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Cecilia Garraffo dirige un instituto de Harvard dedicado a emplear inteligencia artificial para descifrar el Universo. Cree que sería muy extraño que estuviéramos solos, pero teme que la humanidad esté creando una inteligencia superior a ella misma.

¿Somos la única forma de vida en la inmensidad del Universo? Para la astrofísica argentina Cecilia Garraffo, la respuesta más razonable es que no.

“Pienso que hay vida en otros lugares del Universo. No puedo probarlo. Pero es una cuestión estadística. Lo raro sería que no hubiera más vida que la que conocemos”, afirmó la científica en una entrevista con el diario Clarín.

Su posición no significa que crea en platillos voladores o seres humanoides visitando la Tierra. Cuando habla de vida extraterrestre se refiere primero a sus expresiones más simples: microorganismos, bacterias o algún tipo de actividad biológica desarrollada en otro mundo.

El gran problema es encontrarlas.

Una máquina para buscar lo que el ser humano no puede ver

Garraffo es licenciada en Astronomía por la Universidad Nacional de La Plata y doctora en Física por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente es fundadora y directora del Instituto AstroAI del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian, donde se desarrollan herramientas de inteligencia artificial destinadas a investigar el cosmos.

La astronomía moderna genera volúmenes de información que resultan imposibles de revisar manualmente. Los nuevos observatorios captan millones de imágenes, cambios de luminosidad, composiciones atmosféricas y señales procedentes de enormes regiones del espacio.

La IA permite clasificar esa información, detectar anomalías y encontrar relaciones que podrían pasar inadvertidas para los científicos. No se trata simplemente de preguntarle a un programa si existen extraterrestres, sino de construir modelos especializados capaces de identificar patrones dentro de cantidades colosales de datos.

Entre los principales objetivos está la búsqueda de biosignaturas: sustancias presentes en la atmósfera de un planeta que podrían relacionarse con procesos biológicos. El oxígeno es una de ellas, aunque su presencia aislada tampoco bastaría para anunciar el descubrimiento de vida.

NASA también investiga cómo la inteligencia artificial puede ayudar a descubrir y caracterizar exoplanetas, mientras los proyectos SETI la emplean para separar posibles señales interesantes del ruido y de las interferencias producidas en la Tierra. NASA Astrobiology⁠ y el Instituto SETI⁠ describen estas aplicaciones.

Una idea compartida por grandes figuras de la ciencia

La postura de Garraffo coincide, con diferentes matices, con varios de los científicos y pensadores que han dedicado su vida a preguntarse si estamos solos.

El astrónomo estadounidense Frank Drake creó en 1961 una ecuación para estimar cuántas civilizaciones tecnológicas podrían existir en nuestra galaxia. Su fórmula no proporciona una cifra definitiva, pero convirtió una antigua inquietud filosófica en una pregunta científica.

Carl Sagan defendió que, ante la enorme cantidad de estrellas y mundos existentes, la vida en la Tierra difícilmente debía considerarse un acontecimiento exclusivo. Sin embargo, insistía en que una afirmación extraordinaria requería evidencias igualmente extraordinarias.

Jill Tarter, una de las grandes impulsoras de SETI, utiliza una comparación muy clara: lo que hemos examinado del Universo equivale aproximadamente a tomar un vaso de agua del océano y concluir, al no encontrar un pez dentro, que el océano está vacío. La ausencia de una señal confirmada no demuestra que no exista nadie más; también puede significar que apenas hemos comenzado a buscar. SETI Institute⁠

Sara Seager, astrofísica del Instituto Tecnológico de Massachusetts, concentra su trabajo en analizar las atmósferas de exoplanetas y localizar combinaciones químicas compatibles con la vida. Su búsqueda apunta especialmente a encontrar una verdadera “segunda Tierra”. MIT Press⁠

Por su parte, la astrobióloga Sara Imari Walker plantea una pregunta todavía más profunda: antes de buscar vida en otros planetas, quizás necesitemos comprender mejor qué es realmente la vida y qué leyes físicas permiten que aparezca. NASA Astrobiology⁠

¿Y si la primera inteligencia extraterrestre que encontramos es artificial?

Aquí aparece una posibilidad todavía más desconcertante.

Algunos investigadores sostienen que una civilización tecnológica podría sobrevivir mediante máquinas incluso después de la desaparición de la especie biológica que las creó. En ese escenario, la primera inteligencia extraterrestre detectada por los seres humanos podría no ser orgánica, sino artificial.

El astrofísico de Harvard Avi Loeb es uno de los pensadores que más insiste en buscar tecnofirmas: señales de tecnología como emisiones artificiales, estructuras, objetos o comportamientos que no puedan explicarse fácilmente mediante fenómenos naturales.

Sus hipótesis más provocadoras han sido cuestionadas por otros astrónomos por falta de evidencia suficiente. Sin embargo, su planteamiento central mantiene interés científico: no debemos buscar únicamente microorganismos; también podemos examinar el cielo en busca de rastros tecnológicos.

La advertencia de Garraffo sobre la inteligencia artificial

Aunque trabaja diariamente con IA, Garraffo no oculta su preocupación.

La científica compara su desarrollo con el nacimiento de una nueva “especie” que podría llegar a ser más inteligente que nosotros. Recuerda que la superioridad intelectual de los seres humanos sobre otros animales no siempre ha resultado beneficiosa para esas especies.

Su temor recuerda las advertencias formuladas por Stephen Hawking, quien veía enormes beneficios potenciales en la inteligencia artificial, pero también consideraba peligroso perder el control sobre sistemas capaces de mejorar progresivamente sus propias capacidades.

Garraffo establece, no obstante, una diferencia importante. En la investigación científica, considera que la IA es una herramienta extraordinariamente poderosa: podría colaborar en el tratamiento de enfermedades, acelerar descubrimientos y revelar fenómenos ocultos en los datos. Pero la interpretación y validación de los resultados deben continuar en manos humanas.

La misma tecnología que despierta temor podría ser la que finalmente nos permita encontrar compañía en el Universo.

Una sospecha razonable, no un descubrimiento

Hasta hoy no existe una prueba científica confirmada de vida extraterrestre ni de una civilización inteligente fuera de la Tierra. Esa separación entre posibilidad y evidencia es fundamental.

Lo que ha cambiado es nuestra capacidad para buscar.

Ya conocemos miles de planetas situados fuera del sistema solar, podemos estudiar algunas de sus atmósferas y contamos con telescopios que producen cantidades de información sin precedentes. La inteligencia artificial permite explorar ese océano de datos con una velocidad imposible para cualquier grupo humano.

Quizás la gran paradoja de nuestra época sea esta: mientras tratamos de construir una inteligencia superior a la nuestra, utilizamos esa misma tecnología para averiguar si otra inteligencia apareció antes, en algún lugar distante del cosmos.

Por ahora no tenemos la respuesta. Pero, como sostiene Cecilia Garraffo, en un Universo tan inmenso, lo verdaderamente extraño podría ser que toda la vida estuviera concentrada únicamente aquí.

Fuentes consultadas: Clarín; Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian; NASA Astrobiology; Instituto SETI; MIT Press.

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