El fútbol turco vive una revolución de nombres. La Süper Lig, que históricamente había quedado fuera del primer escalón europeo, arrancó la temporada 2026/27 con una lista de fichajes que parecía reservada para la Premier League o la Serie A: Mohamed Salah, Romelu Lukaku, Victor Osimhen, Leroy Sané, N'Golo Kanté, Ederson y Rafael Leão figuran hoy en las planillas de sus cuatro grandes clubes.
El movimiento no es casual. Responde a una estrategia financiera y comercial que los gigantes turcos vienen puliendo desde hace más de una década, y que esta ventana de transferencias llevó a un nuevo nivel.
Salah, la pieza que encendió la fiebre
El fichaje que más ruido generó fue el de Mohamed Salah. Tras terminar su contrato con el Liverpool, el egipcio sorprendió al firmar con el Trabzonspor, un club que no pertenece al trío tradicional de Estambul (Galatasaray, Fenerbahçe y Besiktas) y que, aun así, superó el interés de equipos sauditas para quedarse con el delantero.
El impacto fue inmediato. En las primeras 24 horas tras su llegada, el Trabzonspor vendió más de 17 mil abonos de temporada, cuando en toda la campaña anterior había colocado 6.500. Según el portal turco 61saat, el club vendió 82 mil camisetas en apenas dos semanas, más del 40% del total comercializado en toda la temporada pasada.
Fenerbahçe y la carrera armamentista de Estambul
El Fenerbahçe no se quedó atrás. El club incorporó a Lukaku, procedente del Nápoli; a Mason Greenwood, por 39 millones de euros; a Nathan Aké, por unos 8 millones, y sumó a esos nombres los de Kanté, Ederson y Asensio, todos con trayectoria en los principales escenarios europeos.
El equipo ya mostró resultados dentro de la cancha: eliminó al Lyon en los playoffs de la Champions League con una victoria como visitante y aseguró su lugar en la fase de liga del torneo, lo que también garantiza mayores ingresos por premios. El Galatasaray, con Rafael Leão entre sus refuerzos, también disputará esa fase.
El as bajo la manga: salarios netos
Más allá de las cifras de traspaso, la clave que explica el poder de atracción turco está en la negociación salarial. Los futbolistas suelen pactar sueldos ya netos, sin tener que asumir después el pago de impuestos: no existe una exención real, pero son los clubes quienes cubren ese costo adicional.
Salah, por ejemplo, percibirá un salario neto de 17 millones de euros por temporada. Es un esquema que ya se había usado en el pasado: el Fenerbahçe fichó a Dirk Kuyt en 2012 y a Robin van Persie en 2015, ambos con 32 años; el Galatasaray sumó a Wesley Sneijder en 2013 y luego a Mauro Icardi, y el Besiktas contrató a Pepe y a Ricardo Quaresma en sus últimos años de carrera.
Una fiesta que también se vende
Al factor económico se suma un ingrediente que los propios protagonistas destacan: el ambiente de las tribunas. La llegada de Salah al Trabzonspor quedó marcada por un recibimiento masivo de la afición, reflejo de una pasión que en Turquía se vive con una intensidad poco común en Europa.
Esa combinación de dinero, ambición institucional y fanatismo en las gradas explica por qué, temporada tras temporada, la Süper Lig deja de ser un destino de retiro dorado para convertirse en una liga que compite por las estrellas del fútbol europeo.

