Inglaterra necesitaba una respuesta después del golpe sufrido ante España y la encontró en Praga. La selección inglesa derrotó 0-2 a República Checa.
El partido cambió de rumbo a los 25 minutos. Pavel Sulc llegó con demasiada fuerza sobre Elliot Anderson y recibió la tarjeta roja, dejando a los locales con diez jugadores durante el resto del encuentro.
A partir de ahí, Inglaterra se instaló en campo contrario. La pelota pasó a ser patrimonio de los visitantes, que movieron el juego de un lado a otro en busca de un espacio. República Checa resistió como pudo, mientras el reloj avanzaba y la superioridad numérica inglesa no terminaba de traducirse en el marcador.
El gol, finalmente, llegó apenas iniciado el complemento.
Trent Alexander-Arnold levantó la cabeza desde el costado derecho y puso un centro preciso al corazón del área. Allí apareció Anthony Gordon, atento al movimiento de la jugada, para conectar el balón y romper y poner el 0-1 al minuto 47.
República Checa intentó mantenerse con vida, aunque la inferioridad numérica ya pesaba demasiado. Inglaterra siguió empujando y encontró el segundo golpe en los pies de su capitán.
Harry Kane apareció dentro del área para recoger un balón suelto. No necesitó demasiado espacio: acomodó el cuerpo y sacó un zurdazo cruzado que venció al guardameta checo para el 0-2 al 69’.
El silbatazo final confirmó una victoria construida desde la superioridad numérica y el dominio territorial. Después del tropiezo en el debut, Inglaterra encontró en Praga los tres puntos que buscaba. Ahora el calendario la llevará a Croacia, donde tendrá otra prueba para seguir acomodándose en el grupo.
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