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La FIFA publicó una serie de tres capítulos en donde analiza el diseño de partidos reducidos para fomentar el desarrollo de los futbolistas.

El diseño de partidos reducidos 

La importancia de la cantidad de jugadores y del espacio

El fútbol es un deporte que requiere tomar decisiones, interactuar con otros jugadores y adaptarse continuamente. Los jugadores deben captar la información, solucionar problemas, llevar a cabo acciones y responder en el momento a situaciones cambiantes. Por lo tanto, la manera más efectiva de formar a jugadores es jugando al fútbol.

Disputar partidos en entrenamientos permite que los jugadores se beneficien de todos aquellos aspectos que distinguen al fútbol. Son competitivos, atractivos y divertidos, y en ellos se trabaja el ataque, la defensa, las transiciones, la dirección y los goles en equipo y contra compañeros rivales. Pero, por encima de todo, posibilitan que los jugadores se enfrenten a los mismos tipos de problemas que se encontrarán en situaciones de juego real.

Por ello, no se deben considerar simplemente como un recurso para que los entrenamientos sean más amenos o como un ejercicio reservado para el final de la sesión. Son uno de los entornos de aprendizaje más eficaces de los que disponen los entrenadores y deben formar parte integral del proceso de desarrollo.

Los 11 contra 11 no son siempre el mejor recurso

Si el fútbol se aprende jugando, es lógico preguntarse por qué no disputamos partidos de 11 contra 11 todo el rato, y la respuesta reside en la relación entre la realidad y la frecuencia de oportunidades.

Si bien un partido completo incluye todos los aspectos que los jugadores deben dominar, muchas de estas situaciones no ocurren con tanta frecuencia en el plano individual. En la Copa Mundial de la FIFA 2022™, los delanteros centro registraron un promedio de apenas 1.79 remates por partido, los extremos completaron 1.55 regates y los centrales salieron conduciendo el balón una media de 1.23 veces por encuentro. Si bien dichas acciones pueden resultar decisivas, ocurren muy de vez en cuando en el transcurso de un partido.

Por lo tanto, el problema no es la falta de oportunidades de aprendizaje, sino las contadas ocasiones en las que los futbolistas se enfrentan a situaciones concretas. Si bien los jugadores practican el fútbol, es posible que no se encuentren ante acciones, decisiones o problemas tácticos concretos con la suficiente frecuencia como para estimular su desarrollo.

Aprender a través de la repetición

Para abordar este propósito, los entrenadores pueden modificar algunos aspectos de un partido sin desvirtuar la esencia del fútbol, entre ellos:

intensificar los problemas tácticos concretos;
aumentar la frecuencia de acciones y situaciones básicas;
simplificar la complejidad para los jugadores en formación;
crear retos adicionales para los jugadores más expertos;
fomentar actitudes y soluciones concretas.
Cabe destacar que el objetivo no es crear una simulación perfecta de un partido, sino incidir de manera intencionada en algunos aspectos futbolísticos para que los jugadores se enfrenten a ellos con mayor frecuencia y aprendan de manera más eficaz.

Además, los partidos que incorporan modificaciones siguen conservando los aspectos esenciales del fútbol, como el ataque, la defensa y las transiciones, pero las situaciones que propician el aprendizaje se suceden con mayor frecuencia y de manera más clara y sistemática.

Una estructura para diseñar partidos

Si bien los partidos se pueden ajustar de maneras distintas, los cambios se pueden clasificar en cuatro categorías principales:

  • Jugadores
  • a escala real
  • Propósitos
  • Reglas

Cada uno de estos condicionantes ejerce una influencia distinta en la conducta de los jugadores y, de manera conjunta, configuran los problemas a los que estos se enfrentan y las soluciones que encuentran. En esta primera parte, estudiaremos cómo los jugadores y el espacio influyen en el entorno de aprendizaje. En la segunda, analizaremos cómo se pueden utilizar los objetivos y las normas para guiar la conducta de los jugadores y recalcar resultados concretos de aprendizaje.

