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El extremo contó que el contacto del defensor argentino le permitió alcanzar el balón y asistir a Ferran Torres en el gol que decidió la final de 2026.

Nico Williams daba aquella pelota por perdida. El balón caía en el área argentina y el atacante español calculaba que no podría alcanzarlo. Entonces sintió el contacto de Nahuel Molina, llegó a cabecear y dejó servido el remate con el que Ferran Torres decidió la final del Mundial de 2026.

Más de tres meses después del título de España, el extremo del Athletic Club contó una particularidad de la jugada: según su relato, el intento del defensor argentino por incomodarlo terminó dándole el impulso que necesitaba para intervenir.

“Si no me llega a empujar, no llego. No llego ni en mil vidas”, aseguró en una entrevista con Fútbol Emotion.

La confesión añade un detalle inesperado a la acción del minuto 106 que rompió el empate y encaminó el triunfo español por 1-0 sobre Argentina en el estadio de Nueva York-Nueva Jersey.

No podía rematar y eligió dejarla atrás

Williams explicó que, mientras seguía la trayectoria del balón, estaba convencido de que quedaría fuera de su alcance. El choque con Molina modificó esa percepción y le permitió llegar al envío.

Sin una posición favorable para buscar directamente la portería de Emiliano Martínez, optó por devolver la pelota hacia una zona donde pudiera aprovecharla un compañero. Allí apareció Ferran Torres para conectar el remate del campeonato.

La lectura de Nico se refiere a ese instante concreto: considera que el contacto del lateral lo ayudó involuntariamente a alcanzar el balón. La decisión posterior de asistir y la llegada de Ferran completaron una jugada que cambió el destino de la final.

El delantero valenciano, que había ingresado en sustitución de Mikel Oyarzabal, terminó elegido como el mejor jugador del encuentro.

Un Mundial condicionado por las molestias

La asistencia también tuvo un significado especial para Williams por las dificultades físicas que atravesó antes y durante el torneo.

El futbolista relató que los problemas de pubis y una lesión muscular limitaron su preparación, su aceleración y sus cambios de dirección, herramientas fundamentales en su juego.

Según explicó, hubo momentos de aquella etapa en los que su velocidad máxima quedó por debajo de los 29 kilómetros por hora, cuando habitualmente alcanza registros de 34 o 35. A esa limitación se sumaba la frustración de sentirse mejor un día y volver a sufrir molestias al siguiente.

Las dificultades condicionaron su participación mundialista, pero no le impidieron intervenir en la acción decisiva.

España conquistó así su segunda Copa del Mundo, dieciséis años después de Sudáfrica 2010. Ferran puso la firma en el marcador; Nico, el pase de cabeza. Ahora, el extremo incorpora al recuerdo de aquella jugada un protagonista involuntario: el empujón de Molina que, según cuenta, le permitió llegar a una pelota que creía imposible.

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