El ex futbolista costarricense Guillermo Cubas, radicado en México, nos comparte esta reflexión en relación a los Mundiales.
"El único lugar al que siempre quise llegar… y me tomó más de 60 años descubrirlo.”
En 1966 un niño de doce años seguía fascinado el Mundial de Inglaterra.
No tenía internet.
No tenía teléfonos inteligentes.
No tenía plataformas de video.
No tenía repeticiones instantáneas.
Lo que tenía era algo mucho más sencillo.
Un pequeño radio que cabía en la palma de sus manos.
A través de aquel radio escuchaba narraciones que parecían venir de otro mundo.
Escuchaba nombres que apenas conocía.
Escuchaba historias de países lejanos.
Escuchaba el rugido de estadios inmensos que nunca había visto.
Y al día siguiente buscaba los periódicos para descubrir fotografías, resultados y detalles de los partidos.
Aquellas páginas completaban lo que la imaginación había comenzado la noche anterior.
Los estadios parecían gigantescos.
Los futbolistas parecían héroes.
Los países parecían imposibles de alcanzar.
Y sin saberlo, aquel niño estaba iniciando un viaje que lo acompañaría durante más de seis décadas.
Tres años después ocurrió algo extraordinario.
Aquel muchacho recibió la oportunidad de debutar en la Primera División de Costa Rica con el Deportivo México.
De pronto el fútbol dejó de ser solamente algo que se escuchaba.
Se convirtió en algo que se vivía.
Vestidores.
Entrenamientos.
Compañeros.
Viajes.
Partidos.
La sensación de que los sueños podían tocarse con las manos.
Llegó México 70.
Y para muchos sigue siendo uno de los Mundiales más hermosos de la historia.
Pelé.
Brasil.
La alegría.
La creatividad.
La belleza del juego.
Aquel Mundial alimentó todavía más un sueño que seguía creciendo.
La esclavitud en el fútbol de los 70’s lo alejó cuando creía alcanzar su sueño.
Después llegaron Alemania 74 y Argentina 78.
Y para entonces el fútbol ocupaba un lugar central en la vida de aquel joven.
Argentina 78 tuvo un significado especial.
Mientras observaba aquel Mundial seguía creyendo que algún día volvería a la Primera División.
Muchos sueños mueren cuando aparecen las dificultades.
Ese no.
Dos años después la vida volvió a sorprenderlo.
Regresó de las canchas a la Primera División con la Unión Deportiva San Miguel de Calle Blancos.
Otro sueño cumplido.
Otra meta alcanzada.
Otra prueba de que la perseverancia también tiene recompensas.
Pasaron los años.
Llegaron nuevos Mundiales.
Y como ocurre con casi todos los seres humanos, el fútbol dejó de ser el único protagonista.
Llegó el trabajo.
Llegó la familia.
Llegaron los hijos.
Llegaron nuevas responsabilidades.
Pero el Mundial siempre regresaba.
Cada cuatro años.
Como un viejo amigo.
Siempre diferente.
Siempre familiar.
Entonces llegó Alemania 2006.
Y quizá ese fue uno de los capítulos más especiales de toda esta historia.
Porque por primera vez aquel niño que había escuchado Inglaterra 66 por radio pudo vivir un Mundial desde dentro.
No desde los periódicos.
No desde la televisión.
No desde la distancia.
Sino desde las calles.
Desde los estadios.
Desde la experiencia misma.
Hay un recuerdo que permanece especialmente vivo.
Costa Rica debía enfrentar a Alemania en el partido inaugural.
Todavía estaba en México.
Revisó horarios.
Conexiones.
Posibilidades.
Y comprendió que no llegaría a tiempo.
Simplemente no era posible.
Pero ocurrió algo curioso.
Aunque el cuerpo todavía estaba lejos, el corazón ya estaba allí.
Porque algunos viajes comienzan antes de subir a un avión.
Y algunos sueños llegan antes que nosotros.
Después vinieron los partidos.
Los estadios.
Las ciudades.
Los aficionados.
Las conversaciones.
Los amigos.
Y una enseñanza que con los años se volvería cada vez más importante.
*Cuando recordamos un Mundial, muchas veces no recordamos todos los marcadores.*
*Pero sí recordamos con quién lo compartimos.*
*Quién celebró junto a nosotros.*
*Quién se sentó a nuestro lado.*
*Quién formó parte del recuerdo.*
Después llegó Sudáfrica 2010.
Y el Mundial volvió a presentarse desde otra perspectiva.
Esta vez también como patrocinador.
Otra puerta.
Otro ángulo.
Otra forma de vivir el mismo fenómeno que había acompañado una vida entera.
Pero quizá el capítulo más inesperado de todos llegó en Brasil 2014.