1-Jugadores

Al variar la cantidad y las funciones de los jugadores, así como las proporciones numéricas entre ellos, los entrenadores influyen en la frecuencia de participación y la presión a la que se enfrentan los futbolistas. Asimismo, determinan si el aprendizaje se centra en actitudes específicas de una posición o en competencias más generales y transferibles.

1.1 Contar con más o menos jugadores

Una de las maneras más directas y efectivas de modificar un partido es variar la cantidad de jugadores participantes. No es lo mismo jugar un 2 contra 2, un 4 contra 4, un 8 contra 8 o un 11 contra 11.

En líneas generales, contar con menos jugadores incrementa la participación individual, puesto que aumenta las opciones de tocar el balón, tomar decisiones y participar en jugadas ofensivas y defensivas. Por otro lado, contar con una cantidad mayor de jugadores aumenta la complejidad táctica y se asemeja más a la realidad, pero disminuye las intervenciones directas por jugador.

Si bien la relación entre la participación individual y la complejidad táctica puede resultar obvia, a menudo sus efectos se subestiman en la formación de juveniles, sobre todo a largo plazo.

1.2 Igualdad o desigualdad numérica

La proporción numérica entre jugadores se utiliza a menudo para configurar la dinámica de los ejercicios. En partidos con igualdad numérica se generan interacciones más equilibradas y realistas, mientras que el desequilibrio numérico permite estabilizar la posesión y dificultar la tarea de los defensas.

Si bien los cambios en la proporción numérica son efectivos, a menudo se infravaloran las consecuencias que tienen en la conducta táctica.

En situaciones de superioridad numérica, el equipo atacante debe formar un bloque estructurado y apoyarse en el jugador libre de marca para elaborar la jugada. Se buscan las soluciones de manera colectiva, mediante el pase. Los defensas que estén en inferioridad numérica también deben trabajar en equipo, utilizar el balón como el principal punto de referencia y coordinar sus movimientos para contrarrestar la desventaja.

En los equipos con igualdad numérica, por el contrario, la presión se suele ejercer de manera directa y constante. Los defensores sin posesión pueden jugar con mayor intensidad, lo que provoca una presión y un marcaje más individual. El equipo que tiene el balón debe zafarse de la presión rival a través de desplazamientos constantes, el manejo del balón y las soluciones individuales, lo que genera más disputas y acciones individuales.

Por lo tanto, la proporción numérica no solo determina la dificultad del encuentro, sino que repercute en las conductas y soluciones que se plantean.

1.3 Funciones generales o específicas de una posición

Los jugadores también pueden aprender mediante las distintas funciones en un partido. Los entrenadores pueden diseñar partidos centrados en determinadas posiciones mediante una división realista del terreno de juego, con referencias posicionales y funciones de una situación concreta, o partidos más generales que trabajan principios de juego más amplios.

Los partidos que trabajan posiciones específicas reproducen con más exactitud la realidad táctica y permiten que los jugadores desarrollen los conocimientos, las relaciones y las conductas propias de posiciones concretas. Esto puede resultar útil a la hora de desarrollar la conciencia posicional, la relación entre jugadores y los objetivos tácticos específicos.

Si bien los partidos centrados en posiciones específicas recrean con más exactitud las exigencias de un partido real, los más generales permiten ofrecen una mayor variedad de experiencias y desarrollan muchos de los principios fundamentales.

2-Espacio

El espacio condiciona el tiempo del que disponen los jugadores, la rapidez con la que se ejerce la presión y las soluciones que se encuentran. Al variar las dimensiones y la forma del terreno de juego, los entrenadores modifican el ritmo del juego y las acciones que se llevan a cabo.

2.1 Espacios reducidos o amplios

Cuando hablamos del espacio, no solo se tienen en cuenta las dimensiones del terreno de juego, sino la cantidad de espacio disponible en proporción a la cantidad de jugadores.

