Después de una derrota aparece una explicación conocida: el rival corrió más. El dato suele convertirse en una sentencia sobre la preparación física, la actitud o el compromiso de los jugadores. Sin embargo, esa conclusión puede confundir el esfuerzo con su utilidad.
Un análisis de Pierre-Alexandre Conte en L’Équipe en Francia , cuestiona precisamente esa costumbre. El planteamiento, contrastado con investigaciones sobre fútbol profesional, obliga a cambiar la pregunta: además de cuánto corre un equipo, hay que examinar cómo se mueve, cuándo acelera y qué resuelve con esos movimientos.
El kilometraje no tiene marcador
En el análisis compartido por L’Équipe, la relación entre distancia total y puntos por partido fue muy débil: un coeficiente de 0,12. Al considerar las carreras por encima de 20 kilómetros por hora, subió a 0,32, sin convertirse en una explicación suficiente del éxito.
Estos valores no son porcentajes de victorias. Expresan la fuerza de una relación estadística: cuanto más cerca de cero, menor es la asociación lineal.
La BBC encontró que, en 309 partidos, el equipo que más corrió ganó el 48 %: la distancia no aseguró victorias.
Correr para atacar y correr para corregir
Imaginemos dos situaciones. Un mediocampista acelera para cerrar una línea de pase y permite recuperar el balón. Otro recorre una distancia mayor persiguiendo adversarios porque su equipo quedó partido.
El segundo acumula más metros. El primero puede haber realizado una acción más eficaz.
Lo mismo ocurre en la presión. Si un delantero, volante y defensor se mueven coordinadamente, pueden reducir espacios y recuperar cerca del arco rival. Si uno presiona solo, el adversario lo supera y obliga a sus compañeros a emprender nuevas persecuciones.
Esta es nuestra lectura técnica: una carrera puede construir una ventaja o intentar reparar un error. El contador de kilómetros no distingue ambas cosas.
Jonathan Wilson, en The Guardian, también advierte que correr mucho puede reflejar desorganización táctica.
Qué encontró el estudio de Parma
Un trabajo publicado en abril de 2025 por Mauro Mandorino, Mathieu Lacome, Raymond Verheijen y Martin Buchheit analizó 25 jugadores durante tres temporadas e incluyó 73 partidos.
Los investigadores estudiaron conjuntamente la actividad de carrera y estimaciones de preparación física y frescura neuromuscular. Encontraron que las victorias estaban asociadas con mejores condiciones de preparación y menor actividad de carrera.
La precisión es fundamental: el estudio identifica asociaciones, no demuestra que correr menos provoque victorias. Tampoco establece una receta universal a partir de un solo club. Su aportación es cuestionar el uso del kilometraje como sustituto del rendimiento o de la capacidad física.
Otra investigación, publicada en Biology of Sport, examinó dos temporadas de Primera y Segunda División de España. Encontró que las variables técnicas y tácticas estaban, generalmente, más relacionadas con el éxito que los datos de carrera. También observó diferencias entre divisiones: el contexto competitivo importa.
Estar en forma no significa recorrer siempre más terreno
La condición física permite repetir las acciones que exige el partido. La distancia finalmente recorrida depende también de la posición, las instrucciones, el marcador, el rival y las oportunidades de intervenir.
Un defensor bien ubicado puede anticipar con pocos pasos. Uno que pierde la referencia necesitará una carrera larga para recuperarla. Ese recorrido adicional no demuestra que esté mejor preparado.
Buchheit explica en L’Équipe que una mejor capacidad física puede reducir el costo relativo de una misma tarea y favorecer la recuperación entre esfuerzos. Pero para evaluar esa capacidad hacen falta pruebas y seguimiento individual; una cifra aislada del partido no basta.
Entonces, ¿qué debemos revisar?
Una radiografía técnica necesita cruzar los datos físicos con el video y las acciones de juego:
* Intensidad y propósito: si las aceleraciones permitieron desmarcarse, presionar, cubrir o recuperar.
* Coordinación: si el esfuerzo individual tuvo apoyo de los compañeros.
* Momento del partido: marcador, expulsiones, minutos efectivos y función del jugador.
* Continuidad: si el equipo pudo sostener su propuesta y ejecutar bien las acciones exigidas.
La FIFA combina métricas físicas con fases del juego, rupturas de líneas, presión y video sincronizado. Ese enfoque permite interpretar el movimiento dentro de la jugada.
Los kilómetros siguen siendo útiles para conocer y gestionar la carga. Lo que no pueden hacer solos es dictar quién jugó mejor o quién quiso ganar más.
Para nuestro fútbol, la enseñanza es directa: antes de concluir que un equipo perdió porque “no corrió”, revisemos sus distancias entre líneas, sus coberturas y la coordinación de su presión. El esfuerzo cuenta; su dirección y su eficacia también.
