El fútbol italiano se encuentra, una vez más, envuelto en un escándalo. En esta ocasión, el foco está sobre el jefe de la Comisión de Árbitros (CAN), Gianluca Rocchi, señalado por un presunto fraude deportivo.
En las últimas horas, el exárbitro Pasquale De Meo denunció ante la agencia AGI la supuesta existencia de un código secreto para influir en las decisiones de la sala VAR de Lissone.
“Eran gestos decididos en reuniones reservadas de los árbitros, que se establecían cada semana. Por ejemplo, uno era el de ‘piedra, papel o tijera’”, explicó De Meo. Según su versión, estos códigos permitían enviar instrucciones externas a los encargados del videoarbitraje, lo que vulneraría el protocolo de autonomía que debe regir en el uso de esta tecnología.
“El hecho de hacer gestos desde los ventanales era una costumbre. Todos lo sabían y lo vivían con malestar”, añadió. De acuerdo con la denuncia, Rocchi no solo buscaría favorecer a ciertos equipos, sino también proteger la carrera de algunos árbitros.
De Meo valoró que, en esta ocasión, la Fiscalía ordinaria haya intervenido, lo que —según él— garantiza un proceso independiente fuera del entorno de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC).
Ahora, las autoridades buscan esclarecer si estas prácticas constituyen un fraude deportivo que comprometa la credibilidad del sistema arbitral italiano y la transparencia de la competición.
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