Disminuir el espacio relativo incrementa la densidad de interacción. Los rivales, al estar más cerca, ejercen presión con más rapidez, y los jugadores tienen menos tiempo de captar información y actuar. El ritmo de juego es alto y necesita de un gran esfuerzo cognitivo, ya que requiere procesar información de manera constante y tomar decisiones rápidamente.

Si se aumenta el espacio relativo, se consigue el efecto contrario. Los jugadores tienen más tiempo para percibir información y más oportunidades de aprovechar el espacio mediante desplazamientos constantes, los pases y la conducción del balón. Al mismo tiempo, aumenta la exigencia física, pues los jugadores recorren distancias más grandes, ejecutan carreras más largas y defienden zonas más extensas.

Cabe destacar que ejercer una mayor presión no implica necesariamente que se generen más situaciones de 1 contra 1. Si bien los espacios reducidos provocan más disputas, los más amplios permiten dejar expuestos a los defensores y superar a la zaga rival.

Diferentes formas del campo

La forma del terreno de juego puede influir tanto como sus dimensiones generales. Al modificar las proporciones del campo, los entrenadores motivan diferentes conductas tácticas.

Los terrenos de juego alargados y estrechos suelen favorecer la progresión. Al no disponer de mucho espacio en las bandas, los jugadores deben combinar entre líneas y asociarse por el centro, jugar hacia adelante y atacar el espacio hacia la portería. Por el contrario, en los campos cortos y anchos, el espacio se distribuye hacia los lados, lo que permite jugar por fuera, conducir el balón y efectuar cambios de orientación.

Sin embargo, la forma del terreno de juego también puede limitar la conducta. Un campo alargado y estrecho propiciará un juego más directo, pero no implica que los jugadores entiendan cuándo y por qué deben jugar hacia delante; simplemente, responden ante la limitación del terreno de juego.

Por lo tanto, la estrategia de modificar la forma del campo se utiliza normalmente para desarrollar destrezas específicas (por ejemplo, asociarse hacia adelante), en lugar de mejorar la lectura del juego (saber cuándo jugar entre líneas o por las bandas).

Impulsar el aprendizaje mediante partidos reducidos

La importancia de fijar objetivos y normas

En la primera parte, analizamos cómo ajustar la cantidad de efectivos y el espacio disponible modifica la experiencia de los jugadores. Además, observamos que la cifra de jugadores, las proporciones numéricas, las funciones, las dimensiones y la forma del terreno de juego influyen en los problemas a los que se enfrentan los jugadores y las soluciones que encuentran.

En la segunda parte, nos centramos en los otros dos condicionantes a la hora de diseñar estos partidos de entrenamiento: los objetivos y las normas. Si bien los jugadores y el espacio conforman el entorno en el que se desarrolla el partido, los objetivos y las normas influyen en lo que los jugadores intentan alcanzar y en cómo eligen conseguirlo. En conjunto, estos condicionantes permiten a los entrenadores orientar la conducta, hacer hincapié en objetivos de aprendizaje concretos y crear entornos de aprendizaje más eficaces.

3. Objetivos

Los objetivos definen la finalidad del ejercicio. Los entrenadores, al ajustar cómo y dónde pueden marcar gol los equipos, influyen en los objetivos de los jugadores, en cómo utilizan los espacios y en qué conductas tácticas son más pertinentes tanto en la fase ofensiva como en la defensiva.

3.1 Tipo de objetivo

El tipo de objetivo determina qué acciones y qué conductas tácticas tienen más probabilidades de ocurrir. En otras palabras, la manera en la que los jugadores marcan gol responde a menudo a la acción que entrenan:

Las porterías de dimensiones reglamentarias fomentan la definición.

Las miniporterías premian los pases precisos y el juego combinativo.
Las puertas (de picas o conos) fomentan la conducción del balón y las estrategias para rebasar a los rivales.
Las zonas de finalización ayudan a desarbolar la defensa rival mediante pases y desplazamientos.
Los entrenadores seleccionarán minuciosamente los tipos de objetivos para ajustarlos al propósito táctico, la función posicional o el objetivo de desarrollo deseado.

