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Un estudio de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, puso en perspectiva los beneficios del ayuno intermitente como estrategia para perder peso. La investigación determinó que concentrar las comidas en una franja de entre ocho y diez horas diarias puede ayudar a reducir el peso corporal en adultos con obesidad y prediabetes o diabetes tipo 2 controlada mediante la alimentación, aunque no mostró ventajas significativas frente a un horario de comidas más amplio.

El ensayo, dirigido por la médica Daisy Duan y publicado en la revista científica Obesity, comparó los resultados de dos grupos durante 12 semanas. Uno restringió su alimentación a una ventana de diez horas, mientras que el otro distribuyó sus comidas a lo largo de 16 horas.

Los resultados fueron similares. El grupo que siguió el horario más reducido registró una pérdida mediana de peso del 2,7 %, frente al 2,5 % del grupo que tuvo una ventana de alimentación más extensa.

La diferencia, por tanto, fue mínima y sugiere que reducir el tiempo destinado a comer no necesariamente aporta beneficios adicionales por sí solo.

“Observamos que las personas que siguieron un horario de alimentación con restricción horaria de 10 horas perdieron peso y modificaron positivamente sus hábitos alimenticios sin restringir las calorías”, explicó Duan, profesora adjunta de Medicina en Johns Hopkins y autora principal del trabajo.

La especialista también señaló que no identificaron beneficios generales para la salud asociados específicamente con esta estrategia dietética.

¿Qué reveló la investigación sobre el ayuno intermitente?

El estudio incluyó a 39 adultos de entre 18 y 69 años con obesidad y prediabetes o diabetes tipo 2 controlada mediante la dieta. De ellos, 19 siguieron el esquema de alimentación restringida y 20 formaron parte del grupo con una ventana más amplia.

Para evaluar el efecto del horario de las comidas de manera más precisa, los investigadores utilizaron menús personalizados diseñados para mantener estable el peso inicial de los participantes. El objetivo era distinguir los posibles efectos de la distribución horaria de aquellos provocados por una reducción en el consumo de calorías.

Los análisis de sangre en ayunas también permitieron examinar indicadores relacionados con el apetito, como la grelina y la leptina, así como marcadores vinculados con la inflamación y la respuesta al estrés, entre ellos la proteína C reactiva, el cortisol y la proteína sRAGE.

Las mediciones no mostraron diferencias relevantes entre ambos grupos que respaldaran una ventaja particular de la ventana de alimentación más corta.

En cambio, las dos modalidades se relacionaron con cambios favorables en los hábitos alimentarios. Los participantes reportaron una mayor sensación de control frente a la comida, una menor tendencia a comer como respuesta al estrés y menos vulnerabilidad ante el hambre.

Estos cambios se evaluaron mediante el Cuestionario de Alimentación de Tres Factores, aplicado antes y después de la intervención.

Una dieta controlada y un perfil específico de participantes

La investigación se desarrolló en la Unidad de Investigación Clínica ProHealth de Johns Hopkins, en Baltimore, Maryland, donde las comidas fueron preparadas y entregadas bajo la supervisión de dietistas especializados.

Todos los participantes siguieron una adaptación de la dieta DASH, un patrón alimentario diseñado para ayudar a prevenir y controlar la hipertensión. Esta dieta prioriza una alimentación equilibrada y limita el consumo de carne roja, productos con alto contenido de grasa, azúcar y sal.

La muestra estuvo compuesta en un 92 % por mujeres y en un 92 % por personas afrodescendientes, una característica que debe tenerse en cuenta al interpretar los resultados y valorar hasta qué punto pueden extrapolarse a otras poblaciones.

El trabajo recibió financiación de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos y de la Asociación Estadounidense del Corazón.

El siguiente paso: estudiar el mantenimiento del peso

Los investigadores buscarán determinar si la alimentación con restricción horaria puede ayudar a mantener la pérdida de peso obtenida mediante otras intervenciones, incluidos los medicamentos agonistas del receptor GLP-1, utilizados en determinados tratamientos metabólicos y de control del peso.

Los hallazgos actuales no descartan que el ayuno intermitente pueda resultar útil para algunas personas. No obstante, indican que concentrar las comidas en una ventana más breve no garantiza beneficios metabólicos adicionales frente a otros horarios cuando se mantiene controlada la ingesta calórica.

La conclusión es que el horario de alimentación puede ser una herramienta para organizar los hábitos alimentarios, pero el estudio no demuestra que sea, por sí solo, un factor determinante para mejorar la salud general.

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