Una de las pelotas más famosas de la historia del fútbol volvió a cambiar de dueño y lo hizo por una cifra millonaria.
El balón Adidas Azteca utilizado en el Argentina-Inglaterra del Mundial de México 1986, partido inmortalizado por la “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo” de Diego Armando Maradona, fue vendido por 3,3 millones de dólares (unos 2,9 millones de euros) en una subasta realizada en Estados Unidos.
La información fue destacada este lunes por el diario holandés Voetbal International, que señala que la operación se realizó a través de Heritage Auctions. La cifra, aunque impresionante, quedó muy lejos de los 10 millones de dólares que se habían manejado como estimación previa.
Pero detrás del precio aparece una historia quizá todavía más llamativa: durante más de tres décadas el dueño de aquella pelota fue precisamente Ali Bin Nasser, el árbitro tunecino que no observó la mano de Maradona.
El árbitro se llevó el balón
Argentina derrotó 2-1 a Inglaterra el 22 de junio de 1986 en el estadio Azteca por los cuartos de final.
Maradona marcó los dos goles argentinos. Primero llegó la acción en la que utilizó su mano izquierda para anticipar al arquero Peter Shilton. Minutos después protagonizó la extraordinaria carrera que terminó convertida en el denominado “Gol del Siglo”.
Bin Nasser recogió el balón al finalizar el encuentro y lo conservó en Túnez durante más de 30 años. En 2023 incluso firmó una declaración asegurando que aquella había sido la única pelota utilizada durante el partido, mientras posteriores procedimientos de autenticación reforzaron su procedencia.
Así, el hombre cuyo nombre quedó ligado para siempre al error arbitral terminó siendo también el custodio de una de las mayores reliquias del fútbol mundial.
La historia de los $2,37 millones
En 2022 Bin Nasser decidió desprenderse del balón.
Aquí comienza otro capítulo particular de la historia.
La pieza fue llevada al mercado y diferentes publicaciones sitúan aquella operación en aproximadamente 2,37 millones de dólares (1,74 millones de libras). La pelota pasó posteriormente a otras manos y fue ofrecida nuevamente en una subasta en 2023, pero entonces las ofertas no alcanzaron el precio mínimo exigido y no hubo venta.
La trayectoria comercial de la pelota, por tanto, también ha tenido sus altibajos.
Ahora apareció nuevamente en el mercado y Heritage Auctions aspiraba a conseguir cerca de 10 millones de dólares. Finalmente el martillo cayó en 3,3 millones, una cantidad considerablemente inferior a esa expectativa, pero superior a la cifra relacionada con la operación de 2022.
Una conexión costarricense con aquella historia
El legendario encuentro también posee una conexión directa con Costa Rica.
Uno de los asistentes arbitrales fue el costarricense Berny Ulloa Morera, quien formó parte del equipo encabezado por Bin Nasser en aquella tarde del estadio Azteca.
La controversia quedó centrada durante décadas en la decisión arbitral. Bin Nasser sostuvo posteriormente que desde su posición no había podido observar la mano de Maradona y que esperaba una indicación de su asistente búlgaro Bogdan Dochev, mientras este último ofreció años después una versión diferente sobre la responsabilidad de la acción.
El gol permaneció válido y terminó convirtiéndose en uno de los episodios más discutidos en la historia de los Mundiales.
Maradona volvió a encontrarse con Bin Nasser
La relación entre el argentino y el árbitro tuvo incluso un capítulo posterior muy particular.
En agosto de 2015, casi tres décadas después del Mundial, Maradona visitó a Bin Nasser en su casa en Túnez.
El argentino le entregó una camiseta firmada y lo calificó públicamente como su “amigo eterno”. A esas alturas, la polémica de México 86 ya se había transformado en parte de la mitología que acompañó la carrera del astro argentino.
Maradona había reconocido años antes que efectivamente utilizó la mano para marcar aquel primer gol.
Una pelota, dos goles y millones de dólares
El valor excepcional del balón no procede únicamente de la “Mano de Dios”.
Se trata de la misma pelota asociada al partido en el que Maradona produjo, con pocos minutos de diferencia, dos acciones completamente opuestas: una de las mayores controversias arbitrales de los Mundiales y una de las obras individuales más extraordinarias que ha visto el fútbol.
Por eso Mike Provenzale, especialista de Heritage Auctions, la definió antes de la venta como una pieza única y posiblemente uno de los objetos más importantes relacionados con el fútbol.
Cuarenta años después de aquella tarde en México, la pelota sigue escribiendo su propia historia.
Y hay una ironía difícil de superar: Ali Bin Nasser no vio la mano de Maradona, pero sí tuvo en sus manos durante más de tres décadas una auténtica fortuna.

