'El milagro que me salvó de morir con mis hijos en la selva amazónica'

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Ahí estaban, de noche y con un torrencial aguacero. La maleza y los árboles gigantes de la Amazonia colombiana los cubría por completo y no había grito alguno que llegara a oídos de alguien. 

María Oliva Pérez y sus tres hijos estaban perdidos en terrenos desconocidos sin saber qué hacer o para dónde coger. No lo sabían aún, pero esta selva –hábitat de 77 especies de anfibios y reptiles y 38 especies de mamíferos, entre muchos otros animales– ya se los había devorado.

Ese jueves 19 de diciembre, María Pérez, una caqueteña radicada con su familia en Puerto Leguízamo, en Putumayo, había tomado camino hacia la finca donde laboraba su esposo Andrés Parra, en la vereda Bellavista. Era la primera vez que lo visitaban en ese lugar y solo llevaban consigo las ropas que vestían.

Durante el día sabía bien por dónde cruzar la extensa montaña por la que caminaron unos 90 minutos hasta llegar a la finca. El retorno lo comenzaron hacia las 5 de la tarde, cuando todavía había luz, pero oscureció y se perdieron por completo del camino que los llevaría de retorno a su casa. 

En su andar, María y sus hijos, de 14, 12 y 10 años (dos niñas y un niño), tomaron el camino equivocado y no les quedó de otra que pasar esa noche abrazados debajo de un árbol, el cual los cubría de la lluvia, hasta quedar dormidos con la esperanza de retomar la trocha correcta al otro día.