La temporada para el Real Madrid estaba siendo casi perfecta en LaLiga hasta el momento del clásico en el que derrotaron 2-1 al Barcelona, pero aquel juego fue el principio del fin.
Los blancos consiguieron presionar al Barcelona como nunca, no dejaron a Pedri desplegar su fútbol y las dudas se instalaban en el equipo de Flick. Sin embargo, para el Real Madrid no fue más que el inicio de una crisis deportiva profunda, que terminó con Xabi Alonso siendo destituido tras la Supercopa de España y la eliminación en la Copa del Rey.
Pero, ¿qué dinamitó la armonía a lo interno del equipo? Un cambio táctico que terminó con Vinicius en el banquillo. El brasileño perdió los nervios, protagonizó una airada reacción contra su entrenador y sus compañeros entendieron el mensaje.
La plantilla a partir de ese momento cargó con fuerza en contra de las órdenes de su cuerpo técnico y el primer gesto del club no fue respaldar a Xabi Alonso, sino proteger al brasileño.
A partir de ese momento, los rumores fueron constantes y los cuestionamientos contra el técnico vasco iban a más cada día. Que las sesiones eran demasiadas largas, excesivamente técnicas, demasiadas interrupciones, demasiadas correcciones, largas sesiones de video que restaban naturalidad al juego pero, sobre todo, una exigencia desconocida hasta entonces.
Luego llegó la disculpa de Vinicius en sus redes sociales, donde deliberadamente omitió mencionar al técnico y el vestuario entendió que ellos mandaban a lo interno.
Alonso se quedó sin red de apoyo, sin respaldo y la revolución que pretendía implementar murió más pronto que tarde.
Ancelotti lo advirtió
Lo que sucede hoy en día en el Real Madrid no es nada nuevo. Carlo Ancelotti lo había advertido la temporada pasada a su cuerpo técnico de que no habría nada que hacer si el compromiso defensivo seguía bajo mínimos.
Los datos hablaban por si solos: kilómetros recorridos, esfuerzos a alta intensidad, números que hablan. A Xabi Alonso le sucedió lo mismo. El equipo dejó de correr y dejó de creer en su idea de juego.
El equipo dejó de aplicar una presión asfixiante, la misma que prevaleció durante los primeros meses de competición, el equipo volvió a confiar en el talento individual. Esta no era la idea de Xabi Alonso, quien salió del club con la sensación de haber necesitado más tiempo, más entrenamientos pero, ante todo, mucha más voluntad de los jugadores.
Ahora será el Bernabéu que dicte sentencia ante un grupo de jugadores que se apoderaron del vestuario.
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