El ingeniero estructural japonés-estadounidense, Kit Miyamoto, se ha convertido en uno de los personajes más reconocidos durante la reconstrucción de Venezuela después de los devastadores terremotos del pasado 24 de junio.
Los movimientos, de magnitudes 7,2 y 7,5, dejaron al menos 6.509 fallecidos, cientos de desaparecidos y una profunda destrucción, principalmente en el estado costero de La Guaira.
Miyamoto llegó inicialmente como parte de la asistencia ofrecida por Estados Unidos para evaluar alrededor de 7.000 estructuras. Posteriormente, el Gobierno de Delcy Rodríguez contrató a su empresa para gestionar los tres millones de toneladas de escombros que dejarán las demoliciones.
Su presencia ha despertado una reacción poco común. En los barrios afectados, los vecinos lo esperan, le solicitan fotografías y lo conducen hasta sus viviendas para conocer el veredicto que puede cambiar sus vidas: determinar si la estructura puede repararse o debe ser demolida.
Uno de sus compañeros lo bautizó como “el Mick Jagger de los terremotos”, una descripción que refleja la notoriedad alcanzada por un especialista acostumbrado a trabajar lejos de los reflectores.
El sistema de colores
Venezuela utiliza desde julio un sistema para clasificar las viviendas: verde para las habitables, amarillo cuando existen daños reparables y rojo cuando la estructura representa un riesgo para sus ocupantes.
Según las evaluaciones realizadas, un 22% de las edificaciones examinadas colapsó o sufrió daños irreparables. Miyamoto, sin embargo, destaca que la mayoría permaneció en pie o todavía puede recuperarse.
El especialista señala tres factores determinantes en la magnitud de la tragedia: construcciones levantadas sobre suelo blando, edificios altos sin suficiente protección sísmica y controles deficientes durante las obras.
“Cualquier estructura de concreto construida sin normativa sísmica es peligrosa”, advirtió el ingeniero.
También explicó que algunos contratistas omitieron elementos técnicos o redujeron costos debido a la falta de inspecciones obligatorias. Esas deficiencias quedaron expuestas con la violencia de los movimientos sísmicos.
Polémica por las viviendas sociales
La destrucción abrió un fuerte debate sobre la calidad de los edificios construidos mediante la Gran Misión Vivienda Venezuela, el principal programa habitacional impulsado durante el chavismo.
Un análisis satelital de The Washington Post determinó que 15 de las 28 torres de ese programa ubicadas en Caraballeda colapsaron. En cuestión de segundos quedaron destruidos unos 1.440 apartamentos.
El medio estadounidense señaló que más de la mitad de los edificios públicos de alta densidad examinados en esa zona se desplomaron, mientras que entre las construcciones privadas comparables la proporción fue cercana a una de cada diez.
Miyamoto evita responsabilizar únicamente al programa estatal. Asegura que también colapsaron edificios privados costosos y considera que el tipo de suelo y la resonancia entre el movimiento sísmico y cada estructura fueron factores decisivos.
Tres millones de toneladas de escombros
Hasta ahora se demolieron 39 edificios y se retiró aproximadamente un millón de toneladas de material. Miyamoto calcula que cerca del 30% de los escombros puede reciclarse mediante equipos capaces de separar el acero, los agregados y la arena del concreto.
El ingeniero, cuya firma ha participado en más de 100 respuestas internacionales ante desastres, confía en que La Guaira estará completamente reconstruida dentro de una década.
Su pronóstico incluye una advertencia: la recuperación no dependerá exclusivamente del Estado. La inversión privada y la participación de las propias comunidades serán fundamentales para borrar las cicatrices dejadas por uno de los peores desastres naturales de la historia venezolana.