3.2 Cantidad de objetivos

La cantidad de objetivos influye en cómo los jugadores perciben y aprovechan los espacios. Utilizar una sola portería orientará el juego hacia un único objetivo y, a menudo, fomentará los avances directos y la solidez defensiva.

Utilizar varias porterías propiciará oportunidades constantes. Los jugadores deben levantar la cabeza, sopesar las opciones y detectar la manera más provechosa de subir el balón. Esto, a su vez, fomenta conductas como el posicionamiento estratégico, los cambios de dirección, los cambios de orientación, los ataques al espacio desprotegido y aprovechar las situaciones de superioridad. Los defensores deben organizarse en conjunto para sofocar las distintas ocasiones de gol del rival.

3.3 La disposición de las porterías

La disposición de las porterías determina cómo los equipos atacan y defienden. Las porterías en las zonas centrales fomentan las conductas de ataque realistas, puesto que los defensores protegen la zona central de manera natural. Situar las porterías en los laterales abre el campo y fomenta la amplitud, la circulación y los cambios de orientación. Además, obliga a los defensores a bascular horizontalmente.

Otras disposiciones menos convencionales, como colocar las porterías dentro del campo o a distintas alturas, genera numerosos espacios en los que atacar y defender. Modificar la ubicación de las porterías permite a los entrenadores guiar las conductas tácticas de una manera más sutil. Por ejemplo, colocar puertas dentro del terreno de juego por las que conducir el balón fomenta que los equipos defiendan y presionen más arriba sin tener que dar la instrucción explícitamente (13.er partido).

4. Normas

Las normas son un modo muy efectivo de guiar las conductas durante un partido. Ajustar lo que está permitido, lo que se precisa o lo que se recompensa permite a los entrenadores influir en aquello a lo que los jugadores prestan atención, qué acciones tienen más valor y qué patrones surgen de manera recurrente.

4.1 Restricciones

Las restricciones limitan o encauzan la conducta de los jugadores, puesto que reducen las opciones de las que disponen. A menudo se utilizan para aumentar la frecuencia de determinadas acciones o para fomentar que los jugadores consideren soluciones que, de otra manera, no contemplarían.

Uno de los ejemplos más habituales es limitar a uno o dos los toques de balón. Esto incrementa la frecuencia de los pases, fomenta los movimientos sin balón y provoca que los jugadores levanten la cabeza antes de recibir el balón. Otros tipos de restricciones influyen en la conducta de los jugadores de distintas maneras:

Fijar una cantidad mínima de pases (p. ej. al menos cinco pases antes de marcar) prolonga la posesión y fomenta la capacidad de mantener la serenidad bajo presión. Asimismo, permite a los defensores organizarse, presionar y entrenar conductas de presión de manera más sistemática.

Fijar una cantidad máxima de pases (p. ej. rematar antes de dar más de cinco pases) imprime velocidad al juego y fomenta que los jugadores traten de atacar más rápidamente, lo que aumenta la frecuencia con la que se asumen riesgos y los pases entre líneas.

Fijar límites de tiempo (p. ej. recuperar la posesión en menos de cinco segundos o marcar en un máximo de ocho segundos) fomenta las transiciones, la presión tras pérdida y la ocupación rápida de los espacios.
Las restricciones pueden resultar muy beneficiosas cada vez que los entrenadores deseen replantear ciertos hábitos, conseguir que los jugadores aprendan nuevas conductas tácticas o incrementar la frecuencia de situaciones concretas. No obstante, puesto que restringen el abanico de opciones disponibles, también pueden restar realismo y limitar la toma de decisiones. Si se utilizan en exceso, es posible que los jugadores adopten decisiones de manera distinta a como lo harían durante un partido simplemente por cumplir las normas.

Por este motivo, las limitaciones se deben aplicar de manera selectiva y con un objetivo de aprendizaje claro.

