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Un estudio realizado por investigadores de Estados Unidos encontró que comer después de la cena o cerca de la hora habitual de dormir se asocia con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades hepáticas. El análisis vinculó este hábito con un 36 % más de riesgo de acumulación de grasa en el hígado y un 28 % más de riesgo de cirrosis.

La investigación, encabezada por la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón y el Hospital General de Massachusetts, fue publicada en la revista científica Clinical Gastroenterology and Hepatology. Los científicos analizaron los datos de 199.155 personas que participaron en tres estudios estadounidenses de seguimiento durante 16 años.

Los resultados mostraron que quienes reportaron consumir alimentos después de cenar o una vez transcurrido su horario habitual de acostarse presentaron una mayor frecuencia de diagnósticos de hígado graso y cirrosis, en comparación con quienes no tenían ese hábito.

La asociación se mantuvo incluso después de considerar factores como la edad, el índice de masa corporal, la ingesta calórica diaria, la diabetes, el consumo de alcohol y la actividad física. No obstante, los investigadores aclararon que los resultados no demuestran que comer tarde sea una causa directa de estas enfermedades.

¿Por qué influye el horario de las comidas?

Los investigadores consideran que los ritmos circadianos, responsables de regular el sueño, las hormonas y el metabolismo, podrían ayudar a explicar la relación observada. El hígado también responde a ese reloj biológico, que influye en la manera en que el organismo procesa los nutrientes a lo largo del día.

Robert Wilechansky, hepatólogo y autor principal del estudio, señaló que investigaciones anteriores ya habían sugerido una conexión entre los horarios de alimentación y la salud hepática, aunque destacó la importancia del nuevo análisis por su seguimiento a largo plazo.

El especialista también advirtió que la progresión hacia las formas más graves de la enfermedad no es habitual en todos los pacientes con hígado graso.

Por su parte, Andrew McHill, fisiólogo especializado en sueño y ritmos circadianos de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón, destacó la importancia del momento en que se realizan actividades cotidianas como dormir, comer y hacer ejercicio.

Según los investigadores, ingerir alimentos durante la noche, cuando el organismo está biológicamente preparado para descansar, podría reducir la eficiencia del metabolismo.

Una enfermedad que puede avanzar sin síntomas

La acumulación de grasa en el hígado puede estar relacionada con la obesidad, la diabetes tipo 2, las alteraciones de los triglicéridos, la inactividad física y el consumo de alcohol. En algunos casos, la enfermedad puede evolucionar hacia una inflamación persistente, fibrosis y, finalmente, cirrosis.

Esteban González Ballerga, jefe de la División de Gastroenterología del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, explicó que el hígado graso puede permanecer sin manifestaciones evidentes durante años.

El especialista advirtió que los síntomas suelen aparecer en etapas avanzadas, por lo que el diagnóstico temprano resulta fundamental para detectar posibles daños antes de que la enfermedad progrese.

El Hospital de Clínicas informó que las consultas por hígado graso se duplicaron en esa institución durante los últimos cinco años, un dato que refleja el aumento de la demanda de atención por esta afección.

El estudio no establece una hora límite para comer

Una de las principales limitaciones de la investigación es que no fijó una hora universal a partir de la cual la ingesta se considera tardía. Los investigadores incluyeron a quienes comían después de cenar o una vez superado su horario habitual de acostarse.

Por ello, los resultados no permiten determinar cuántas horas antes de dormir debería realizarse la última comida ni calcular el riesgo específico asociado con cada franja horaria.

El análisis también se basó en cuestionarios sobre los hábitos de alimentación y el estilo de vida de los participantes. En consecuencia, no demuestra que adelantar la cena o eliminar las comidas nocturnas prevenga el hígado graso o la cirrosis.

El equipo trabaja en un ensayo clínico para evaluar si concentrar la alimentación en horas más tempranas puede mejorar los indicadores de salud de personas que ya presentan acumulación de grasa en el hígado.

Mientras avanzan esas investigaciones, los autores subrayan la importancia de considerar el horario de las comidas junto con la alimentación, el peso corporal, la actividad física y el control de las enfermedades metabólicas.

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