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El exfutbolista y analista argentino Jorge Valdano dejó una interesante reflexión sobre la compleja relación que existe entre las grandes figuras del fútbol y sus aficionados, tomando como ejemplos las situaciones que atraviesan Julián Álvarez en el Atlético de Madrid y Lamine Yamal en el Barcelona.

Para Valdano, todo futbolista mantiene dos contratos: el legal, que se firma con el club y se paga con dinero, y otro mucho más emocional con la afición, construido mediante la identificación, la entrega y la lealtad.

Ese segundo acuerdo no aparece en ningún documento, pero puede resultar mucho más difícil de respetar y reparar.

Julián Álvarez y unas palabras que golpearon al Atlético

El caso más delicado es el de Julián Álvarez. El delantero argentino se ha distinguido por su profesionalismo, comportamiento y esfuerzo dentro del terreno de juego. Sin embargo, unas declaraciones durante el Mundial terminaron afectando su relación con una parte de la afición rojiblanca.

Julián manifestó que había conversado con el Atlético y que una transferencia podía ser la mejor solución para todas las partes, pues deseaba cumplir su sueño de jugar en otro equipo.

Según el análisis de Valdano, aquella frase fue interpretada por muchos aficionados como una señal de que el argentino considera al Atlético un escalón inferior dentro de su carrera. El problema aumentó ante las versiones que colocan al Barcelona como el posible destino deseado por el atacante.

La reacción de la hinchada fue inmediata. El futbolista que hasta hace poco era uno de los grandes referentes del equipo comenzó a recibir cuestionamientos y muestras de rechazo.

Ahora Julián enfrenta un desafío complicado: recuperar mediante goles, rendimiento y declaraciones más cuidadosas una conexión emocional que resultó seriamente dañada.

El Atlético también queda en una posición incómoda. Venderlo por debajo de su cláusula podría interpretarse como una señal de debilidad, especialmente si el comprador fuera el Barcelona, uno de sus competidores directos en España.

Lamine Yamal, cuestionado por sus gestos

Valdano también analiza el caso de Lamine Yamal, aunque desde una perspectiva diferente.

Durante el encuentro entre Elche y Barcelona, el joven español mostró gestos de disgusto aparentemente relacionados con la falta de pases, no ejecutar un penal y posteriormente ser sustituido.

Más allá de lo sucedido puntualmente, el analista consideró preocupante que durante varios pasajes del compromiso Lamine pareciera desconectado del juego y sin la disposición necesaria para aportar todo su talento.

En su caso, la relación con la afición no fue afectada por unas declaraciones, como ocurrió con Julián, sino por su lenguaje corporal y su actitud dentro del campo.

El talento también aumenta las obligaciones

Para Valdano, ambos jugadores llegaron a una situación semejante por caminos diferentes: Julián Álvarez puso en riesgo la pertenencia mediante sus palabras y Lamine Yamal la dejó en duda con sus gestos.

Las grandes figuras disfrutan de privilegios gracias a su talento, pero también asumen responsabilidades superiores. Cuanto mayor es la condición de ídolo, más atención reciben sus palabras, decisiones y comportamientos.

Un futbolista puede cambiar de equipo y también tiene derecho a vivir una mala noche. Sin embargo, debe comprender que el aficionado no observa únicamente los goles o las asistencias: también exige identificación, compromiso y respeto por los colores.

Ahí se encuentra el verdadero precio de ser ídolo. El contrato profesional puede renegociarse o terminarse, pero el vínculo con la gente es emocional y no contempla cláusulas de salida.

Fuente y crédito: Reflexión basada en el artículo “El precio de ser ídolo”, escrito por Jorge Valdano y publicado originalmente en EL PAÍS

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