El futbolista Montader Madjed anotó para el Hammarby en Suecia, celebró y besó el escudo de su equipo. Horas después confirmó una decisión mucho más difícil: dejar la selección de Irak con apenas 21 años.
El atacante sueco de origen iraquí anunció su retirada internacional tras recibir mensajes de odio y después de que un dirigente de un club iraquí pronunciara en televisión unas declaraciones sobre la ejecución de quienes no respetan al país, en medio de la controversia por su negativa a acudir a la selección.
El caso ha tenido repercusión en Suecia, donde medios como SVT, Sveriges Radio, Aftonbladet y Fotbollskanalen recogieron la decisión del futbolista. En Irak, la agencia Shafaq había documentado previamente el conflicto que lo llevó a rechazar la convocatoria.
De una convocatoria rechazada a una crisis personal
La ruptura se produjo por etapas.
Madjed había sido convocado por el seleccionador Graham Arnold para la concentración de noviembre, vinculada a un torneo en Basora. Sin embargo, el 4 de noviembre explicó que no viajaría y reconoció diferencias con el entrenador y la federación, sin desarrollar públicamente los detalles.
Su postura inicial consistía en quedarse en Suecia y concentrarse en el Hammarby. Todavía no había anunciado el cierre definitivo de su trayectoria internacional.
La situación escaló después de la intervención televisiva de Adi al-Rubaie, miembro de la directiva del Al-Shorta, en el canal iraquí Dijlah. Los medios suecos y neerlandeses reprodujeron sus palabras como una amenaza de ejecución contra el jugador por su posición ante la selección.
Es relevante precisar el origen de esas declaraciones: procedían de un dirigente de club. No eran una resolución de la federación ni una sanción oficial contra Madjed.
Condena y petición de medidas legales
Según las informaciones consultadas, Ahmed al-Falluji, vinculado a la federación iraquí, condenó las expresiones y pidió actuaciones legales contra su autor.
La cobertura árabe también presenta un matiz. El diario Al Khaleej interpretó que el dirigente pretendía expresar una exclusión futbolística mediante un lenguaje extremo. Esa lectura pertenece al periódico y no equivale a una rectificación pública del propio al-Rubaie.
Los reportes revisados recogen una petición de intervención legal; no permiten afirmar que exista ya una sentencia o una sanción.
Una relación que venía deteriorada
La tensión entre Madjed y la selección tenía antecedentes.
SVT recordó la polémica por un video difundido en TikTok en el que amigos del jugador se burlaban del combinado iraquí. El futbolista había reconocido errores relacionados con aquel episodio.
Posteriormente se abrió una posibilidad de acercamiento y llegó una nueva convocatoria. Pero el regreso terminó frustrado y la hostilidad posterior acabó de romper la relación.
Al comunicar su decisión, Madjed explicó que había recibido numerosos mensajes de odio y que prefería permanecer en un entorno en el que pudiera sentirse bien.
Hammarby, su punto de apoyo
El anuncio llegó después de la victoria del Hammarby por 4-1 sobre Elfsborg, partido en el que Madjed anotó.
El jugador destacó el respaldo recibido en su club y explicó que el beso al escudo expresaba lo que esa institución significa para él.
«Esto ya no es fútbol. Es triste», manifestó a Fotbollskanalen, en traducción del sueco.
Su decisión deja a Irak sin un atacante joven que había disputado cuatro encuentros con la selección absoluta. Para Madjed, supone interrumpir una trayectoria internacional que apenas comenzaba.
El episodio plantea una cuestión que trasciende una convocatoria: cómo protege el fútbol a sus jugadores cuando una controversia deportiva deriva en intimidación pública.
La selección puede exigir compromiso y debatir una ausencia. La amenaza de violencia cruza un límite que ninguna camiseta debería justificar.

