Hubo una época en la que bastaba ver unos pocos minutos de un partido para reconocer quién estaba jugando.
Si el balón circulaba con libertad, los laterales atacaban, los extremos abrían la cancha y el equipo parecía disfrutar del riesgo, seguramente era Países Bajos.
Si el conjunto presionaba, nunca se rendía y encontraba la manera de imponerse incluso cuando jugaba mal, seguramente era Alemania.
Hoy ninguna de las dos selecciones parece reconocerse a sí misma.
El Mundial 2026 dejó una imagen impensable hace apenas unos años: Alemania eliminada por Paraguay y Países Bajos cayendo frente a Marruecos, ambas por penales y ambas envueltas en una profunda crisis futbolística.
Pero el verdadero debate no gira alrededor de la eliminación.
La discusión es mucho más profunda.
Holanda dejó de jugar como Holanda
La prensa neerlandesa fue especialmente dura con Ronald Koeman.
No tanto por perder.
Sino por haber abandonado el estilo que durante medio siglo convirtió a la Oranje en una referencia mundial.
Para enfrentar a Marruecos, Koeman modificó el sistema habitual y apostó por una línea de cinco defensores, alejándose del tradicional fútbol ofensivo neerlandés.
Él defendió la decisión.
“Con este planteamiento concedimos muchas menos ocasiones que en la fase de grupos. Si tuviera que hacerlo otra vez, haría exactamente lo mismo”.
Pero el argumento no convenció.
Ni a la prensa.
Ni a los aficionados.
Ni siquiera a varias figuras internacionales.
Thierry Henry confesó que le sorprendió ver a una selección neerlandesa jugando tan atrás.
Y Zlatan Ibrahimović fue todavía más contundente.
“No reconocí a Holanda. Si vas a perder, pierde con tu identidad.”
La frase resume perfectamente el sentimiento que hoy domina en los Países Bajos.
Koeman asumió toda la responsabilidad
Menos de 24 horas después de la eliminación, Ronald Koeman presentó su renuncia.
En su despedida escribió una frase que recorrió toda la prensa neerlandesa.
“Nadie está más decepcionado que yo.”
La Federación Neerlandesa también fue autocrítica.
El director deportivo Nigel de Jong recordó que el objetivo mínimo era alcanzar las semifinales y reconoció que la selección estuvo muy lejos de cumplir esa expectativa.
En medios como Voetbal International y NOS la discusión ya no gira únicamente sobre el próximo entrenador.
La pregunta es mucho más grande.
¿Qué significa hoy jugar como la Oranje?
Alemania ya no encuentra su identidad
En Alemania el debate tomó otro camino.
Julian Nagelsmann no renunció.
Pero quedó seriamente cuestionado.
El excapitán alemán Philipp Lahm escribió una columna demoledora en The Guardian.
No habló únicamente del Mundial.
Habló de una década perdida.
“Alemania ya no sabe cómo quiere jugar.”
Para Lahm, el gran problema ha sido la falta de continuidad.
Cambios constantes de sistema.
Futbolistas utilizados en distintas posiciones.
Ausencia de una idea clara.
Una selección que, según él, dejó de construir una identidad reconocible.
El campeón del mundo en 2014 sostiene que Alemania siempre fue fuerte cuando cada jugador conocía exactamente su función.
Hoy ocurre lo contrario.
Nagelsmann no piensa marcharse
A diferencia de Koeman, Nagelsmann dejó claro que quiere continuar.
Incluso antes de la eliminación ya había respondido a las críticas.
“No tengo que demostrarle nada a nadie.”
Tras caer frente a Paraguay fue todavía más duro consigo mismo.
Reconoció que Alemania ya no puede considerarse una selección de primer nivel, una declaración que refleja el momento que vive la cuatro veces campeona del mundo.
Dos escuelas que enseñaron fútbol al mundo
Durante décadas ambos países marcaron tendencias.
Países Bajos revolucionó el juego con el Fútbol Total de Rinus Michels y Johan Cruyff.
Alemania convirtió la organización, la disciplina y la mentalidad competitiva en una escuela admirada en todo el planeta.
Eran caminos diferentes.
Pero ambos tenían algo en común.
Una identidad inconfundible.
Hoy esa certeza desapareció.
El gran dilema
Ramón Besa lo resume con una reflexión que atraviesa todo este Mundial.
Durante muchos años, Países Bajos aceptó perder si lo hacía atacando.
La derrota era parte del camino hacia una idea.
Alemania, en cambio, aceptaba sufrir porque casi siempre terminaba ganando.
Hoy ninguna de las dos cosas ocurre.
Holanda dejó de jugar como Holanda.
Alemania dejó de competir como Alemania.
Y quizá ese sea el diagnóstico más preocupante.
Porque recuperar un entrenador es relativamente sencillo.
Recuperar una identidad puede llevar muchos años.
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