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El capitán argentino reforzó su preparación física durante 2026, mantuvo los hábitos alimenticios que transformaron su carrera y aprendió a administrar cada esfuerzo.

Sus ocho goles en el torneo muestran que su vigencia no depende únicamente del talento.

Lionel Messi sigue jugando contra los rivales, pero también contra el tiempo.

A los 39 años, el capitán argentino ha convertido el Mundial de 2026 en el más goleador de su carrera. Suma ocho tantos, es el máximo anotador histórico de la competición y continúa siendo el futbolista alrededor del cual Argentina construye sus ataques.

La explicación fácil sería recurrir a su talento. Messi conserva una sensibilidad con el balón que pertenece a muy pocos futbolistas. Pero llegar a esta edad en condiciones de competir durante una Copa del Mundo exige mucho más que genética.

Según reveló el periodista Hernán Claus en Olé, Messi comprendió durante los meses previos al torneo que no quería ocupar un papel testimonial. Su objetivo era llegar preparado para seguir influyendo desde el campo. Por eso, desde comienzos de 2026 reforzó su trabajo físico, además de las sesiones habituales con el Inter Miami, acompañado por preparadores, kinesiólogos y profesionales especializados.

Una preparación pensada para el Mundial

Messi ya había admitido después de Qatar 2022 que veía difícil disputar otra Copa del Mundo. Tenía 35 años y consideraba que aquella final podía haber sido su despedida.

El paso de los meses cambió el escenario. Su continuidad en la selección, la motivación del grupo y la posibilidad de defender el título terminaron convenciéndolo.

Cuando decidió jugar el Mundial, la preparación dejó de ser una posibilidad y se convirtió en un proyecto.

El trabajo tuvo un componente colectivo. Rodrigo De Paul, compañero suyo en Argentina y en el Inter Miami, participó en varias de esas sesiones particulares. Ambos completaron la preparación mundialista con los amistosos ante Honduras e Islandia antes de incorporarse definitivamente a la concentración argentina.

La intención no era convertir a Messi en un futbolista que recorriera más kilómetros, sino conservar su explosividad, protegerlo de lesiones y permitirle repetir esfuerzos decisivos.

El cambio alimenticio que prolongó su carrera

La transformación no comenzó en 2026.

Después del Mundial de Brasil 2014, Messi recurrió al médico italiano Giuliano Poser para modificar sus hábitos alimenticios. El cambio incluyó una mayor presencia de alimentos naturales y menos productos procesados, azúcares y harinas refinadas.

Poser explicó en su momento que la alimentación no podía convertir a ningún jugador en Messi, pero sí ayudarlo a permanecer durante más tiempo en el máximo nivel.

Aquella etapa coincidió con una reducción de los problemas físicos y con una mejor composición corporal. No existe una sola causa que explique la disminución de lesiones —también intervienen la planificación de cargas, el descanso y los tratamientos médicos—, pero la alimentación pasó a ser una parte estable de su rutina profesional.

A esa disciplina se añadieron con los años la hidratación, el sueño, la recuperación muscular y una atención cada vez más detallada a las señales de su cuerpo.

El dato de velocidad que sorprende

Uno de los argumentos utilizados por Olé es la velocidad máxima alcanzada por Messi durante el torneo.

El nutricionista español Ismael Galancho difundió una comparación según la cual el argentino registró un pico de 29,38 kilómetros por hora en Qatar 2022 y alcanzó 30,9 km/h en este Mundial. Esa última cifra aparece atribuida a Sofascore, mientras que el dato de 2022 procede de mediciones de TRACAB.

La comparación resulta llamativa, aunque debe tomarse con cautela: se trata de proveedores y contextos de medición diferentes, y una velocidad máxima aislada no basta para evaluar todo el estado físico de un jugador.

Sí permite sostener una conclusión más prudente: Messi todavía conserva la capacidad de producir aceleraciones importantes a los 39 años.

En el debut contra Argelia, por ejemplo, las estadísticas de FIFA registraron un pico de 28,9 km/h. El dato relevante no fue cuánto corrió, sino la eficacia de sus desplazamientos: apareció en los espacios precisos y convirtió tres goles.

Correr menos, elegir mejor

La principal evolución de Messi no está en recuperar la velocidad que tenía a los 22 años. Está en comprender cuándo utilizarla.

Ya no participa con la misma frecuencia en cada presión ni intenta una gambeta en todas las posesiones. Administra los momentos, se desplaza durante largos tramos a baja intensidad y acelera cuando detecta que la jugada puede desequilibrarse.

Esa economía no debe confundirse con pasividad. Es una manera de proteger energía para intervenir donde realmente importa.

Frente a Egipto, Messi detectó que el centro estaba congestionado y comenzó a recibir por la derecha. Desde allí participó en la acción que inició la remontada argentina. El movimiento mostró que su influencia actual es tanto física como intelectual: lee el partido, modifica su posición y obliga al rival a reorganizarse.

Su Mundial más goleador

El rendimiento respalda la planificación.

Messi ha anotado ocho goles en el Mundial de 2026, una cifra superior a la de cualquiera de sus cinco participaciones anteriores. También superó a Miroslav Klose y se convirtió en el máximo goleador histórico del torneo. FIFA confirmó que rebasó los 16 tantos del alemán y continuó ampliando posteriormente el registro.

Su impacto no se limita a los goles. Argentina continúa entregándole libertad para moverse entre líneas, retrasarse o aparecer por las bandas. El resto del equipo compensa sus desplazamientos y construye una estructura destinada a aprovechar cada intervención suya.

Es una relación recíproca: Argentina protege a Messi, pero Messi sigue resolviendo partidos para Argentina.

Talento, disciplina y adaptación

La vigencia de Messi no responde a un secreto único.

Hay genética y talento natural, pero también alimentación, preparación física, control de cargas, recuperación, apoyo familiar y una ambición que no se apagó después de conquistar Qatar.

Sobre todo, existe adaptación.

Messi entendió que no podía jugar a los 39 años exactamente como lo hacía a los 25. Redujo acciones innecesarias, eligió mejor sus recorridos y conservó intacta la capacidad de decidir.

La mayor victoria contra el tiempo no consiste en correr como antes. Consiste en seguir llegando antes que los demás a la jugada decisiva.

Fuente: Con información original de Hernán Claus, Olé, y datos complementarios de FIFA, Inter Miami y otras fuentes internacionales.

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