Hay entrenadores que dejan una época. Y hay otros que terminan confundidos con la propia historia de una selección
Didier Deschamps pertenece a esa categoría.
Cuando Francia salte al campo en el Mundial de 2026, el hombre sentado en el banquillo no será simplemente un seleccionador. Será el último vínculo vivo entre las dos estrellas que cambiaron para siempre el fútbol francés.
Fue el capitán que levantó la Copa del Mundo de 1998 en el Stade de France. Veinte años después, fue el entrenador que devolvió a los Bleus a la cima en Rusia 2018.
Y ahora, después de catorce años al frente del equipo nacional, se prepara para escribir el último capítulo de una historia teñida completamente de azul.
El hombre detrás de cuatro generaciones
Pocos personajes han marcado tanto a una selección como Deschamps.
Desde que asumió en 2012, ha dirigido a más de dos centenares de futbolistas y ha convivido con varias generaciones: desde Ribéry, Evra y Benzema, pasando por Pogba, Griezmann y Lloris, hasta llegar a Mbappé, Dembélé, Zaïre-Emery y la nueva camada francesa.
Su gran virtud nunca fue la espectacularidad.
Fue la estabilidad.
Mientras otros proyectos se derrumbaban bajo la presión, Deschamps convirtió a Francia en la selección más constante del último decenio.
Bajo su dirección, los Bleus alcanzaron:
* Cuartos de final en Brasil 2014.
* Final de la Eurocopa 2016.
* Campeones del Mundo en 2018.
* Campeones de la Liga de Naciones en 2021.
* Finalistas del Mundial de Catar 2022. (Wikipedia )
El heredero de Zagallo y Beckenbauer
La historia del fútbol tiene un club muy exclusivo.
Solo tres hombres lograron ganar la Copa del Mundo como jugadores y como entrenadores: Mario Zagallo, Franz Beckenbauer y Didier Deschamps.
Pero el francés añadió un detalle especial.
También fue capitán del equipo campeón de 1998, cuando levantó el trofeo entregado por el presidente Jacques Chirac frente a millones de franceses que celebraban en los Campos Elíseos.
Aquella noche nació una leyenda.
El criticado que nunca dejó de ganar
Paradójicamente, Deschamps nunca fue unánimemente amado en Francia.
Muchos le reprocharon su pragmatismo, sus planteamientos conservadores y su obsesión por el equilibrio.
Pero mientras las críticas se acumulaban, los resultados seguían apareciendo.
Su filosofía siempre fue sencilla: en las selecciones se gana más con cohesión que con espectáculo.
Por eso sobrevivió a las derrotas, a las polémicas y a los cambios generacionales.
Porque entendió algo que pocos entrenadores comprenden: un Mundial no se juega como un club, se administra como una familia.
La última danza
El Mundial de 2026 será su despedida. Deschamps ya anunció que abandonará el cargo una vez finalice el torneo.
La transición parece escrita desde hace tiempo.
En Francia todos miran a Zinedine Zidane como el sucesor natural, pero antes queda una última misión para el hombre que definió una era.
Kylian Mbappé, con doce goles mundialistas, liderará un equipo que vuelve a estar entre los favoritos y que sueña con regalarle una despedida perfecta a su entrenador.
Una vida en azul
El especial de L’Équipe se llama “Deschamps, la vida en azul”.
Y quizá no exista mejor definición.
Porque para Didier Deschamps, Francia nunca fue un trabajo.
Fue una forma de vivir.
Fue el capitán que levantó la primera estrella.
Fue el entrenador que conquistó la segunda.
Y ahora, en Estados Unidos, México y Canadá, busca un último milagro.
Uno que lo colocaría definitivamente en el lugar donde habitan los inmortales del fútbol.
Redacción y adaptación: Evergol – www.everardoherrera.com
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