Gianni Infantino parecía salir del Mundial 2026 en una posición prácticamente inexpugnable.
La FIFA celebraba récords de audiencia, asistencia e ingresos y su presidente se encaminaba hacia las elecciones de marzo de 2027 sin que apareciera una amenaza seria contra su continuidad.
Pero en cuestión de semanas el escenario cambió.
Una amplia investigación publicada este sábado por L’Équipe describe una FIFA fracturada internamente y a un Infantino posiblemente en el momento de mayor debilidad desde que asumió la presidencia en 2016.
La pregunta es inevitable: ¿está realmente en peligro su continuidad?
La respuesta, por ahora, parece tener dos partes: Infantino está mucho más debilitado, pero todavía está lejos de estar derrotado.
EL PROYECTO QUE ROMPIÓ EL SILENCIO
El detonante fue FIFA Forward Enterprise, el proyecto impulsado para crear una estructura comercial con participación de inversores privados alrededor de algunos de los principales activos de FIFA, incluido el negocio generado por sus competiciones.
La iniciativa provocó una reacción que aparentemente Infantino no esperaba.
Carlos Cordeiro, uno de sus principales asesores, renunció.
Kevin Lamour, alto ejecutivo de FIFA, cuestionó abiertamente el procedimiento y denunció que se trataba esencialmente del proyecto de un solo hombre.
El secretario general Mattias Grafström también marcó distancia sobre la forma en que se manejó la iniciativa.
Finalmente, Infantino retrocedió y abandonó el proyecto.
Pero el problema ya no era la empresa.
Era su liderazgo.
L’ÉQUIPE HABLA DE UNA FIFA QUE PERDIÓ EL MIEDO
Este es posiblemente el aspecto más revelador de la investigación del diario francés.
Durante años, según testimonios recogidos por L’Équipe, muchas voces críticas dentro de FIFA permanecieron en silencio ante un sistema fuertemente centralizado alrededor de Infantino.
Ahora ese muro comenzó a romperse.
Empleados y antiguos dirigentes hablan, aparecen cuestionamientos públicos y algunas federaciones que parecían alineadas con el presidente comenzaron a distanciarse.
Incluso Inglaterra, Gales, Finlandia y Serbia se encuentran entre las federaciones europeas que han retirado su respaldo a su reelección.
UEFA, además, encabeza una ofensiva política contra la manera en que se gestionó el proyecto comercial.
Es un escenario que hace unas semanas parecía improbable.
TRUMP TAMBIÉN APARECE EN EL CENTRO DE LAS CRÍTICAS
La investigación de L’Équipe coloca además bajo la lupa la cercanía de Infantino con Donald Trump.
Dentro de FIFA habría generado malestar la creciente personalización de esa relación y determinadas decisiones tomadas sin consultas amplias.
El asunto resulta especialmente delicado porque FIFA exige tradicionalmente independencia política a sus asociaciones miembro.
Para sus críticos, Infantino se acercó demasiado al poder político estadounidense durante el Mundial.
Para sus aliados, esa relación formó parte de la necesaria coordinación con el gobierno del principal país organizador.
En cualquier caso, se convirtió en otro frente de desgaste.
PERO INFANTINO CONSERVA ALGO FUNDAMENTAL: LOS VOTOS
Aquí aparece la diferencia entre una crisis política y una caída.
El presidente de FIFA no es elegido por UEFA ni por las grandes potencias.
Lo eligen las 211 asociaciones miembro, cada una con un voto.
Alemania vale exactamente lo mismo que una pequeña federación del Caribe, África, Oceanía o Asia.
Y durante diez años Infantino ha construido una extensa red de relaciones precisamente con esas asociaciones, acompañada por los millonarios programas de desarrollo de FIFA.
La Confederación Africana ya le ha expresado respaldo y mantiene apoyos importantes en diferentes regiones.
Ese es su verdadero escudo.
TAMPOCO HAY TODAVÍA UN RIVAL
Existe otro elemento decisivo.
¿Quién puede derrotarlo?
Por ahora no existe un candidato formal capaz de unir a Europa con suficientes federaciones de África, Asia, Concacaf, Conmebol y Oceanía.
Ya circulan nombres y existe movimiento político para encontrar una alternativa antes de las elecciones.
Pero estar contra Infantino es una cosa.
Conseguir más votos que Infantino es otra completamente diferente.
Y ahí continúa estando la principal fortaleza del actual presidente.
LA REUNIÓN DE MARRUECOS LE DIO OXÍGENO
La reunión de emergencia realizada esta semana en Rabat también evitó, al menos de momento, una ruptura definitiva.
Infantino, Grafström y otros integrantes de la alta administración se reunieron para intentar recomponer relaciones.
FIFA reconoció que los procedimientos alrededor del proyecto comercial debieron manejarse mejor, pero la reunión terminó con un respaldo institucional al presidente.
Es decir, no hubo golpe interno.
Infantino sobrevivió al momento más delicado.
ENTONCES, ¿ESTÁ EN PELIGRO?
Sí, pero con importantes matices.
Nunca había llegado tan debilitado políticamente a una elección desde que tomó el poder en 2016.
Perdió apoyos europeos.
Tiene una rebelión interna que antes no existía públicamente.
Su modelo de liderazgo está siendo cuestionado.
UEFA se moviliza.
Y, según L’Équipe, antiguos adversarios y funcionarios que durante años permanecieron callados consideran que esta puede ser su oportunidad.
Pero todavía falta el elemento fundamental para convertir una crisis en una caída: una mayoría capaz de derrotarlo.
Infantino conserva una poderosa estructura mundial de apoyos y, sobre todo, todavía no tiene enfrente a un adversario que pueda transformar el descontento en votos.
Por eso las elecciones de marzo de 2027 adquieren ahora una dimensión completamente diferente.
Hace un mes la pregunta parecía ser cuánto tiempo más gobernaría Infantino la FIFA.
Hoy empieza a ser otra: ¿podrá sobrevivir políticamente a la primera gran rebelión contra su poder?
La crisis existe.
Infantino está herido.
Pero todavía no está vencido.