4.2 Recompensas e incentivos

Los incentivos guían el comportamiento de un modo distinto. En lugar de limitar las opciones, premian acciones concretas. De este modo, resultan más atractivas para los jugadores, que no tienen por qué renunciar a soluciones alternativas.

Estos son algunos ejemplos:

Puntos extra por cada cambio de orientación o uso de la banda más desprotegida
Puntos extra por recuperar la posesión en zonas adelantadas
Puntos extra por subir el balón por los carriles centrales
A menudo, los incentivos propician entornos de aprendizaje más naturales, porque los jugadores tienen libertad para elegir entre todo un abanico de opciones. Además, incrementan la probabilidad de que se empleen las conductas deseadas sin renunciar a la fluidez del juego, la aproximación a la realidad del juego y la autonomía de los jugadores.

Cómo interactúan los condicionantes

Es importante entender cómo funciona cada condicionante por sí solo, pero comprender cómo interactúan es más importante si cabe. El comportamiento de los jugadores no surge de una única modificación, sino de la interacción entre distintas modificaciones. El mismo cambio puede producir resultados distintos en función de cómo se combina con la cantidad de jugadores, el espacio, los objetivos y las normas.

Por ejemplo, en un 3 contra 3 con el método Funiño con dos porterías a cada lado, el hecho de agregar una zona de remate fomentará que los jugadores efectúen un cambio de orientación antes de internarse en la zona más propicia para marcar gol. Sin embargo, si no se delimita una zona de remate, el mismo partido puede derivar en pases largos y más directos hacia las porterías.

Principios para un diseño de partidos eficaz

A la hora de diseñar un partido, hay principios que pueden ayudar a optimizar el aprendizaje.

1-Empezar por el objetivo de aprendizaje

Cada partido debe tener un propósito claro. Comience por concretar qué quiere que desarrollen los jugadores. Los objetivos de aprendizaje pueden abordar distintas facetas del juego, como por ejemplo:

Fases del juego, como la presión, los contragolpes, la elaboración desde atrás o la solidez defensiva.
Principios del juego, como generar espacios, ofrecer ayudas, internarse, mantener la posesión o efectuar cambios de orientación.
Acciones individuales, como los controles orientados, levantar la cabeza, conducir el balón, rematar o defender situaciones de 1 contra 1.

2-Modificar solo lo necesario

Los cambios más sutiles suelen tener efectos muy notables en la conducta de los jugadores. Utilice únicamente las modificaciones que refuercen directamente el objetivo. De este modo, el partido tendrá un propósito claro, será representativo y fácil de entender.

Conservar el sentido del partido y modificar solo lo estrictamente necesario.
Evitar conductas antinaturales con excesivas restricciones.
Aumentar la práctica de situaciones significativas y pertinentes para los partidos.

3-Ajustar el entrenamiento al diseño

El diseño de los partidos y las intervenciones del entrenador se deben complementar. Los partidos bien diseñados ofrecen oportunidades de aprendizaje, y la eficacia del entrenamiento ayuda a que los jugadores reconozcan esas experiencias, las interpreten y se desarrollen con base en ellas.

Dejar tiempo para el descubrimiento y la adaptación.

Evitar las interrupciones constantes que dificultan el aprendizaje y cortan la fluidez.
Saber cuándo los jugadores necesitan ayuda y emplear preguntas, observaciones o instrucciones para que los jugadores mejoren.

De cara al futuro

En conjunto, estos dos artículos establecen un marco para entender cómo se pueden diseñar los partidos a fin de fomentar el desarrollo de los jugadores. En los siguientes artículos, analizaremos formatos de partido concretos a través de los cuatro condicionantes y estudiaremos cómo las distintas opciones para el diseño de los partidos pueden producir diferentes objetivos de aprendizaje.

