El 3-4 contra Curazao abrió una discusión que alcanza al banquillo, al cuerpo técnico y a la dirección deportiva de la Federación.
Costa Rica pasó del entusiasmo de un 3-0 al descanso a una derrota 3-4 frente a Curazao en el estadio Ricardo Saprissa. El desplome del segundo tiempo puso a Fernando “Bocha” Batista bajo una presión que sus cuatro amistosos anteriores no habían generado con la misma claridad. Ahora la pregunta no se limita a si debe continuar. También obliga a examinar qué se evaluó al contratarlo, cómo está integrado su equipo de trabajo y qué seguimiento hace la dirección deportiva encabezada por Ronald González.
Un currículum con logros y una deuda pendiente
Batista llegó a Costa Rica con antecedentes comprobables. Dirigió las selecciones Sub-20 y Sub-23 de Argentina: fue subcampeón del Sudamericano Sub-20 de 2019, ganó el oro de los Juegos Panamericanos de Lima ese mismo año y conquistó el Preolímpico de 2020, que le dio a Argentina el boleto a Tokio. Son resultados que sostienen su reputación en el trabajo con futbolistas jóvenes. Tampoco equivalen, por sí solos, a haber consolidado una selección mayor para competir bajo presión.
Su experiencia con la absoluta de Venezuela ofrece las dos caras del análisis. En la Copa América 2024 ganó los tres partidos de la fase de grupos y quedó eliminado por Canadá en penales, en cuartos de final. En la eliminatoria mundialista hubo momentos que alimentaron una ilusión histórica, pero el equipo no obtuvo ni el cupo al repechaje. El cierre fue especialmente duro: cayó 3-0 ante Argentina y 6-3 en casa frente a Colombia. La Federación Venezolana de Fútbol cesó a Batista y a su cuerpo técnico después de que no se alcanzara el objetivo deportivo. Decir que su paso fue un fracaso sin matices borraría sus avances; llamarlo un éxito acabado ignoraría cómo terminó.
Qué dicen realmente sus cinco partidos con Costa Rica
El empate 2-2 con Jordania en Turquía mostró reacción para levantar un 0-2, pero Batista había advertido que contaría con apenas dos entrenamientos antes de ese debut. El 5-0 sufrido ante Irán fue una señal mucho más severa sobre la distancia competitiva. Después llegaron el 3-1 frente a Colombia en El Campín y el 3-0 ante Inglaterra: rivales mundialistas, con mayor continuidad de trabajo y en plena preparación para el torneo. Esos resultados se deben estudiar, especialmente por el funcionamiento, pero sería débil usarlos por sí solos como sentencia definitiva del proceso.
Curazao plantea una exigencia diferente. Es una selección mundialista y con futbolistas de experiencia, pero el encuentro se disputó en casa, por puntos, y Costa Rica demostró durante 45 minutos que podía imponer condiciones. El equipo de Dick Advocaat introdujo juntos a Kenji Gorré, Tahith Chong y Jordi Paulina al minuto 57. Los tres marcaron en la remontada. Batista modificó su línea de cuatro a una de cinco, perdió dominio en el medio y reconoció posteriormente que las variantes no funcionaron. Carlos Barahona declaró que el nuevo mecanismo defensivo no se había practicado lo suficiente y que, al ejecutarlo, se encontró corriendo hacia su propia portería. Esos elementos convierten este partido en una prueba directa de preparación y conducción desde el banco.
El cuerpo técnico también está a examen
Batista trabaja con los asistentes Cristian Palandella y Nicolás Batista y con el analista de video Nebio Merola, además del personal técnico de la Federación. Palandella comparte con él etapas en las selecciones juveniles argentinas y en Venezuela. Nicolás Batista ha integrado cuerpos técnicos de selecciones y clubes, y dirigió la selección preolímpica costarricense en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2026. Merola ha trabajado en análisis de video en selecciones juveniles de Argentina y en la estructura venezolana. Hay, por tanto, experiencia de trabajo compartido y perfiles definidos; el interrogante no es si poseen una hoja de vida, sino cómo convierten la información y el entrenamiento en soluciones durante los partidos.
Ante Curazao, el análisis debe entrar al detalle: quién propuso el cambio de dibujo, cómo se comunicaron las nuevas funciones, qué escenarios se habían ensayado para sostener una ventaja amplia y qué respuesta ofreció el banco cuando cayó el 3-2. La responsabilidad final de las decisiones de partido corresponde al entrenador. La calidad del cuerpo técnico se mide también por su capacidad para anticipar riesgos y ayudarlo a corregirlos a tiempo.
La pregunta para Ronald González
Ronald González fue nombrado director deportivo de la FCRF en enero. Su conocimiento del fútbol costarricense tiene respaldo en una carrera como jugador mundialista y entrenador de selecciones; condujo, entre otros procesos, a la Sub-20 que terminó cuarta en el Mundial de 2009. Esa trayectoria le permite evaluar talento y contexto local, pero su nuevo puesto exige además supervisar una metodología, revisar el trabajo del seleccionador y responder por los criterios técnicos que se presentan al Comité Ejecutivo.
La designación de Batista fue formalizada por la Federación. La decisión institucional no puede reducirse a una sola persona ni puede González dictar desde el palco cada sustitución. Sí resulta legítimo preguntarle qué atributos se priorizaron al escoger al entrenador, cómo se examinaron sus dificultades en el cierre de Venezuela, qué indicadores se fijaron para medir el proceso y qué evaluación hará ahora del cuerpo técnico. También corresponde explicar de qué manera su conocimiento del futbolista costarricense se incorpora a la planificación, las convocatorias y las soluciones tácticas.
Continuidad o cambio: la decisión necesita método
El dato inmediato es incómodo: después de cinco partidos, Costa Rica todavía no ganó con Batista; registra un empate y cuatro derrotas. La muestra incluye cuatro amistosos de contextos distintos y apenas un encuentro oficial. Afirmar que todo el proyecto está agotado con ese único partido por puntos sería apresurado. Fingir que lo ocurrido ante Curazao es una derrota más de preparación sería igualmente injustificable.
La Federación necesita una evaluación concreta antes de decidir. Batista debe explicar por qué alteró una estructura que ganaba 3-0, cómo entrenará el sistema alternativo y qué cambios hará para que la Sele conserve pelota y orden cuando reciba presión. González debe valorar esas respuestas con criterios técnicos, no solo con el marcador ni con el prestigio previo del entrenador. La decisión sobre su continuidad tendrá credibilidad si se conoce qué se esperaba del proceso, qué falló y qué evidencia habrá de una corrección. Después del 3-4, pedir explicaciones no significa desconocer la trayectoria del Bocha: significa tomarla en serio y exigir que se vea en la cancha.

