Ni Jordan ni Woods: el deportista mejor pagado de la historia fue un antiguo romano

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Aunque la famosa revista Forbes no lo cite, es un cochero de carreras de caballos en la antigua Roma, el deportista mejor pagado de la historia y pasó hace casi 2000 años.

Cuando Forbes publicó en el 2016 un riguroso ranking de los deportistas mejor pagados de la historia, teniendo en cuenta tanto sus ingresos laborales como los de patrocinio y la evolución de la inflación, no dudó en situar como primero de la lista a Michael Jordan, con unas ganancias estimadas de 1.700 millones de dólares, un trono que desde entonces se ha venido diputando con el golfista Tiger Woods, con 1.650 millones de ganancias estimadas en aquel momento. A casi mil millones de dólares de distancia aparecía el primer futbolista, David Beckham.

Minucias en cualquier caso, en comparación con lo que llegó a ganar hace casi 2.000 años un deportista al que Forbes excluyó a conciencia: Cayo Apuleyo Diocles, un hispanolusitano nacido en el año 104 que se convirtió en el gran ídolo de masas de la Antigua Roma como auriga y que llegó a embolsarse la cantidad nada despreciable de casi 36 millones de sestercios, lo que hoy equivaldría a unos 15.000 millones de dólares (casi 12.700 millones de euros).

Su trayectoria, documentada en una lápida instalada en el Circo de Nerón y diversos documentos que han llegado hasta nuestros días, da fe de unos logros nunca vistos hasta entonces e irrepetibles. Entre ellos destacan sus 1.462 victorias en 4.257 carreras en las que también consiguió 1.438 segundas plazas. La mayoría en cuádrigas, pero también en carros con tiros de hasta siete caballos. Como los 35.863.120 sestercios que consiguió en estas competiciones hasta retirarse a los 42 años, una edad avanzada para una práctica de alto riesgo en la que muchos participantes acababan perdiendo la vida en la arena pisoteados o atropellados.

Pese a haber nacido en uno de los confines del imperio, en la ciudad de Lamecum (actual Lamego), el trabajo de su padre como arriero le permitió viajar por las provincias ibéricas y demostrar su manejo de cuádrigas y monturas en todo tipo de competiciones. Hasta la que se considera su primera gran victoria a los 18 años en Ilerda (Lleida), la primera documentada. Ahí comenzó su carrera imparable. Viajó a Roma y se sumó al equipo Blanco, formado por los aurigas y jinetes de estrato social más bajo, generalmente procedente de las milicias, pero que rivalizaba con los equipos Verde, Rojo y Azul tanto en el Circo de Nerón como en el Circo Máximo.

Su éxito fue inmediato y las celebraciones y banquetes en su honor hicieron del joven auriga un personaje público habitual en la vida social romana. Además de ser el ídolo de los 250.000 espectadores que llegaban a congregarse en el Circo Máximo. El auriga lusitano era lo que se podría denominar cabeza de cartel de cualquier competición. Asimismo, fue el que mejor rendimiento sacó a unos caballos que, con él, también pasaron a la historia por sus logros.

 

Eso fue lo que propició lo que podría considerarse el primer gran traspaso de la historia del deporte, ya que Diocles fichó por el equipo Verde a los 24 años y, a los 27, por el Rojo, donde acabó una carrera que se prolongó durante antes de retirarse y vivir de rentas en su villa de Preneste (actual Palestrina).

De su vida posterior no hay más memoria que la escultura que sus dos hijos encargaron en su honor. Que sobreviviese muchos años a su gloria o que, por el contrario, falleciese poco después frutos de algún accidente nunca referido es simplemente una especulación. Porque su fama, como la de cualquier héroe, no permitió ninguna mancha.

Fuente: Diario Vanguardia de México