Comprender los partidos reducidos

3 contra 3 con el método FUNiño: perfeccionamiento de la lectura del juego y la toma de decisiones

El método FUNiño, ideado por Horst Wein, se ha convertido en uno de los formatos de partido reducido más influyentes del fútbol juvenil. Destaca su naturaleza participativa, pero, sobre todo, su utilidad a la hora de trabajar la lectura del juego y la toma de decisiones.

El método FUNiño emplea varias porterías y favorece que los jugadores ocupen todo el campo, levanten la cabeza, evalúen la situación y sepan elegir cuándo internarse y cuándo cambiar la orientación del juego. El formato, en definitiva, facilita que los futbolistas aprendan a encontrar los espacios, generen líneas de pase y muevan el balón estratégicamente para superar al rival. Al mismo tiempo, permite desarrollar las habilidades técnicas necesarias para ejecutar dichas acciones, entre las que se incluye el regate, el pase, la recepción y el juego asociativo.

En este artículo, analizamos el método FUNiño a través de la estructura para el diseño de partidos presentada en las dos primeras partes de esta serie. Además, observamos cómo el diseño de estos partidos influye en la conducta del futbolista, por qué este método propicia un entorno de aprendizaje tan eficaz y cómo puede adaptarlo el entrenador si necesita enfatizar diferentes objetivos tácticos y técnicos.

El siguiente vídeo muestra un resumen del método. Seguidamente, analizamos los principios a partir de los cuales se ha diseñado.

Comprensión del método

El método FUNiño consiste en un partido direccional de 3 contra 3 en un terreno de 25 x 25m. Cada equipo defiende dos miniporterías y ataca otras dos, pero los goles solo cuentan cuando se anotan desde una zona de remate delimitada. Se trabaja en rondas cortas e intensas, y se favorece un flujo constante de acciones de ataque, defensa y transición, lo que propicia la participación constante de todos los jugadores.

Objetivos de aprendizaje
Los partidos adaptados pueden abordar distintos aspectos del juego, desde fases concretas como la presión o la elaboración desde la defensa hasta principios más generales como la creación de espacios o la defensa en bloque compacto, además de acciones individuales como la conducción, el pase o el remate.

A la hora de configurar el tipo de partido, es importante saber los aspectos que se trabajan y los que no, puesto que, al enfatizar ciertos elementos, resulta inevitable que se dejen de lado otros.

El método FUNiño no pretende recrear fases concretas del juego. Aunque los participantes toman decisiones constantemente sobre cómo elaborar las jugadas y evitar que los rivales hagan lo propio, estos partidos omiten numerosos aspectos posicionales y tácticos de planteamientos en los que participan más jugadores.

El método FUNiño resulta muy eficaz para aprender a leer el juego, tomar decisiones y adquirir competencias individuales necesarias para superar a los adversarios. En concreto, promueve los siguientes principios ofensivos:

Ensanche del campo: los equipos atacan contra dos porterías, por lo que aprenden a ocupar todo el ancho del campo, a abrir la defensa y a habilitar líneas de pase.
Penetración: los jugadores buscan oportunidades para romper líneas conduciendo el balón, pasar hacia delante y desmarcarse a la espalda de los defensores.
Cambios de orientación: cuando una portería está bloqueada, la mejor opción suele ser atacar por el lado opuesto.
Creatividad e iniciativa: en lugar de prescribir soluciones, el método fomenta que el jugador experimente, asuma riesgos y resuelva problemas de forma autónoma.
Dinámica del método
Las conductas que propicia el método FUNiño no son consecuencia de una única característica de su diseño, sino que surgen de la interacción entre los jugadores, el espacio, los objetivos y las reglas.

Labor del entrenador

Los ejercicios correctamente diseñados permiten aprender, pero no garantizan que vayan a surgir las conductas esperadas. Los jugadores necesitan tiempo para explorar, experimentar y descubrir soluciones. Cuando se empiezan a detectar patrones, el entrenador puede plantear preguntas en momentos oportunos, ofrecer una valoración e intervenir mínimamente para ayudar a los jugadores a reconocer aspectos importantes, a entender por qué ciertas soluciones son eficaces y a aplicarlas de forma sistemática. Los siguientes ejemplos ilustran cómo la labor del entrenador favorece que los jugadores aprendan con el ejercicio.

