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Tiene 25 años, encadena trabajos temporales y ha recorrido una veintena de países para asistir a torneos. Entre autobuses averiados y noches sin habitación, el joven francés guarda un recuerdo especial de quienes le han tendido la mano.

Durante unas horas, Mohamed vivió la Copa Davis como un invitado privilegiado. Un conocido le había conseguido una entrada VIP para el enfrentamiento entre España y Francia, en Valencia, en 2024. Tenía, además, una habitación reservada por menos de 30 euros.

Pero había pasado por alto una condición: la recepción cerraba a las diez de la noche. Llegó media hora tarde y no pudo entrar.

Después de disfrutar del tenis desde una zona exclusiva, pasó la noche a la intemperie.

Es una de las escenas que este francés de 25 años, vecino de Les Ulis, contó al periodista Quentin Moynet, de L’Équipe, durante un encuentro en Shanghái. Desde 2023 viaja de torneo en torneo, financiándose con ahorros y empleos temporales. Lleva alrededor de treinta certámenes y una veintena de países.

Mohamed sigue el circuito desde las gradas. Para llegar hasta ellas ha trabajado preparando pedidos, moviendo mercancía, atendiendo público y organizando almacenes.

Un mundo que antes parecía lejano

De niño, el tenis quedaba fuera de sus posibilidades. Según explicó al diario francés, en su casa no faltaba lo necesario, pero practicarlo o asistir a Roland Garros era un gasto que no podían afrontar.

Pudo visitar el torneo parisino en 2021. Ya le gustaba el deporte; conocerlo desde dentro profundizó aquella afición.

“Cada torneo es como una miniciudad”, explicó.

Le atraía pasar el día allí, recorrer las instalaciones y descubrir todo lo que sucede alrededor de los partidos.

En 2023 viajó a Indian Wells, Miami y el Abierto de Estados Unidos. Después se fijó un desafío para 2024: asistir a los cuatro Grand Slam, los Masters 1000 y los Juegos Olímpicos. A su itinerario también se fueron sumando torneos de categorías menores.

Calcula que aquel año acudió a unos veinte certámenes y gastó entre 13.000 y 15.000 euros. Para sostener ese ritmo redujo al mínimo la comodidad: alojamientos económicos, trayectos largos y una disposición constante a improvisar.

Once horas que terminaron siendo treinta y cinco

Uno de los viajes más difíciles ocurrió en Estados Unidos, en agosto de 2024, cuando intentaba llegar desde Nashville hasta Cary, sede de un Challenger.

El autobús se averió y los pasajeros pasaron la noche junto a un área de descanso de Tennessee. El vehículo de reemplazo llegó al día siguiente. Más adelante, una pelea entre viajeros provocó una intervención policial.

Todavía faltaba otro contratiempo: en Winston-Salem, el conductor interrumpió el recorrido para descansar. Mohamed terminó durmiendo en el suelo frente a la estación, junto con otros pasajeros y personas sin hogar.

El trayecto previsto para once horas acabó durando treinta y cinco.

En Roma, en cambio, eligió ahorrar el hotel. Después de pasar el día en el torneo, recorrió la ciudad de noche hasta que llegó la hora de tomar su vuelo de madrugada. Recuerda el agotamiento, pero también aquella caminata como una de sus mejores experiencias.

Lo que conserva de cada viaje

Al hablar de sus recuerdos más queridos, Mohamed vuelve a las personas.

Durante una visita al US Open, llegó con otros aficionados al restaurante francés Le Baratin, en Nueva York. Su propietario, Mike Touchard, escuchó la historia de aquellos viajeros y los invitó a comer.

Del Abierto de Australia de 2025 conserva una acreditación que consiguió gracias a la ayuda de un dirigente de un club de tenis francés. La enmarcó y la tiene en su habitación.

Ahora planea viajar menos. Necesita avanzar en otros aspectos de su vida y asegura que las entradas se han encarecido hasta dejar algunas fuera de su alcance. Los precios que menciona corresponden a su experiencia de compra, no a una tarifa uniforme de los torneos.

Hay, sin embargo, un destino al que quiere seguir regresando: Indian Wells. Su intención es volver cada año mientras la salud y el dinero se lo permitan.

Después de tantos kilómetros, aquella acreditación enmarcada sigue en su habitación. Es uno de los recuerdos de una aventura que pensaba terminar en 2024 y que todavía le cuesta dejar atrás. 

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