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En Argentina la clasificación a los octavos de final dejó tranquilidad en el resultado, pero también varias señales de alerta.

El sufrido triunfo sobre Cabo Verde confirmó que la Albiceleste mantiene su fortaleza mental, aunque el funcionamiento colectivo todavía está lejos de la versión que la llevó a conquistar el mundo en Catar 2022.

La victoria por 3-2 en tiempo extra sobre Cabo Verde fue celebrada en el vestuario argentino, pero también abrió espacio para la autocrítica. Lionel Scaloni y su cuerpo técnico comenzaron desde el día siguiente a revisar un partido que dejó más lecciones que certezas.

El propio Lionel Messi fue el primero en reconocerlo al término del encuentro.

“Hay muchas cosas para corregir. Nos quedamos con el triunfo, pero sabemos que debemos mejorar”, admitió el capitán.

No es un mensaje habitual en una selección acostumbrada a dominar a sus rivales. Sin embargo, refleja la exigencia interna de un grupo que no se conforma con avanzar y que sabe que la fase de eliminación directa no concede segundas oportunidades.

Una dependencia que parecía superada

Uno de los mayores logros del ciclo Scaloni había sido construir una selección capaz de competir sin depender exclusivamente de la inspiración de Messi.

Durante los últimos años, Argentina encontró múltiples caminos para resolver los partidos: presión alta, recuperación inmediata, circulación rápida del balón y un mediocampo capaz de repartir responsabilidades.

En este Mundial, sin embargo, esa versión todavía aparece solo por momentos.

Ante Cabo Verde volvió a quedar la sensación de que, cuando el partido se atasca, casi todo termina pasando por los pies del capitán. Su talento continúa marcando diferencias, pero el funcionamiento colectivo necesita ofrecer más alternativas para evitar que toda la carga ofensiva recaiga sobre el jugador de 39 años.

El mediocampo aún busca su mejor versión

Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister forman uno de los centros del campo más completos del torneo, aunque todavía no logran sincronizar actuaciones de alto nivel en un mismo partido.

Cada uno ha tenido buenos momentos durante el Mundial, pero el equipo aún espera que los tres funcionen al mismo tiempo.

Cuando esa conexión desaparece, Argentina pierde intensidad para recuperar la pelota, reduce la velocidad de circulación y encuentra menos espacios entre líneas.

Ese aspecto explica, en buena medida, por qué el campeón del mundo tuvo dificultades para romper el orden defensivo de Cabo Verde durante largos pasajes del encuentro.

Hace falta mayor profundidad por las bandas

Otra diferencia respecto al equipo campeón de Catar aparece en los costados.

Los laterales participan menos en ataque y generan pocas situaciones de superioridad numérica. Eso facilita el trabajo de defensas que pueden cerrar espacios sobre Messi y obligar a Argentina a mover el balón de manera horizontal, sin lograr acelerar el ritmo.

Cuando el equipo no encuentra cambios de velocidad, la posesión pierde capacidad de desequilibrio y termina favoreciendo a rivales bien organizados.

Los delanteros deben generar más soluciones

Más allá del aporte goleador, Lautaro Martínez, Julián Álvarez, Nicolás González y Thiago Almada todavía no consiguen ofrecer una amenaza constante sin la intervención de Messi.

En varios momentos del partido, el capitán retrocedió demasiados metros para iniciar las jugadas, alejándose del área y asumiendo funciones de organizador.

Ese esfuerzo adicional puede convertirse en un factor importante conforme avance el torneo y aumente la exigencia física.

La gran fortaleza sigue intacta

Si algo volvió a demostrar Argentina es que mantiene la personalidad competitiva que la distingue desde hace años.

El equipo volvió a reaccionar cuando el partido parecía complicarse, sostuvo la calma en los momentos de mayor presión y encontró respuestas para avanzar.

No es casualidad.

Ya lo hizo frente a México y Países Bajos en Catar 2022, resistió una final inolvidable contra Francia y también superó momentos complejos en la Copa América.

Esa fortaleza mental continúa siendo uno de los mayores activos del grupo dirigido por Scaloni.

Egipto presentará un desafío diferente

El cruce de octavos frente a Egipto obligará a una preparación distinta.

Con Mohamed Salah como máxima referencia, los africanos proponen un fútbol más técnico y con mayor vocación ofensiva que Cabo Verde. Eso podría generar más espacios para el ataque argentino, pero también exigirá mayor equilibrio defensivo y una presión coordinada para evitar transiciones rápidas.

Scaloni sabe que el margen de error comienza a reducirse. En los partidos de eliminación directa ya no basta con la jerarquía individual ni con la capacidad de reacción.

Argentina sigue siendo una de las grandes favoritas para conquistar el Mundial, pero el duelo ante Cabo Verde dejó un mensaje claro: el campeón aún tiene aspectos importantes por ajustar si quiere defender con éxito la corona conquistada hace cuatro años.

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