En un partido cerrado, tenso y con pocas concesiones, Boca Juniors se impuso 0-1 ante River Plate en el Más Monumental y se quedó con una nueva edición del Superclásico del fútbol argentino.
El duelo, correspondiente a la jornada 15 del Torneo Apertura, reunió a dos equipos necesitados no solo de puntos, sino también de una victoria de peso ante su eterno rival. Y como suele ocurrir en este tipo de encuentros, el trámite fue más friccionado que brillante.
River asumió el protagonismo en los primeros minutos, con mayor posesión, pero sin profundidad. El equipo de Eduardo Coudet manejaba la pelota, aunque sin lograr inquietar con claridad a Leandro Brey, debutante en clásicos. Boca, paciente, fue acomodándose con el correr del reloj hasta equilibrar el desarrollo y llevar el partido a un terreno más disputado que jugado.
Las situaciones escaseaban. Un remate desviado de Maximiliano Salas y un mano a mano de Miguel Merentiel —que rozó el palo tras una desatención defensiva— fueron de lo poco rescatable en un primer tiempo que parecía condenado al empate.
Sin embargo, cuando el descanso ya asomaba, llegó la jugada que lo cambió todo. A los 45 minutos, Merentiel se filtró en el área tras una duda de la defensa local y sacó un remate que impactó en la mano de Lautaro Rivero. Tras la revisión en el VAR, el árbitro Darío Herrera sancionó penal. Leandro Paredes tomó la responsabilidad y, con un remate firme, venció a Santiago Beltrán, también debutante, para poner el 0-1.
El gol cayó como un golpe anímico para River y como un impulso para Boca, que salió mejor en el complemento. En los primeros minutos, el Xeneize aprovechó el desconcierto rival y estuvo cerca de ampliar la ventaja con un disparo de Santiago Ascacíbar que exigió al arquero local.
Con el paso de los minutos, el Millonario logró serenarse y fue en busca del empate. Empujado por su gente, generó algunas aproximaciones, principalmente a través de Maximiliano Salas, quien tuvo dos oportunidades de cabeza: una se fue desviada y la otra encontró una buena respuesta de Brey.
El tiempo empezó a jugar su propio partido. River adelantó líneas, empujó con más voluntad que claridad y convirtió al arquero rival en figura silenciosa. Boca, en cambio, se replegó con orden y apostó al contragolpe, donde también tuvo su chance en los pies de Exequiel Zeballos, pero Beltrán evitó el segundo.
Los minutos finales fueron un asedio constante del local, aunque sin la precisión necesaria para romper la resistencia visitante. Intentos desde media distancia de Aníbal Moreno y Lucas Martínez Quarta no alcanzaron para torcer la historia.
El pitazo final confirmó lo que Boca había sabido construir: una victoria trabajada, de oficio, sostenida en la eficacia y la solidez defensiva. El Xeneize volvió a festejar en el Monumental después de cuatro años y, de paso, le quitó el invicto a Coudet como entrenador de River en una noche que, fiel al Superclásico, se definió por detalles.
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