Durante décadas fueron prácticamente piezas de museo. Marcas extraordinarias, nacidas en otra época del atletismo, que sobrevivieron a varias generaciones de campeones, a la evolución de las pistas, de los métodos de entrenamiento y hasta del calzado.
Sin embargo, algo está cambiando.
L’Équipe puso nuevamente sobre la mesa esta semana un fenómeno singular: todavía permanecen vigentes diez récords mundiales establecidos durante la década de 1980, pero algunos comienzan a estar seriamente amenazados.
Y ninguno simboliza mejor esa resistencia que el de los 800 metros femeninos de Jarmila Kratochvílová: 1:53.28.
43 años esperando
El 26 de julio de 1983, en Múnich, la checoslovaca Kratochvílová completó las dos vueltas a la pista en 1 minuto, 53 segundos y 28 centésimas.
Han pasado 43 años y nadie ha conseguido correr más rápido.
World Athletics todavía la mantiene al frente de la clasificación histórica, seguida por la soviética Nadezhda Olizarenko (1:53.43), cuya marca data incluso de 1980.
Durante mucho tiempo parecía que aquellas cifras pertenecían a un territorio inaccesible para el atletismo moderno.
En 2026, esa percepción cambió.
Audrey Werro aparece a solo 52 centésimas
La gran responsable es la suiza Audrey Werro.
Con apenas 22 años, Werro corrió en París el pasado 28 de junio en 1:53.80, convirtiéndose en la tercera mujer más rápida de todos los tiempos y quedando apenas 52 centésimas por encima del récord de Kratochvílová.
Ya no se habla de varios segundos.
Se habla de medio segundo.
La temporada también ha confirmado que no se trata únicamente de una atleta excepcional. La campeona olímpica británica Keely Hodgkinson registró 1:54.33 en Estocolmo y continúa siendo una de las grandes candidatas a acercarse todavía más.
El propio ranking mundial muestra la dimensión de la batalla: Hodgkinson ocupa el primer puesto y Werro el segundo.
Birmingham confirmó que hay una nueva reina
La historia adquirió todavía más fuerza en el reciente Campeonato Europeo de Birmingham.
Werro sufrió una caída en semifinales, fue reincorporada a la competencia después de una apelación y terminó protagonizando una de las grandes carreras del campeonato.
La suiza ganó el título europeo con 1:54.81, por delante de Hodgkinson (1:55.01) y Femke Bol (1:55.54). (Reuters )
No fue récord mundial, pero confirmó algo posiblemente más importante: Werro puede competir, ganar grandes finales y sostener ritmos extraordinarios bajo presión.
Los años 80, una década difícil de explicar
La resistencia de aquellas marcas siempre ha provocado discusiones dentro del atletismo.
Los años 80 estuvieron atravesados por enormes avances en preparación deportiva, pero también por una época especialmente problemática alrededor del dopaje, particularmente en países del bloque del Este.
No significa que pueda atribuirse automáticamente una irregularidad a cada récord de aquella década. Sin pruebas individuales, hacerlo sería irresponsable.
Pero sí explica por qué varias de aquellas marcas han sido observadas durante años con una mezcla de admiración, incredulidad y debate histórico.
El propio atletismo europeo llegó en el pasado a discutir la posibilidad de modificar sus listas de récords debido a las dudas que rodeaban determinadas marcas antiguas.
Finalmente, el cronómetro continúa siendo el juez.
Y los récords siguen allí.
Florence Griffith-Joyner, otro territorio prohibido
Dos de las marcas más célebres corresponden a Florence Griffith-Joyner.
La estadounidense estableció en 1988 el récord mundial de los 100 metros con 10.49 segundos y posteriormente llevó el de 200 metros hasta 21.34.
Casi cuatro décadas después, ambas cifras permanecen vigentes.
Las grandes velocistas modernas han conseguido aproximarse, especialmente en los 100 metros, pero todavía falta el último paso.
Hay récords viejos que parecen más jóvenes que nunca
La paradoja es fascinante.
El atletismo dispone actualmente de mejores superficies, biomecánica avanzada, análisis de datos, recuperación científica, nutrición especializada y calzado desarrollado hasta límites inimaginables hace cuatro décadas.
Además, existe una enorme profundidad internacional.
Y aun así, determinados registros permanecen intactos.
Por eso el caso de los 800 metros resulta tan significativo.
No solamente apareció una atleta capaz de acercarse al récord: Werro tiene 22 años.
Hay margen para evolucionar.
Hodgkinson tiene 24.
Y Femke Bol, después de convertirse en una referencia mundial de los 400 metros con vallas, ya ha mostrado una adaptación sorprendente a las dos vueltas de pista.
El 800 femenino está viviendo una concentración de talento extraordinaria.
La frontera ya está a la vista
Durante años la pregunta alrededor del 1:53.28 era sencilla:
¿Alguna mujer volverá siquiera a acercarse?
Ahora es diferente.
La pregunta es cuándo puede caer.
Werro está a 0.52 segundos.
La propia clasificación histórica permite comprender la magnitud de lo ocurrido: Kratochvílová 1:53.28; Olizarenko 1:53.43; Werro 1:53.80. Después aparecen Pamela Jelimo (1:54.01) y Caster Semenya (1:54.25).
Una atleta nacida en 2004 se ha metido finalmente en territorio de 1980 y 1983.
Eso cambia completamente la conversación.
El tiempo comienza a alcanzar a los años 80
Los récords son una de las grandes fascinaciones del atletismo porque permiten enfrentar generaciones que jamás pudieron competir entre sí.
Durante cuatro décadas, algunas marcas de los años 80 parecieron inmunes al paso del tiempo.
Ahora comienzan a aparecer grietas.
No todas caerán pronto. Algunas podrían sobrevivir muchos años más.
Pero el récord más antiguo de las pruebas de pista ya dejó de parecer imposible.
Jarmila Kratochvílová continúa siendo la dueña del 1:53.28.
Cuarenta y tres años después, sin embargo, el atletismo finalmente puede escuchar pasos detrás de ella.
Fuente principal: L'Équipe.
Datos y actualización: World Athletics, European Athletics y Reuters