Porque la vida tiene una forma muy curiosa de cumplir algunos sueños.
Cuando era niño soñaba con llegar a un Mundial.
Nunca ocurrió exactamente como lo imaginó.
Pero ocurrió.
Solo que por un camino distinto.
Una corbata.
Una simple corbata.
La corbata utilizada años atrás en una boda.
La corbata de una historia familiar.
La corbata de un padre.
Terminó inspirando el traje oficial que acompañó a la delegación costarricense rumbo al Mundial.
Y entonces apareció una enseñanza extraordinaria.
Los sueños no siempre llegan por la puerta que habíamos imaginado.
A veces toman otro camino.
A veces llegan por una ventana.
A veces una corbata llega donde un futbolista nunca pudo llegar.
Brasil también regaló recuerdos imposibles de olvidar.
La cercanía.
La intensidad.
La velocidad.
La fuerza.
Ver de cerca a selecciones históricas como Inglaterra, Italia y Uruguay.
Observar detalles que la televisión jamás logra transmitir completamente.
Ver cómo el césped se levantaba bajo los tacos.
Cómo el agua saltaba cuando los jugadores aceleraban.
Cómo se escuchaban los impactos del balón.
Cómo se sentía la velocidad real del juego.
Son recuerdos que permanecen para siempre.
No porque aparezcan en una estadística.
Sino porque quedan grabados en el alma.
Después llegaron Rusia 2018.
Y Catar 2022.
Y sin darse cuenta, aquel niño que escuchaba partidos por radio ya se había convertido en abuelo.
Entonces apareció el *Mundial 2026.*
*Y con él, la mayor paradoja de toda esta historia.*
Durante décadas el Mundial estuvo lejos.
Lejos geográficamente.
Lejos económicamente.
Lejos profesionalmente.
Siempre había una distancia que recorrer.
Siempre había un siguiente sueño.
Un siguiente objetivo.
Un siguiente Mundial.
Pero ahora no.
Ahora el Mundial está más cerca que nunca.
El Estadio BBVA se encuentra a menos de una hora de su casa.
La frontera de Estados Unidos está a pocas horas.
Los estadios de Estados Unidos son más accesibles que nunca.
Las posibilidades existen.
Las oportunidades existen.
La cercanía existe.
Y, sin embargo, ha tomado una decisión.
Quedarse.
No porque haya dejado de amar el fútbol.
No porque el Mundial haya perdido importancia.
No porque ya no le emocione.
Todo lo contrario.
Ha decidido quedarse porque finalmente comprendió algo que le tomó más de sesenta años descubrir.
*El mejor asiento del Mundial no siempre está dentro de un estadio.*
*A veces está en casa.*
Junto a la persona con quien hemos compartido la vida.
Junto a los hijos que vimos crecer.
Junto a los nietos que comienzan a descubrir el fútbol.
Junto a quienes han celebrado nuestros goles y también nuestras derrotas.
*REFLEXIÓN UMBRAL*
Si usted nunca ha estado en un Mundial, permítame compartirle algo.
No crea que se perdió lo más importante.
Porque después de toda una vida alrededor del fútbol, he descubierto que lo más valioso no siempre ocurre dentro de un estadio.
Ocurre junto a las personas que amamos.
Tuve el privilegio de vivir Mundiales de muchas formas .
Como seleccionado juvenil.
Como aficionado.
Como patrocinador.
Como dirigente.
Como soñador.
Y después de atravesar todas esas etapas descubrí que todavía me faltaba una.
La más importante de todas.
La de compañero.
La de esposo.
La de padre.
La de abuelo.
Este Mundial de 2026 lo veré junto a mis hijos.
Lo veré junto a mis nietos.
Lo veré junto a mi familia.
Y después de más de sesenta años persiguiendo Mundiales, creo que finalmente encontré el lugar al que siempre quise llegar.
Y si algún niño de doce años está leyendo estas líneas, soñando frente a una pantalla, escuchando una narración o imaginando algún día un Mundial, deseo que nunca deje de soñar.
Persigue tus sueños.
Juega.
Aprende.
Viaja.
Conoce el mundo.
Vive cada experiencia que la vida te regale.
Pero no olvides algo.
Los Mundiales duran unas semanas.
Las personas que amas pueden acompañarte toda la vida.
Y cuando pasen los años, quizá descubras lo mismo que yo.
Que el mejor asiento del Mundial no es el que está más cerca de la cancha.
Es el que está más cerca del corazón.
La mayor paradoja de todas estaba en el hogar.
⚽ *Umbral Deporte*
_Donde el deporte también cuenta historias._
Nota escrita por Guillermo Cubas, tico radicado en México
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