El histórico periodista argentino de 85 años recorrió más de siete décadas de fútbol y automovilismo en una extraordinaria entrevista con Diego Borinsky para Clarín. Di Stéfano, Cruyff, Guardiola, Messi, Fangio, Maradona, Garrincha, Enzo Ferrari y Víctor Hugo Morales aparecen en una conversación cargada de conocimiento, memoria y conceptos sobre el deporte y el periodismo.
Hay periodistas que acumulan años y otros que acumulan conocimiento. Juan Marzio “Tano” Fazzini pertenece a una categoría todavía más difícil: vivió buena parte de aquello que hoy otros estudian como historia del deporte y conserva la capacidad de relacionarlo con el presente.
A sus 85 años puede hablar de Alfredo Di Stéfano porque viajó a Madrid para verlo jugar; de Johan Cruyff porque lo entrevistó; de Enzo Ferrari porque estuvo frente a él en Maranello; de Fangio porque conoció su dimensión; de Gilles Villeneuve y Carlos Reutemann porque fueron sus amigos; de Maradona porque estuvo en el Azteca en 1986 y de Messi y Guardiola porque entiende que el fútbol no comienza nuevamente con cada generación.
En una extensa entrevista de 100 preguntas realizada por Diego Borinsky para Clarín, Fazzini despliega justamente ese patrimonio: memoria acompañada de conocimiento.
No se limita a recordar nombres.
Los conecta.
Y allí está el verdadero valor de su pensamiento.
Di Stéfano, Cruyff y Guardiola: abuelo, hijo y nieto
Una de sus mejores definiciones resume casi 70 años de evolución futbolística:
“El árbol genealógico del fútbol para mí es Di Stéfano, Cruyff, Guardiola. Abuelo, hijo y nieto”.
La explicación resulta fascinante.
Fazzini considera a Alfredo Di Stéfano el mejor futbolista de la historia, por encima incluso de Pelé, Maradona y Messi, pero su argumento no descansa solamente en condiciones individuales.
Di Stéfano, sostiene, cambió la manera de jugar.
En tiempos de posiciones rígidas, recorría todo el campo, participaba de la construcción, aceleraba, retrocedía y aparecía donde el adversario no esperaba encontrarlo.
Cruyff recogió aquella herencia.
Fazzini cuenta que el propio holandés le confesó que consideraba a Di Stéfano el más grande y que estudiaba películas del Real Madrid para analizar sus movimientos.
Con Rinus Michels llevó aquellas ideas al Ajax y a Holanda.
Después Cruyff las trasladó a Barcelona.
Y Guardiola fue su alumno.
De ahí el árbol: Di Stéfano sembró, Cruyff interpretó y Guardiola desarrolló.
“No hay que correr, hay que sorprender”
Otra enseñanza que Fazzini conserva de Di Stéfano parece sencilla:
“No hay que correr, hay que sorprender”.
Pero detrás existe una interpretación profunda del fútbol.
Sorprender significa modificar la velocidad en el instante adecuado.
Aquí se mezclan de manera extraordinaria los dos mundos que Fazzini estudió durante décadas: fútbol y automovilismo.
Por eso su análisis de Lionel Messi no comienza por la zurda ni por el regate.
Comienza por la aceleración.
Para Fazzini, una de las mayores virtudes de Messi era saber cuándo apretar el acelerador y cuándo aflojarlo.
Lo mismo observa en Garrincha.
El brasileño destrozaba defensores no únicamente arrancando, sino frenando. La desaceleración obligaba al rival a luchar contra su propia inercia.
Es fútbol explicado casi desde la física.
Y no resulta casual: Fazzini fue técnico mecánico y durante cerca de 20 años enseñó Física, Tecnología y Dibujo Técnico.
Xavi, Iniesta y Messi: el triángulo perfecto
También resulta notable su explicación del Barcelona que dominó una época.
Fazzini identifica tres piezas:
Xavi, el arquitecto.
Iniesta, el ingeniero.
Messi, el velocista.
Para él constituían un “triángulo equilátero perfecto”.
Talento, circulación y velocidad.
Desde esa misma lógica interpreta el éxito de Lionel Scaloni.
No le impresionó particularmente como futbolista, pero reconoce en él una cualidad distinta: capacidad de observación y análisis.
Una enseñanza aparece detrás de la comparación: saber jugar y saber interpretar el juego son talentos diferentes.
Fangio, el argentino más brillante
Cuando debe escoger al mejor futbolista de la historia, Fazzini responde Di Stéfano.
Cuando amplía la mirada al deporte argentino, no duda:
Juan Manuel Fangio.
Lo coloca incluso por encima de Maradona y Messi.
Su argumento tampoco se reduce a los cinco campeonatos mundiales.
Para Fazzini, Fangio representó trabajo, rigor, disciplina, industria y prestigio internacional.
Recuerda que en la sede de Mercedes-Benz en Stuttgart la imagen del argentino comparte espacio simbólico con grandes figuras de la historia del automóvil.
Y rescata tres palabras asociadas a Fangio que atraviesan toda su propia concepción de la vida:
rigor, disciplina y austeridad.
