El brasileño resistió cuando no encontraba su lugar, recuperó la confianza con Hansi Flick y ahora responde desde el centro del ataque: 12 goles en siete jornadas de Liga.
Raphinha llegó al Barcelona como extremo y pasó sus primeras temporadas intentando demostrar que podía ser mucho más que una alternativa para la banda. Hoy lleva el brazalete de capitán, juega como delantero centro y es el máximo argumento ofensivo del equipo de Hansi Flick. La distancia entre aquel futbolista discutido y el actual se mide en confianza, en una decisión táctica y, sobre todo, en goles.
En la campaña 2022-23, la primera tras su llegada procedente del Leeds United, marcó 10 goles y dio 12 asistencias. Un año después volvió a anotar 10 tantos. Eran cifras útiles, pero insuficientes para despejar las dudas sobre el papel que podía tener en el Barça. El propio jugador ha recordado que en aquella etapa no se sentía respaldado por el cuerpo técnico. Según reconstruye El País, tampoco quiso abandonar el club pese a recibir ofertas económicamente importantes desde Arabia Saudí: su intención era triunfar en Barcelona.
Flick cambió su sitio y su confianza
Con la llegada del entrenador alemán empezó otra historia. Flick lo trasladó de la derecha a la izquierda, le dio margen para atacar por dentro y lo convirtió en una pieza central de su sistema. La respuesta fue contundente: en la temporada 2024-25, Raphinha firmó 34 goles y 25 asistencias en 56 partidos, según el balance publicado por el Barcelona. Había triplicado con creces su mejor registro goleador anterior en el club.
La apuesta evolucionó esta temporada. En lugar de buscar un rematador que esperara los centros, Flick colocó a Raphinha como delantero centro. Allí aprovecha sus movimientos hacia los espacios, llega al área con frecuencia y encabeza la presión cuando el equipo pierde la pelota. Juega de “9”, aunque conserva el dorsal 11.
Para Flick, esta última tarea es tan valiosa como sus goles. Antes de visitar al Sevilla, explicó que el Barcelona empieza a presionar desde el delantero centro y que la intensidad de Raphinha arrastra al resto del equipo. Su función, señaló el técnico, va más allá de marcar. Esa es la clave de la reconversión: el brasileño se ha convertido en el primer defensor y, a la vez, en el principal finalizador de los ataques.
Doce goles en siete jornadas
Los números del inicio de Liga respaldan la decisión. Raphinha suma 12 goles en los primeros siete partidos, incluidos dos tripletes consecutivos: uno frente al Racing y otro ante el Sevilla. En este último encuentro, el Barça comenzó perdiendo y el capitán marcó los tres tantos de la remontada para ganar 3-1. No fue una actuación de adorno dentro de una goleada; decidió un partido que se le había complicado al líder.
Su producción tampoco se limita al campeonato español. En el arranque de la Liga de Campeones anotó dos veces frente al Feyenoord. Para entonces, el club destacaba que había marcado en cada uno de sus primeros cinco encuentros de la temporada, con ocho goles en ese tramo.
Raphinha encontró el puesto que buscaba cuando dejó de estar sujeto a una sola banda. Flick, por su parte, halló un delantero capaz de convertir y de marcar el ritmo de la presión. El brazalete reconoce ahora algo que se ve en cada partido: cuando el brasileño inicia el esfuerzo, sus compañeros lo siguen. Y cuando aparece una ocasión, también está llegando antes que nadie al gol.

