El continente controla una cuarta parte de los votos del organismo y se ha convertido en el aliado que necesita Gianni Infantino para sostenerse en el poder, aunque su influencia empezó a construirse mucho antes de que él llegara a la presidencia.
Cuando la propuesta de Gianni Infantino para vender parte de los derechos comerciales del Mundial provocó el rechazo conjunto de UEFA, la confederación asiática y la de Norte y Centroamérica el pasado julio, el presidente de la FIFA encontró en África el respaldo que le permitió resistir. No fue casualidad: desde hace más de una década, ningún dirigente llega a la cima de la FIFA sin el aval del continente.
Un país, un voto
El sistema electoral de la FIFA reparte el poder de forma inusual: cada una de las 211 federaciones tiene un voto, sin importar su tamaño ni su peso futbolístico. Alemania pesa igual que Comoras. España, lo mismo que Lesoto.
Bajo esa lógica, las 54 federaciones africanas concentran cerca de una cuarta parte del electorado total. Ninguna candidatura seria puede prescindir de ese bloque, aunque este dista de votar siempre de forma unánime.
El programa que cambió las reglas
Desde 2016, la FIFA canaliza buena parte de su relación con las federaciones a través del programa Forward, que financia estadios, centros de formación y competiciones nacionales. Según cifras del propio organismo, la inversión en África sumaba 1.060 millones de dólares hasta septiembre de 2025 y rondará los 1.280 millones al cerrar el ciclo actual.
El efecto se aprecia en casos concretos. Cabo Verde, un archipiélago de apenas 500.000 habitantes, recibió 10,3 millones de dólares entre 2016 y 2022 y debutó este año en un Mundial. Kenia, por su parte, levanta con fondos del programa un centro técnico de 4,6 millones de dólares junto al nuevo estadio Talanta, de 60.000 espectadores, de cara a la Copa Africana de Naciones de 2027.
La ampliación del Mundial también jugó a favor del continente: de cinco plazas directas en la era de 32 selecciones, África pasó a nueve, más una repesca. En la última cita disputada en Norteamérica, diez equipos africanos llegaron a la fase final.
La crisis de julio y la fractura con Europa
El pulso actual gira en torno a FIFA Forward Enterprise, la filial con la que Infantino busca vender una participación minoritaria a inversores privados para elevar el fondo de desarrollo por encima de los 10.000 millones de dólares. A cambio, cada federación podría recibir hasta 20 millones de dólares de forma inmediata y sumas crecientes en los siguientes ciclos, frente a los 8 millones actuales.
UEFA, con sus 55 miembros, rechazó el plan a finales de julio, seguida por Concacaf. La federación mexicana, en cambio, optó por estudiar la propuesta antes de fijar postura, y CAF no se sumó al bloque opositor.
La brecha revela dos prioridades distintas. En Europa, la discusión se centra en la gobernanza y en el riesgo de ceder control comercial a inversores externos. En buena parte de África, el debate es más inmediato: estadios, becas, torneos juveniles y fútbol femenino que hoy dependen de ese dinero.
Rumbo a Rabat 2027
El próximo 18 de marzo de 2027, las 211 federaciones elegirán presidente en Rabat, capital de un país que simboliza como ningún otro el ascenso africano dentro del fútbol mundial. Marruecos coorganizará el Mundial de 2030 junto a España y Portugal, y su federación, presidida por Fouzi Lekjaa, ocupa un lugar central en el Consejo de la FIFA.
Esa cita confirmará algo que ya es evidente en cada negociación reciente: África dejó de ser la periferia del fútbol mundial para convertirse en el bloque que decide quién gobierna la FIFA.
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