La visita de León XIV a Sudamérica reúne dos imágenes que pueden parecer contradictorias: el entusiasmo que despierta un Papa y las encuestas que muestran una pérdida sostenida de identificación con el catolicismo. Ambas reflejan una región donde la religión sigue teniendo peso, aunque las formas de vivirla estén cambiando.
El recorrido comenzó el 6 de noviembre en Uruguay, continuará en Argentina y llegará a Perú el miércoles 11. Allí, Robert Francis Prevost volverá a comunidades que marcaron su trayectoria como misionero y obispo de Chiclayo. Su vínculo es también ciudadano: obtuvo la nacionalidad peruana en 2015.
Tres países, distintas maneras de recibirlo
Uruguay, con una arraigada tradición laica, representa el encuentro con una sociedad donde la pertenencia religiosa tiene menor presencia. Argentina combina el descenso de la identificación católica con una Iglesia de importante participación social y el recuerdo cercano de Francisco.
En Perú, la visita incorpora el reencuentro con un pastor conocido. La agenda incluye Chiclayo, además de Lima, Cusco y Pucallpa: lugares desde los que podrá hablar de desigualdad, comunidades indígenas y desafíos ambientales.
Esa experiencia peruana le aporta cercanía para dirigirse a una región cuyas necesidades conoció antes de llegar al Vaticano.
El retroceso existe, pero requiere contexto
Según el Latinobarómetro citado por El País, los latinoamericanos que se declaran católicos pasaron del 80% en 1995 al 55% en 2026. Quienes no profesan ninguna religión aumentaron del 4% al 16%.
El cambio es importante, pero esos datos no describen una desaparición de la fe. El catolicismo continúa siendo mayoritario en el conjunto regional y otras confesiones también reúnen a millones de creyentes.
Además, una encuesta del Pew Research Center, realizada en 2024 en seis países latinoamericanos, encontró que alrededor de nueve de cada diez adultos —o más— en cada país estudiado creen en Dios. Incluso entre quienes no tienen religión, esa creencia es mayoritaria.
La gira de León XIV permite observar esa complejidad. La convocatoria de un Papa expresa devoción, afecto e identidad cultural; las encuestas muestran cómo evoluciona la pertenencia religiosa. Su desafío será convertir la atención de estos días en una relación duradera con comunidades que conservan la fe, pero también plantean nuevas preguntas a la Iglesia.
