Cuando los aficionados analizan a los favoritos para ganar el Mundial 2026 suelen pensar en figuras, plantillas, tácticas o historial.
Sin embargo, existe un factor que podría influir silenciosamente en el rendimiento de las selecciones y que pocas veces aparece en los análisis previos: las enormes distancias que deberán recorrer durante el torneo.
La Copa del Mundo que organizarán Estados Unidos, México y Canadá será la más grande de la historia. Por primera vez participarán 48 selecciones y se disputarán 104 partidos distribuidos en 16 ciudades sede ubicadas a lo largo de un territorio que abarca miles de kilómetros.
El desafío no será únicamente deportivo. También será logístico. Mientras que en Qatar 2022 los equipos podían trasladarse entre estadios en cuestión de minutos, la realidad del Mundial 2026 será completamente diferente. Algunas selecciones deberán recorrer distancias equivalentes a cruzar varios países europeos para disputar únicamente tres partidos de fase de grupos.
Un Mundial de dimensiones inéditas
La sede más occidental del torneo será Vancouver, en Canadá, mientras que la más oriental será Toronto. Entre ambas ciudades existen más de 3.300 kilómetros de distancia.
Si se amplía el mapa hasta incluir Seattle, Los Ángeles, Dallas, Atlanta, Miami, Ciudad de México, Monterrey y Nueva York, el escenario se vuelve todavía más complejo.
Algunas selecciones deberán cruzar varias zonas horarias en pocos días, una situación que puede afectar los ciclos de sueño, la recuperación muscular y la preparación entre encuentros.
Especialistas en ciencias del deporte consideran que los cambios constantes de horario pueden generar efectos similares al llamado “jet lag deportivo”, un factor que podría adquirir una importancia inédita en esta Copa del Mundo.
No todos recorrerán el mismo camino
Uno de los aspectos más llamativos del torneo es que no todas las selecciones enfrentarán el
mismo nivel de exigencia logística.
Mientras algunas tendrán calendarios relativamente cómodos y concentrados en una misma región, otras deberán realizar largos desplazamientos a través de Norteamérica.
Bosnia y Herzegovina aparece como uno de los casos más extremos. Su recorrido contempla partidos en Toronto, Los Ángeles y Seattle, acumulando aproximadamente cinco mil kilómetros durante la fase de grupos.
Argelia también afrontará un calendario exigente con desplazamientos entre Kansas City y la región de San Francisco antes de regresar nuevamente a Kansas City.
En contraste, México tendrá uno de los itinerarios más favorables del torneo al disputar todos sus encuentros de fase de grupos dentro de territorio mexicano. Corea del Sur también figura entre las selecciones con menores recorridos programados.
La diferencia entre algunos equipos será enorme. Diversos análisis internacionales señalan que ciertas selecciones podrían recorrer hasta varias veces más distancia que otras antes de que siquiera comiencen las rondas eliminatorias.
El desgaste que no aparece en las estadísticas
Los kilómetros recorridos no se reflejan en la posesión del balón ni en la cantidad de remates al arco, pero pueden influir directamente en el desempeño de un equipo.
Cada traslado implica horas de vuelo, controles de seguridad, cambios de hotel, alteraciones en las rutinas de descanso y modificaciones en los horarios de alimentación.
En torneos cortos, donde la recuperación entre partidos es fundamental, cualquier detalle puede marcar diferencias.
No es casualidad que muchas selecciones hayan dedicado meses a estudiar cuidadosamente dónde establecer sus campamentos base para minimizar desplazamientos y reducir el impacto físico de los viajes.
Una batalla paralela
La influencia de los viajes en el rendimiento deportivo no es una teoría nueva.
Competiciones como la Liga de Campeones de Concacaf, la Copa Libertadores y las principales ligas norteamericanas han demostrado durante años cómo los desplazamientos pueden afectar el rendimiento de los atletas.
La diferencia es que nunca un Mundial había presentado una distribución geográfica tan amplia.
Por esa razón, varios analistas consideran que el aspecto logístico podría tener una influencia mayor que en cualquier otra Copa del Mundo reciente.
Mientras los aficionados centran su atención en las estrellas y en los candidatos al título, preparadores físicos, médicos y coordinadores logísticos libran una batalla silenciosa lejos de los reflectores.
Porque en el Mundial 2026 no bastará con jugar bien. También habrá que sobrevivir a las distancias.
Nota escrita por: Pedro Morales Bolaños
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