Hay futbolistas que se despiden y otros que se resisten a hacerlo. Lionel Messi jugará la próxima semana su último partido con Argentina y Cristiano Ronaldo parece tener el adiós a la vista. Robert Lewandowski, en cambio, sigue. El viernes lo demostró con tres goles en la victoria de Polonia 6-0 ante Rumanía.
"Como ven, Lewandowski sigue siendo necesario", dijo a TVP Sport. Lo atribuyó a algo más que la veteranía: a su colocación en el área y a que todavía convierte.
Pero el hat-trick tiene una historia previa. Ante Suecia, el capitán polaco comenzó en el banco. Su explicación fue franca: sentía las piernas como papilla. Era la primera vez que viajaba a la selección desde Estados Unidos, donde juega en el Chicago Fire, y a su edad, admitió, prepararse para eso no es sencillo.
Lo había previsto. Advirtió al técnico Jan Urban de que el golpe llegaría, aunque no sabía cuándo. Llegó entre el cuarto y el quinto día, y pidió descanso. Tras los primeros entrenamientos notó que el cuerpo volvía a responder.
Por qué el viaje hacia el este pesa más
Volar de Chicago a Polonia significa adelantar el reloj siete horas, y la ciencia explica por qué ese sentido es el más duro. El reloj biológico humano no sigue un ciclo exacto de 24 horas, sino uno algo más largo, de modo que alargar el día al volar hacia el oeste le resulta más fácil al cuerpo que acortarlo al volar hacia el este. En otras palabras, la mayoría de las personas ya tiende a desplazarse un poco más tarde cada día, y adelantar el reloj interno cuesta mucho más que retrasarlo.
Las cifras lo muestran. Las estimaciones con viajeros reales indican que el reloj se retrasa unos 92 minutos por día tras un vuelo al oeste, pero se adelanta apenas unos 57 minutos por día tras un vuelo al este. Otra fuente divulgativa calcula que la recuperación hacia el este tarda cerca de un 50 % más que hacia el oeste para la misma distancia.
Hay además un efecto práctico sobre el sueño: al viajar al este, la hora local de acostarse llega antes que en el lugar de origen, y dormirse más temprano de lo habitual es difícil. Para un futbolista, eso significa noches cortas justo cuando más necesita recuperarse.
Lo que dicen los estudios en el fútbol
Los trabajos con futbolistas van en la misma línea. Un estudio con 15 jugadores de selección encontró que el sueño se acorta durante los viajes largos. Una tesis sobre selecciones asocia los cambios de huso horario y viajar hacia el este con más fatiga percibida y peor sueño durante dos días tras la llegada. Esos mismos trabajos matizan algo: el rendimiento en el partido casi no se altera si el jugador llega con más de 40 horas de antelación. Pesa más la semana de adaptación que el partido en sí.
Sobre la edad, la evidencia es menos concluyente. Un análisis de 2.971 partidos de LaLiga no halló diferencias significativas de rendimiento físico entre grupos de edad, incluido el de 31 a 38 años, con más o menos días de descanso. Un estudio pequeño sí vio que los jugadores de más edad perdieron más fuerza en los isquiotibiales tras un partido, aunque con una muestra reducida.
Bosnia, entre la sanción y la duda
Ahora una tarjeta amarilla lo dejará fuera ante Bosnia-Herzegovina. Fue por pisar al rival al intentar bloquear un balón. "Prefiero una amarilla por esto que por algo tonto", dijo, como consuelo.
La sanción abre una pregunta: ¿tiene sentido volar a Zenica si no puede jugar? Lewandowski aún no decide. "Con los años, los viajes no se hacen más fáciles", reconoció.
Su caso deja una lección para la gestión de los veteranos: más que la edad en sí, lo que pesa es el costo de moverse, y moverse hacia el este cuesta más. A veces, la mejor decisión es no jugar, o no viajar.