1-Generar situaciones de superioridad mediante el movimiento

El entrenador debe ayudar a los jugadores a entender que moverse con inteligencia puede reportarles ventajas numéricas puntuales. Cuando el jugador que ocupa el centro se desmarca a la espalda del defensor, este se ve obligado a tomar una decisión, lo que da pie a dos situaciones posibles:

Si el defensor permanece donde está, el jugador que se interna queda libre de marca para recibir a la espalda (A).

Si el defensor le sigue, deja libre un espacio en el centro que el portador del balón puede aprovechar si conduce hacia dentro. Esto genera una situación puntual de 2 contra 1 en el lado opuesto (B).

Al explicar estas posibilidades, el entrenador ayuda a que los jugadores entiendan cómo influyen sus movimientos en los defensas y cómo generan ventajas para sus compañeros.

2-Interpretar la presión defensiva

Los jugadores de banda deben interpretar en todo momento el comportamiento del defensor y actuar en consecuencia. En lugar de repetir el mismo patrón de movimiento, aprenderán a posicionarse en función de la situación, lo que suele generar dos situaciones contrapuestas:

Si el defensor mantiene una posición retrasada, el jugador de banda ofrece la opción de pasar en corto, recibir al pie y atacar desde ahí (A).
Si el defensor emplea un marcaje más estrecho, deja libre un espacio a su espalda que el jugador de banda puede aprovechar con un desmarque oportuno (B).

Al destacar la importancia de estos indicios, el entrenador ayuda a los jugadores a entender que el movimiento eficaz no consiste en seguir una serie de patrones preestablecidos, sino en detectar aquello que el defensor pretende neutralizar y en aprovechar los espacios que se generan.

3-Elegir el momento ideal para efectuar un cambio de orientación

Los jugadores deben aprender que el cambio de juego es la mejor opción siempre que:

el camino directo hacia la portería esté bloqueado;
el rival haya basculado hacia una banda;
haya espacio libre en el flanco opuesto.
Las indicaciones del entrenador ayudan a los jugadores a entender que elaborar una jugada de ataque no siempre implica avanzar en la misma dirección.

4-Cambiar el juego de manera eficaz

Detectar el momento adecuado no es más que el primer paso de esta acción. Además, los jugadores deben aprender a ejecutar el cambio de orientación antes de que el defensor pueda recuperar la posición. Un cambio de orientación eficaz requiere:

que los compañeros de equipo se encuentren en una posición adelantada;
enviar el pase a la pierna más adelantada del receptor;
enviar el pase a la velocidad justa y en el momento preciso.
El objetivo no es otro que desplazar el balón antes de que la defensa bascule y cierre espacios.

Variaciones del ejercicio

Una de las ventajas del método FUNiño es su versatilidad a la hora de trabajar diferentes aspectos del juego.

Conclusiones principales

El método FUNiño demuestra que mediante un diseño detallado de partidos se puede conseguir un entorno didáctico muy completo sin complicaciones innecesarias. Su eficacia se debe a la interacción de varios factores:

Cuantos menos jugadores haya en el campo, más participará cada uno
La igualdad numérica favorece la resolución individual de problemas
La forma y las dimensiones del campo determinan las posibilidades de juego en vertical y en horizontal
El uso de varias porterías fomenta el análisis de la situación y los cambios de orientación
Delimitar una zona de remate favorece las internadas antes de terminar la jugada
El entrenador ayuda a los jugadores a detectar y aplicar soluciones eficaces
Teniendo en cuenta todo lo anterior, resulta evidente que el método FUNiño, más que una mera serie de ejercicios en espacio reducido, es un ejemplo práctico de cómo un diseño minucioso del trabajo puede determinar el comportamiento del jugador, fomentar la repetición de movimientos determinantes e impulsar el desarrollo futbolístico.

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