La Copa del Mundo 2026 se acerca al cierre de su primera fase con un alto promedio goleador y estadios repletos.
Sin embargo, mientras el espectáculo se desarrolla sobre el césped, precisamente el césped se ha convertido en uno de los temas más polémicos del torneo.
Las críticas ya no provienen únicamente de un equipo o una selección. Francia, Brasil, Noruega y otras delegaciones han expresado públicamente su preocupación por el estado de algunas superficies, especialmente en estadios originalmente construidos para el fútbol americano.
“Ni siquiera sé si se le puede llamar cancha”, llegó a decir Adrien Rabiot después del triunfo francés sobre Senegal en el MetLife Stadium.
Una queja que se repite en varios países
Las primeras voces de alarma llegaron desde Brasil.
Tras el empate ante Marruecos, Vinicius Jr. se mostró incómodo con las condiciones del césped del MetLife Stadium, escenario que albergará además la final del Mundial.
“El césped se seca muy rápido y el juego se vuelve lento”, explicó el atacante brasileño.
Pocos días después, Adrien Rabiot fue aún más contundente.
“Es una superficie dura y rígida”, declaró el centrocampista francés.
Desde Noruega, Stale Solbakken describió una situación similar en el Gillette Stadium de Boston después del 4-1 sobre Irak.
“El balón prácticamente se pegaba al césped”, señaló el entrenador escandinavo.
Las observaciones coinciden con análisis publicados en Francia, Alemania, Brasil, Inglaterra y Estados Unidos.
El problema nace bajo la superficie
La mayoría de las sedes mundialistas estadounidenses fueron diseñadas para la NFL y no para el fútbol.
De los 16 estadios del torneo, ocho utilizaban originalmente césped sintético y tuvieron que ser transformados para cumplir las exigencias de la FIFA.
Pero el cambio no es tan sencillo.
Mientras un estadio tradicional de fútbol posee una base de tierra natural donde las raíces crecen durante años, varios recintos estadounidenses cuentan con una estructura completamente distinta.
En el MetLife Stadium, por ejemplo, el césped híbrido descansa sobre una plataforma de hormigón cubierta por arena, sistemas de drenaje y riego. Eso limita la profundidad de las raíces y modifica el comportamiento del balón.
Didier Deschamps explicó que esa base hace que las fibras sean más cortas y que el rebote cambie constantemente dependiendo del nivel de humedad.
La tecnología no ha eliminado los problemas
Para intentar resolver el desafío, la FIFA recurrió a empresas especializadas como la francesa Tarkett, responsable de varios terrenos del torneo.
La compañía instaló el sistema GrassMaster, utilizado también en Clairefontaine, el centro de entrenamiento de la selección francesa.
La superficie está compuesta en más de un 95% por césped natural reforzado con millones de fibras sintéticas destinadas a mejorar la estabilidad.
Sin embargo, las diferencias climáticas entre las sedes han complicado el mantenimiento.
Mientras estadios cerrados como el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta pueden controlar temperatura y humedad mediante aire acondicionado, otros escenarios al aire libre, como MetLife o Gillette Stadium, están expuestos a las variaciones meteorológicas.
Inglaterra y la MLS ya habían advertido del riesgo
La preocupación no es nueva.
Medios británicos recordaron que varios futbolistas ingleses habían expresado dudas antes del torneo por la adaptación del césped en estadios de la NFL.
En Estados Unidos, algunos entrenadores de la MLS también señalaron durante años que las superficies temporales suelen comportarse de forma diferente a los campos permanentes.
Incluso jugadores de la NFL han criticado históricamente la rigidez de ciertas superficies artificiales por el riesgo de lesiones.
La FIFA defiende sus terrenos
Pese a las críticas, la FIFA mantiene una postura firme.
El organismo aseguró que todos los campos se encuentran en excelentes condiciones tanto en seguridad como en jugabilidad y que los equipos especializados continúan realizando ajustes diarios.
No obstante, la polémica sigue creciendo y amenaza con convertirse en uno de los grandes debates del torneo.
El césped, protagonista inesperado del Mundial
En una Copa del Mundo marcada por las pausas de hidratación, las altas temperaturas y la expansión a 48 selecciones, pocos imaginaban que una de las discusiones más repetidas tendría lugar bajo los pies de los futbolistas.
Porque en el fútbol moderno ya no solo importan los sistemas tácticos o la calidad de las plantillas.
También importa dónde rueda la pelota.
Y en Estados Unidos, el reto de adaptar estadios pensados para otro deporte se está convirtiendo en una de las pruebas más complejas para la FIFA.
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