El Mundial también tuvo una disputa lejos del césped: la de las redes sociales. Argentina encabezó los ataques contra selecciones, con mensajes que cuestionaban su relación con la FIFA y denunciaban supuestos beneficios de los árbitros y del VAR, de acuerdo con los resultados del informe recogidos por medios argentinos.
El monitoreo, desarrollado por el Servicio de Protección en Redes Sociales de la FIFA junto con Signify Group, examinó más de 17,1 millones de publicaciones y comentarios. La revisión identificó 240.676 mensajes abusivos dirigidos contra 812 personas, entre jugadores, entrenadores y árbitros. Esas cifras corresponden al conjunto de la competencia, no solamente a Argentina.
En el caso argentino, las acusaciones de corrupción fueron un componente central de la hostilidad. Pero hay una diferencia fundamental: registrar mensajes que denuncian un supuesto favoritismo no equivale a comprobarlo. El objeto del relevamiento fue el comportamiento abusivo en las plataformas digitales.
Dos clasificaciones que conviene distinguir
Argentina lideró el acoso contra los equipos nacionales como conjunto. Sin embargo, al contabilizar las agresiones individuales a futbolistas, Francia ocupó el primer lugar, seguida por Inglaterra y Portugal; el plantel argentino quedó cuarto. Confundir ambas mediciones cambia el sentido de los resultados.
El informe también señaló a Argentina como el mayor origen de ataques racistas entre los contenidos cuya procedencia pudo identificarse. La precisión es necesaria: solo se consiguió localizar a los emisores del 26,2% de los mensajes abusivos, por lo que ese resultado no describe la totalidad de las publicaciones ni permite atribuir esas conductas a toda una afición.
Los árbitros, bajo amenazas
La gravedad del problema fue más allá de los insultos. Los árbitros representaron el 10% de las personas monitoreadas, pero concentraron el 71% de los casos de mayor severidad, incluidos episodios de difusión malintencionada de datos personales. Más de cien incidentes de ese tipo generaron más de 13.000 llamadas y mensajes abusivos.
El balance plantea una discusión que el fútbol necesita afrontar: cuestionar una decisión arbitral forma parte del debate deportivo; amenazar, discriminar o exponer datos privados afecta la seguridad de quienes participan en el juego.