Según Fazzini, esos tres pilares se han ido perdiendo.
Reutemann y la obsesión por la perfección
Su conocimiento de Fórmula 1 también produce reflexiones diferentes.
Fazzini fue amigo de Carlos Reutemann y encuentra una explicación particular para entender por qué nunca consiguió el campeonato mundial.
Reutemann, dice, sabía muchísimo de automóviles, pero podía quedarse enamorado de lo que había funcionado el año anterior.
Niki Lauda le habría expresado algo semejante.
La enseñanza de Fazzini trasciende el automovilismo: para ganar no basta entender el presente; hay que anticipar lo que viene.
Reutemann consiguió 45 podios en una década: 12 victorias, 13 segundos lugares y 20 terceros.
Fazzini utiliza esos números también para colocar en perspectiva la manera en que cada época juzga a sus deportistas.
“No me interesa el tono, me interesa lo que decís”
La entrevista también contiene verdaderas lecciones de periodismo.
Una de las mejores ocurrió cuando Víctor Hugo Morales quiso incorporarlo a su equipo.
Fazzini dudó.
Su voz ronca, pensaba, no era una voz para radio.
Víctor Hugo respondió:
“No me interesa el tono, me interesa lo que decís”.
Fazzini terminaría convirtiéndose en uno de sus comentaristas y considera a Morales el mejor relator que conoció.
Destaca su improvisación, lenguaje y creatividad.
Pero hace una separación interesante.
Admirar al relator no significa renunciar a analizar al periodista.
Y de allí surge otra frase esencial:
“El periodista tiene que tratar de ver todo”.
“Lleve a la gente a viajar con usted”
Otra enseñanza provino de Félix Laiño, uno de sus maestros en La Razón.
Cuando Fazzini comenzó a recorrer el mundo cubriendo Fórmula 1, recibió una instrucción:
“No me cuente solo la carrera, lleve a la gente a viajar con usted”.
Es probablemente una de las mejores definiciones del trabajo de un enviado especial.
No basta informar el resultado.
Hay que observar la ciudad, entender su sociedad, describir el ambiente, conversar con las personas y permitir que quien lee pueda sentir que también estuvo allí.
Fazzini terminó aplicándolo alrededor del mundo.
La gráfica porque obligaba a pensar
Trabajó en prensa escrita, radio y televisión.
Cuando le preguntan cuál prefiere, responde categóricamente:
“Gráfica por muerte”.
La razón importa más que la elección.
Antes de escribir, explica, había que pensar dos veces.
Radio y televisión aceleraron los tiempos. Las tecnologías actuales los aceleraron todavía más.
Fazzini no discute solamente formatos.
Defiende el pensamiento previo a la palabra.
Una vida frente a la historia
Su memoria impresiona porque está respaldada por experiencias difíciles de repetir.
Presenció los Juegos Olímpicos de Roma 1960 y vio competir a Cassius Clay antes de convertirse en Muhammad Ali.
Viajó al Mundial de Chile 1962.
Cubrió diez Copas del Mundo como periodista.
Estuvo en Argentina 1978, España 1982 y México 1986.
Entrevistó a Di Stéfano, Puskás, Cruyff, Pelé, Enzo Ferrari y Niki Lauda.
Vio jugar a Garrincha.
Fue amigo de Reutemann y Gilles Villeneuve.
Estuvo presente en el funeral del canadiense después de su muerte en 1982.
Y además cubrió acontecimientos que escaparon del deporte, entre ellos el regreso de Juan Domingo Perón a Argentina en 1973.
“El presente se hizo con el pasado”
Fazzini reconoce que en televisión llegaron a cuestionarlo porque hablaba demasiado del pasado.
Su respuesta intelectual aparece casi al final de la entrevista.
A los 85 años continúa leyendo, consultando enciclopedias y ejercitando la memoria.
Señala su cabeza y dice:
“Esta es la computadora”.
Y entonces entrega posiblemente la frase que mejor resume su manera de entender el deporte y la vida:
“Soy admirador del pasado porque el presente se hizo con el pasado”.
Ese concepto permite comprender toda la entrevista.
Fazzini no habla de Di Stéfano para negar a Messi.
No recuerda a Fangio para descalificar a los pilotos actuales.
No menciona a Cruyff para disminuir a Guardiola.
Hace exactamente lo contrario.
Conecta las épocas para entenderlas.
Quizás por eso, después de tantas décadas viendo fútbol, automovilismo, Mundiales, campeones y revoluciones tecnológicas, todavía conserva algo que ninguna base de datos puede sustituir fácilmente: la capacidad de explicar por qué ocurrió lo que ocurrió y de dónde vienen las ideas que hoy creemos nuevas.
Ese es el enorme valor de escuchar a Juan Fazzini.
Nota : lo conocí y me impactó escucharlo con Víctor Hugo Morales y Alejandro Apo con Tadio Argentina en mi primer mundial de 1986 , después seguir las carreras de ellos y otros notables periodistas ( Everardo Herrera Soto ).
Fuente principal: entrevista de Diego Borinsky a Juan Marzio Fazzini, publicada por Clarín el 15 de agosto de 2026.

