. Estábamos muy lejos de computadoras, internet masivo , inteligencia artificial ni teléfonos inteligentes. Iba cargada de cuadernos escritos a mano, apuntes, estadísticas, recortes y observaciones de cada una de las selecciones clasificadas.
Aquella preparación llamó la atención de don Javier Rojas, mi querido jefe , que me llevó con Radio Columbia .
Vió mi preparación . Me escuchó, conversó conmigo y tomó una decisión que marcó mi carrera: me incorporó al equipo principal junto a él y al extraordinario José Luis “El Rápido” Ortiz (yo iba en el tres , el último) , dos referentes eternos del periodismo deportivo costarricense. Fue una oportunidad que siempre llevaré conmigo y que cambió para siempre el curso de mi carrera . Me puso en el foco del país desde la amada radio .
También cuando viajo o estoy en estos momentos , me llegan muchos recuerdos de tantas experiencias y compañeros con quienes he hecho mi ruta periodística y principalmente mundialista . Ya muchos descansan en paz .
Las increíble transformación
Hoy el periodismo cambió por completo.
La tecnología abrió posibilidades que hace cuarenta años parecían inimaginables. Puedo seguir transmisiones de distintos continentes gracias en internet al IPTV, consultar bases de datos en segundos, leer medios de comunicación de varios idiomas y comparar análisis tácticos prácticamente en tiempo real.
En este Mundial una de las herramientas que más valoro ha sido el acceso profesional a la Agencia France-Presse (AFP). Cada fotografía, cada despacho y cada historia me recuerdan aquellos años en que trabajé en la sección internacional de La Nación, cuando observar cómo llegaban los servicios informativos de las grandes agencias era casi un espectáculo diario. Hoy tengo el privilegio de utilizarlos para fortalecer el trabajo de Evergol y de www.everardoherrera.com.
Pero un Mundial también se vive lejos de los estadios.
Se vive en los metros, en los autobuses, en un Uber o un Lyft, conversando con personas de distintas nacionalidades, aprendiendo a utilizar aplicaciones que nunca había necesitado, adaptándose a nuevos horarios, resolviendo imprevistos y descubriendo que cada viaje deja una enseñanza distinta.
Los días suelen comenzar muy temprano y terminar entrada la noche. Hay cansancio, largas caminatas, kilómetros recorridos y momentos de incertidumbre. Sin embargo, todo eso desaparece cuando uno recuerda que está formando parte de la mayor celebración deportiva del planeta.
Después de tantos Mundiales sigo convencido de algo: el fútbol es uno de los lenguajes más universales que existen. Más allá de diferencias políticas, económicas, culturales o religiosas, durante unas semanas millones de personas hablan el mismo idioma alrededor de una pelota.
También he aprendido que viajar es una escuela permanente.
Siempre recuerdo aquella reflexión del gran escritor costarricense José Marín Cañas, quien decía que uno comienza a aprender desde el instante en que pone el pie en la escalinata de un avión. Cuánta razón tenía. Cada destino deja una enseñanza, cada ciudad una historia y cada persona una experiencia que termina enriqueciendo la vida.
He viajado por tantas partes del mundo, jamás lo pude imaginar desde aquella vez que cubrí a Estados Unidos vs Costa Rica por la eliminatoria fallida al Mundial de 1986 .
Trabajaba como periodista deportivo del periódico La República y se me ocurrió que deberíamos ir a ese juego . En silencio busqué boletos y vendí publicidad .
Les presenté el plan , me regalaron al decirme que no me correspondía hacer eso . Al final lo aceptaron y pude hacer mi primer viaje internacional .
Yo era emprendedor y gestor de publicidad desde unos años antes y desde entonces mantengo en este campo ilusión y optimismo para vender mis productos o a las empresas donde he laborado .
El presente mundialista
Hoy afronto este Mundial con la misma ilusión de aquel muchacho que descubrió a la Naranja Mecánica en 1974, pero también con la serenidad que dan los años, la experiencia y la gratitud.
Soy un hijo de San Rafael de Alajuela. Soy esposo, padre y abuelo- me gusta que me digan abuelito -. Tengo la dicha de contar con una familia que siempre ha respaldado mis sueños. Mi amada esposa extraordinaria ha sido un apoyo incondicional; mis hijas, apasionadas por la tecnología y formadas en un ambiente bilingüe, me inspiran todos los días a seguir aprendiendo y a entender que el periodismo también debe evolucionar.
Agradezco profundamente a Dios por permitirme seguir recorriendo este camino, a los compañeros y amigos que siempre están presentes, y a los patrocinadores que, por segunda ocasión, hacen posible que Evergol y www.everardoherrera.com estén en una Copa del Mundo.
Después de once Mundiales cubiertos, sigo sintiendo exactamente la misma emoción cuando escucho el himno antes de un partido o cuando ingreso a un estadio.
Porque, al final de cuentas, el periodista nunca debe perder la capacidad de asombro.
Y yo, gracias a Dios, todavía me sigo maravillando como aquel niño que en 1974 descubrió que un Mundial podía cambiar una vida para siempre.
Lo escribo mientras me preparo para ver Portugal vs España este 6 de julio en Dallas, Texas. A Cristiano Ronaldo y Lamine Yamal que son perseguidos por las tomas de los celulares en este impactante estadio de Dallas.
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