Gianni Infantino ya no se mueve por el mundo únicamente como dirigente de fútbol. Jets ejecutivos, caravanas de seguridad, reuniones con presidentes y un salario multimillonario forman parte de una presidencia de la FIFA que ha adquirido dimensiones comparables, en algunos aspectos, a las de un jefe de Estado.
Un amplio reportaje de BBC Sport puso bajo la lupa cómo funciona el cargo que ocupa el suizo-italiano desde 2016, precisamente cuando atraviesa una de las mayores crisis de sus diez años al frente del fútbol mundial.
La controversia por el fallido proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE), que contemplaba abrir a inversión privada una participación del negocio comercial de la organización, provocó una fuerte reacción en Europa y obligó a Infantino a retroceder.
Pero también permitió observar hasta dónde llegan sus apoyos.
De un país a otro en jet ejecutivo
Según BBC, Infantino ha utilizado un avión ejecutivo de Qatar Airways puesto a su disposición, una facilidad que durante el Mundial de 2026 le permitió realizar hasta tres desplazamientos en un mismo día.
A eso se suman caravanas de vehículos, escoltas y protocolos de seguridad.
Antes del Congreso de FIFA celebrado en Vancouver, las autoridades locales incluso rechazaron una petición de seguridad de nivel cuatro, un dispositivo habitualmente reservado para jefes de Estado o el Papa, según el reporte británico.
Viajar, naturalmente, forma parte de las obligaciones del presidente de una organización integrada por 211 federaciones nacionales. Infantino visita asociaciones, torneos y proyectos financiados por FIFA y mantiene contactos constantes con dirigentes deportivos y gobiernos.
Pero la dimensión que ha adquirido esa diplomacia futbolística ha llamado cada vez más la atención.
Un salario superior a los 5 millones de dólares
El poder viene acompañado de una importante remuneración.
BBC señala que Infantino recibe actualmente alrededor de US$5,3 millones anuales, sumando un salario base cercano a US$2,9 millones y una bonificación variable de aproximadamente US$2,4 millones.
Cuando llegó a la presidencia en 2016 percibía alrededor de US$1,7 millones.
En una década, por tanto, su remuneración prácticamente se triplicó.
Sus defensores argumentan que durante su administración FIFA también ha alcanzado ingresos históricos y aumentado considerablemente los recursos distribuidos entre las federaciones.
Y precisamente allí aparece una de las claves de su enorme fortaleza política.
El dinero también construye lealtades
Para numerosas federaciones de África, Asia, Concacaf y otras regiones, los fondos procedentes de FIFA son fundamentales para financiar infraestructura, selecciones nacionales y programas de desarrollo.
Infantino ha construido una sólida relación con esas asociaciones.
La Confederación Africana de Fútbol (CAF), por ejemplo, anunció oficialmente desde abril el apoyo unánime de sus federaciones a su reelección para el periodo 2027-2031.
Infantino ya confirmó que buscará un nuevo mandato.
Por eso, aunque desde Europa se cuestione cada vez más su liderazgo, removerlo no parece una tarea sencilla.
Trump, el vínculo que generó más polémica
La relación de Infantino con el presidente estadounidense Donald Trump se convirtió en uno de los puntos más cuestionados de su gestión.
Ambos aparecieron juntos repetidamente durante el Mundial y el vínculo llegó incluso al terreno disciplinario.
Trump reconoció que llamó personalmente a Infantino después de la expulsión del estadounidense Folarin Balogun durante la Copa del Mundo.
Posteriormente la suspensión del delantero fue levantada, una decisión que generó una fuerte controversia.
Infantino confirmó la llamada, pero sostuvo que explicó a Trump que los órganos disciplinarios de FIFA son independientes y que él no podía intervenir en sus decisiones.
El episodio alimentó, sin embargo, las críticas de quienes consideran que el presidente de FIFA ha desarrollado una cercanía excesiva con determinados líderes políticos.
Colombia mostró que Infantino todavía tiene aliados
La mejor demostración de que Infantino conserva una poderosa estructura de respaldo llegó esta semana.
En plena crisis viajó a Colombia para asistir a la toma de posesión del nuevo presidente Abelardo de la Espriella.
Allí apareció junto al presidente de la Federación Colombiana, Ramón Jesurún, y recibió públicamente el respaldo del presidente de Conmebol, Alejandro Domínguez.
Mientras desde Europa aumentaban las críticas, Sudamérica enviaba una señal diferente.
Infantino sigue teniendo aliados.
¿Está realmente en peligro?
Ese es ahora el punto central.
Reuters informó este sábado que FIFA denunció una supuesta campaña para debilitar a su presidente después del colapso del proyecto de inversión privada.
La oposición europea es importante y el enfrentamiento con UEFA constituye posiblemente el desafío político más serio que ha enfrentado Infantino.
Pero una elección presidencial de FIFA no se decide por el peso deportivo de cada país.
Cada una de las 211 asociaciones dispone de un voto.
El voto de una pequeña federación vale exactamente lo mismo que el de Alemania, España, Inglaterra, Brasil o Argentina.
Y durante diez años Infantino ha trabajado intensamente esas relaciones.
Por eso la imagen de sus jets, caravanas, reuniones presidenciales y viajes permanentes explica solamente una parte de la historia.
La otra está en la enorme red política que ha construido alrededor del planeta.
Infantino puede encontrarse hoy más cuestionado que en cualquier otro momento de su presidencia.
Pero cuestionarlo y conseguir los votos necesarios para desplazarlo son dos cosas completamente diferentes.
Y esa puede ser, precisamente, la mayor demostración del poder que significa ser presidente de la FIFA.

