Hay pruebas de atletismo que se ganan. Armand “Mondo” Duplantis ha conseguido algo bastante más difícil: convertir la suya en un espectáculo que puede apoderarse de todo un estadio.
Cuando el sueco toma la pértiga, las cámaras cambian de dirección, las conversaciones se detienen y miles de personas esperan unos segundos para descubrir hasta dónde puede colocar esta vez el listón.
En Birmingham volvió a suceder.
Duplantis conquistó este domingo su cuarto título europeo consecutivo con 6,15 metros, nuevo récord de los campeonatos, después de otra batalla con el griego Emmanouil Karalis.
Y esta vez la victoria tuvo un significado adicional.
El verano en que Mondo descubrió que también podía perder
Duplantis parecía haberse olvidado de esa sensación.
El 7 de junio llegó a Estocolmo después de 40 competencias consecutivas sin perder, una racha que se extendía por casi tres años.
Competía en casa y quería regalar otra exhibición al público sueco.
Terminó derrotado.
El australiano Kurtis Marschall ganó con 5,90 m y Duplantis no consiguió superar 6,05. El propio Mondo reconoció después que las semanas anteriores habían sido diferentes: estaba a pocos días de casarse con Desiré Inglander y su concentración no había sido exactamente la habitual.
La derrota, confesó posteriormente, funcionó como una llamada de atención.
“Wake-up call”, la definió.
Una boda, una lesión y otra derrota
Duplantis se casó el 12 de junio y regresó rápidamente a las pistas.
En París respondió como suelen hacerlo los grandes campeones: ganó con 6,13 m, récord de la reunión, y volvió a intentar un récord mundial.
Pero el verano todavía guardaba otro sobresalto.
En julio, durante la reunión de Londres, sintió molestias en el muslo izquierdo. Saltó 5,95 m, apareció con la pierna vendada y decidió retirarse de la competencia.
Sam Kendricks ganó.
Duplantis habló incluso de realizarse pruebas médicas para conocer el alcance del problema.
Para alguien que había convertido ganar en una rutina, dos derrotas y una lesión en pocas semanas constituían una pequeña anomalía.
Birmingham debía responder una pregunta sencilla: ¿seguía todo en orden?
Karalis ya no quiere limitarse a mirar
También ha cambiado otra cosa.
Durante años, competir contra Duplantis significaba fundamentalmente discutir quién terminaba segundo.
Ahora existe un hombre dispuesto a incomodarlo.
Emmanouil Karalis tiene la misma edad que Mondo —ambos nacieron en 1999— y este año llevó su récord personal hasta 6,17 metros, convirtiéndose en el segundo pertiguista más alto de la historia.
Solo Duplantis ha saltado más.
El griego ha trabajado para manejar pértigas más largas y rígidas, buscando transformar mayor velocidad y fuerza en centímetros.
Y esos centímetros han comenzado a cambiar la prueba.
Los seis metros ya no significan lo mismo
Durante décadas, superar los seis metros era entrar en una especie de aristocracia de la pértiga.
Ser un “seis metros” podía definir toda una carrera.
Duplantis modificó esa escala.
Su récord mundial está ahora en 6,31 m, mientras Karalis alcanzó 6,17 y el noruego Sondre Guttormsen llegó esta temporada a 6,06.
Lo que antes representaba la culminación empieza a convertirse, para esta generación, en una condición para disputar las grandes medallas.
Paradójicamente, el dominio de Duplantis no ha destruido la competencia.
La ha obligado a crecer.
El duelo de Birmingham
La final europea terminó transformándose nuevamente en una partida táctica entre Duplantis y Karalis.
Cada salto del griego obligaba al sueco a responder y cada altura superada por Mondo trasladaba la presión hacia su rival.
Duplantis llegó a los seis metros y, cuando la competencia entró en su territorio, volvió a mostrar la facilidad que ha hecho extraordinaria su carrera.
Superó 6,10 m y posteriormente 6,15 m, altura que terminó asegurándole el título y estableciendo el récord de los Europeos.
Karalis volvió a llevarlo mucho más arriba de lo que durante años necesitaba saltar para ganar.
El resultado, sin embargo, volvió a ser el conocido.
Oro para Mondo.
Quince récords mundiales y todavía 26 años
Lo verdaderamente extraordinario aparece cuando su carrera se observa con perspectiva.
Duplantis tiene apenas 26 años.
Es bicampeón olímpico, campeón mundial, número uno del ranking y posee el récord mundial de 6,31 metros.
Esa última marca la consiguió el 12 de marzo en Uppsala, precisamente durante el Mondo Classic, una competencia creada alrededor de su figura.
Superó 5,65, 5,90 y 6,08 a la primera.
Después pidió directamente 6,31.
También lo pasó en su primer intento.
Era la decimoquinta vez que mejoraba el récord mundial.
De 6,17 a 6,31
La transformación de la especialidad se entiende mejor con otro dato.
Cuando Duplantis comenzó su serie de récords mundiales en 2020, la barrera estaba en 6,16 metros, marca que Renaud Lavillenie había establecido en 2014.
Mondo la llevó primero a 6,17.
Y centímetro a centímetro la ha colocado en 6,31.
Quince récords después, el límite humano de la especialidad está 15 centímetros más arriba que cuando comenzó su reinado.
Lo extraordinario es que todavía nadie sabe dónde terminará.
El hombre que hizo divertida la previsibilidad
Existe una paradoja fascinante alrededor de Duplantis.
En teoría, pocas cosas deberían resultar menos emocionantes que una competencia cuyo ganador parece conocido antes de comenzar.
Con Mondo sucede exactamente lo contrario.
La victoria es solamente la primera parte.
Después comienza otra competencia: Duplantis contra la altura.
El público ya entendió el ritual. Cuando quedan pocos atletas, la atención abandona progresivamente el resto del estadio. Llega la música, Mondo levanta los brazos, pide ruido, comienza la carrera y durante unos segundos toda la instalación parece competir con él.
En su Mondo Classic de Uppsala incluso construyeron una reunión completa alrededor de una sola especialidad.
Y funcionó.
Duplantis encontró algo todavía mejor que un rival
Karalis puede convertirse en el adversario que durante años pareció imposible encontrar.
Su 6,17 demuestra que no se trata solamente de una amenaza narrativa.
Pero quizá el mayor legado de Duplantis sea otro.
Mientras él sigue escapándose hacia arriba, sus perseguidores también están alcanzando alturas que pertenecían a otra dimensión del atletismo.
Mondo no ha convertido la pértiga en interesante porque alguien finalmente pueda derrotarlo.
La ha convertido en interesante porque cada vez que corre hacia el cajetín existe la sensación de que algo que ayer parecía imposible puede dejar de serlo.
Birmingham volvió a confirmarlo.
Después de una boda, una derrota que terminó con 40 victorias consecutivas, otra competencia abandonada por molestias físicas y un verano bastante menos perfecto de lo habitual, Duplantis regresó al escenario de un gran campeonato.
Y cuando el listón comenzó a acercarse a los seis metros, volvió a ocurrir lo de siempre.
Todo el estadio terminó mirando hacia arriba.

