El delantero de Gimnasia de Mendoza marcó un triplete ante Gimnasia de La Plata y llegó a ocho goles en seis fechas del Clausura. Nació en Italia, creció futbolísticamente en Rosario y cuando tenía apenas 10 años estuvo a segundos de perder la vida en una de las mayores tragedias de la ciudad.
Hay historias que el fútbol escribe con goles y otras que comienzan mucho antes de que aparezca una pelota.
La de Agustín Módica pertenece a las dos.
A los 23 años, el delantero de Gimnasia y Esgrima de Mendoza se convirtió en la gran aparición del Torneo Clausura argentino. Este sábado marcó los tres goles con los que su equipo derrotó 3-2 a Gimnasia de La Plata en el Bosque y elevó su producción a ocho tantos en apenas seis fechas.
Nadie ha marcado más que él.
Pero detrás del goleador que hoy empieza a llamar la atención del fútbol argentino y europeo existe una historia extraordinaria.
Información publicada originalmente por LA NACION de Argentina y ampliada con datos de medios argentinos.
Nació en Italia, pero Rosario se convirtió en su casa
Módica nació el 12 de enero de 2003 en Pietra Ligure, provincia de Savona, en Italia.
Su nacimiento allí tuvo una explicación futbolística. Su padre, Pablo Módica, era jugador y había desarrollado parte de su carrera en clubes del ascenso italiano después de pasar por Argentino y Central Córdoba de Rosario.
Agustín tenía apenas dos años cuando la familia regresó a Argentina.
Allí comenzó su relación con la pelota.
Pasó por Amistad y Progreso, la Asociación Atlética Jorge Griffa y Social y Deportivo Río Negro. En 2019 llegó a Central Córdoba, donde anotó alrededor de 30 goles, y dos años después dio el salto a las inferiores de Rosario Central.
Su debut en Primera División llegó el 19 de septiembre de 2023 frente a Independiente. El entrenador que le abrió la puerta fue Miguel Ángel Russo.
El día en que volvió a nacer
Mucho antes de convertirse en futbolista profesional, Módica estuvo frente a una circunstancia que marcaría su vida.
Tenía 10 años.
El 6 de agosto de 2013 se encontraba durmiendo en la casa de su abuela, situada frente al edificio de Salta 2141, en Rosario.
Una fuga de gas provocó una enorme explosión y el posterior derrumbe de parte del complejo. La tragedia dejó 22 fallecidos y más de 60 heridos.
Su abuela había percibido olor a gas y lo despertó.
Agustín caminó hacia una habitación del fondo para cambiarse. Mientras se agachaba para amarrarse los zapatos sintió un fuerte viento.
La ventana que estaba detrás de él estalló.
Los vidrios le provocaron un pequeño corte en una ceja.
Segundos después llegó la explosión.
Módica sobrevivió físicamente, pero las consecuencias emocionales permanecieron durante mucho tiempo. Años después contó que durante muchas noches soñaba que tragaba arena y necesitó tratamiento psicológico para superar aquel trauma.
El niño que salió vivo de Salta 2141 terminaría encontrando en el fútbol otro camino para reconstruirse.
Rosario Central y una oportunidad que nunca terminó de llegar
Módica es hincha de Rosario Central.
Quizá por eso también le dolió más comprobar que su lugar en el club no terminaba de aparecer.
En tres temporadas acumuló 30 partidos y siete goles, incluidos cuatro tantos en competiciones internacionales. Tuvo que competir por espacio, sufrió una lesión importante y nunca consiguió la continuidad que necesitaba.
Finalmente salió del club después de una decisión deportiva del entrenador Jorge Almirón.
No escondió que aquello le produjo dolor.
Ser futbolista de un equipo es una cosa. Ser futbolista del club del que uno es hincha es otra.
Módica necesitaba jugar.
Y Mendoza apareció como una oportunidad.
“Me volví a sentir jugador”
Su llegada a Gimnasia y Esgrima de Mendoza terminó cambiándolo todo.
Firmó contrato hasta 2029 y encontró algo indispensable para cualquier delantero: minutos, confianza y continuidad.
Los números explican el resto.
Módica acumula 12 goles en 20 partidos con Gimnasia, pero su explosión definitiva llegó en este Clausura.
Después de seis jornadas suma ocho goles.
El sábado produjo posiblemente la mejor actuación de su carrera profesional: convirtió un triplete en La Plata y fue responsable de todos los goles de Gimnasia de Mendoza en la victoria 3-2.
Tres definiciones distintas y una demostración de las cualidades que acompañaron su formación: ubicación dentro del área, capacidad para anticiparse y contundencia.
“La confianza es todo”, reconoció después del encuentro.
Una frase sencilla que probablemente explique buena parte de su transformación.
Un ‘9’ diferente
Con 1,87 metros de estatura, Módica tiene características particulares.
Mario Paglialunga, uno de sus entrenadores durante su etapa formativa en Rosario Central, llegó a compararlo físicamente con el exdelantero inglés Peter Crouch.
Alto y delgado, pero con recursos técnicos superiores a los que su contextura podría sugerir.
Su juego aéreo es uno de sus puntos fuertes, aunque no el único. Puede definir con ambas piernas, protege bien la pelota y posee ese atributo difícil de enseñar a un centrodelantero: sabe dónde puede caer el rebote.
El propio Módica resume sus principales armas en dos palabras: definición y cabezazo.
Los ocho goles del Clausura comienzan a respaldarlo.
Italia aparece en el horizonte
Su rendimiento abrió además una historia inesperada.
Módica posee nacionalidad italiana y su nombre comenzó a relacionarse con la posibilidad de representar a la selección de Italia.
El delantero evita adelantarse.
Cuando le plantearon incluso la posibilidad de compartir ataque con Mateo Retegui respondió entre risas que le gustaría, aunque insiste en que su prioridad continúa siendo Gimnasia de Mendoza.
La posibilidad existe.
También comenzaron a aparecer versiones sobre clubes europeos siguiendo sus actuaciones.
Hace algunos meses era un delantero que buscaba minutos. Ahora es uno de los nombres propios del campeonato argentino.
Así de rápido puede cambiar el fútbol.
Y pocas historias parecen explicarlo mejor que la suya.
Agustín Módica nació en Italia, creció en Rosario, sobrevivió cuando tenía 10 años a una tragedia que dejó 22 muertos, sufrió para encontrar espacio en el club del que era hincha y tuvo que marcharse para recuperar algo elemental: sentirse futbolista.
Hoy tiene 23 años.
Lleva ocho goles en seis fechas.
Se llevó la pelota del Bosque después de su primer triplete profesional y sus compañeros la firmaron como recuerdo.
En algún lugar de su casa tendrá que encontrarle espacio.
Porque después de todo lo vivido, Agustín Módica recién empieza a llenar su vitrina.


