Un mes después de que España conquistara su segundo Mundial, Jorge Valdano puso el foco no solamente en el título, sino en la forma en que la selección española llegó hasta él.
En su columna “El balón tenía razón”, publicada en EL PAÍS, el exfutbolista, entrenador y campeón mundial con Argentina en 1986 sostiene que España dejó una enseñanza que desafía algunas de las principales tendencias del fútbol actual: frente al culto a la velocidad, el físico y la intensidad, volvió a colocar al balón y al criterio del futbolista en el centro del juego.
Rodri, el símbolo elegido por Valdano
Para explicar esa idea, Valdano coloca a Rodri como la gran referencia de la España campeona.
Su argumento parte de una definición sencilla: saber jugar no depende de tener más músculo o correr más rápido, sino de interpretar correctamente cada situación.
Cuándo acelerar, cuándo frenar, cuándo jugar en corto, buscar un pase largo, conducir o entregar la pelota de primera intención.
Valdano compara la influencia de Rodri sobre España con la de un director manejando una orquesta y considera que su fútbol representa una cultura futbolística que el equipo trasladó al Mundial.
La elección tiene todavía mayor peso después de un torneo en el que Rodri fue elegido mejor jugador del Mundial y capitaneó a España hacia el título. Ahora, a sus 30 años, acaba de incorporarse al Barcelona procedente del Manchester City.
Una crítica a la obsesión por la intensidad
El planteamiento de Valdano va mucho más allá de elogiar al campeón.
Es también una crítica a un fútbol moderno en el que conceptos como intensidad, verticalidad, potencia física, presión y velocidad se han convertido prácticamente en obligaciones.
España, según su análisis, se atrevió a ir en sentido contrario.
No necesitó jugar permanentemente “a todo gas”. Administró los ritmos, tuvo paciencia y utilizó la posesión no como un elemento decorativo, sino como una herramienta para controlar al adversario.
Los números de la final respaldan parte de esa lectura.
España derrotó 1-0 a Argentina en la prórroga con gol de Ferran Torres al minuto 106. Además, terminó el encuentro con alrededor del 65% de posesión y 20 remates contra solamente dos de Argentina.
Argentina y Francia terminaron persiguiendo el balón
Valdano encuentra en los dos últimos partidos del campeón el mejor ejemplo de su argumento.
Considera que tanto Francia en semifinales como Argentina en la final terminaron condicionadas por la capacidad española para gobernar la pelota.
Su reflexión es interesante: poseer bien el balón no solamente permite atacar. También desgasta físicamente al adversario, afecta su confianza y termina alterando su organización.
Y cuando España perdía la posesión, su presión obligaba al rival a decidir y ejecutar a una velocidad superior a la deseada.
La propia FIFA describió al campeón después de la final como una selección que controló el encuentro y destacó la superioridad mostrada por España durante las distintas rondas del torneo.
“España fue un equipo, un gran equipo”
Otro punto destacado de Valdano es que no atribuye el campeonato a una actuación extraordinaria de una sola estrella.
Incluso señala que Lamine Yamal fue “uno más” durante este Mundial.
Su valoración es precisamente la contraria: España consiguió imponerse como colectivo sin necesitar permanentemente de ese futbolista extraordinario capaz de resolver por sí solo un encuentro que su equipo no merece ganar.
España terminó levantando su segunda Copa del Mundo, 16 años después de Sudáfrica 2010, tras superar 1-0 al campeón defensor Argentina en Nueva Jersey.
Messi y el valor de saber esperar
Valdano también utiliza a Lionel Messi para reforzar su razonamiento.
Recuerda al argentino caminando durante muchos momentos del Mundial anterior, esperando el instante preciso para intervenir.
Pero establece una diferencia: Messi representa una genialidad prácticamente imposible de reproducir. Rodri, en cambio, le resulta una referencia más útil para explicar el valor de comprender el juego.
El mensaje es que la velocidad del futbolista importa menos que la velocidad de su pensamiento.
Una reflexión que trasciende el título
La columna termina convirtiendo el Mundial de España en un debate sobre hacia dónde está caminando el fútbol.
Mientras buena parte del deporte moderno busca jugadores cada vez más rápidos, fuertes y capaces de sostener presiones asfixiantes, Valdano reivindica una cualidad mucho más difícil de medir: el criterio.
España corrió, presionó, compitió y tuvo orden, pero nunca renunció a utilizar el balón como elemento fundamental para dominar.
Por eso Valdano recupera al final una de las frases más célebres de Alfredo Di Stéfano:
“El fútbol no se corre, se juega”.
España regresó del Mundial con casi una veintena de campeones incorporándose nuevamente a LaLiga. Pero para Valdano dejó algo más que una segunda estrella: recordó, en plena era de la intensidad y los datos físicos, que el jugador que mejor entiende y mueve la pelota todavía puede gobernar un partido.
Y quizá esa sea la mayor reivindicación del campeón: para ser moderno, España recurrió a una de las verdades más antiguas del fútbol.
Fuente: Con información y conceptos de Jorge Valdano, en su columna publicada por EL PAÍS

