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El daño que provoca la cocaína aspirada puede ir mucho más allá de una perforación en el tabique nasal. En casos graves, la destrucción alcanza el paladar, los senos paranasales, la cavidad del ojo e incluso las estructuras que separan la nariz del interior del cráneo.

Un reportaje de Pablo Linde en El País reúne casos extremos presentados en el Congreso Nacional de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, celebrado en octubre en Madrid.

Son complicaciones infrecuentes y no representan la evolución de todas las personas que consumen. Sin embargo, están documentadas en la literatura médica y muestran por qué los síntomas persistentes requieren atención temprana.

Por qué se destruyen los tejidos

La cocaína estrecha los vasos sanguíneos y reduce el suministro de oxígeno y nutrientes. La exposición repetida puede provocar muerte de tejidos, conocida como necrosis, y afectar progresivamente al cartílago y al hueso.

No se trata simplemente de una sustancia que “quema” la nariz: también intervienen la irritación, los traumatismos locales y las infecciones. Algunos adulterantes, como el levamisol, añaden riesgos de daño vascular y lesiones en la piel.

La medicina denomina este cuadro lesiones destructivas de la línea media inducidas por cocaína.

Cuando comer y hablar también se vuelven difíciles

Si la destrucción perfora el paladar, puede abrirse una comunicación entre la boca y la nariz. Esto permite que líquidos o alimentos pasen hacia las fosas nasales y altera la resonancia de la voz.

El reportaje de El País describe a un hombre de alrededor de 30 años cuyo deterioro alcanzó la base del cráneo y produjo una fuga de líquido cefalorraquídeo, el fluido que protege el cerebro y la médula espinal.

Según esa información, los cirujanos cerraron el defecto, pero el paciente continuó consumiendo y posteriormente falleció por una neumonía por aspiración.

Otro caso recogido por el periódico corresponde a una mujer con pérdida de visión y dolor persistente. Tras varias operaciones, fue necesario retirar el contenido de la cavidad orbitaria y reconstruir la zona.

Son historias clínicas extremas. Su valor es advertir sobre complicaciones posibles; por sí solas no permiten calcular con qué frecuencia ocurren.

Un matiz importante: no existe un consumo reducido que garantice detener el daño

El reportaje vincula los cuadros más destructivos con consumos muy intensos y frecuentes. Eso no debe interpretarse como una garantía de seguridad para quienes consumen con menor frecuencia.

Un consenso internacional de especialistas publicado en 2025 señala que, en personas que ya presentan estas lesiones, no existe un umbral de consumo que asegure evitar su progresión. La suspensión completa es una parte esencial del tratamiento.

Tampoco toda perforación nasal demuestra consumo de cocaína. Algunas enfermedades autoinmunes, infecciones y tumores pueden producir lesiones parecidas, por lo que el diagnóstico requiere valoración médica.

La cirugía necesita ir acompañada del tratamiento de la adicción

Reconstruir una zona dañada sin detener la exposición puede terminar en una nueva destrucción o en el fracaso de la operación.

Por eso, el manejo combina otorrinolaringología, atención de las infecciones y tratamiento de la adicción. En determinados casos también participan especialistas en reconstrucción, oftalmología o neurocirugía.

Debe distinguirse la reconstrucción programada de una intervención urgente: una fuga de líquido cefalorraquídeo o una complicación intracraneal puede necesitar tratamiento inmediato.

Consultar antes de que el deterioro avance

Sangrados repetidos, costras persistentes, obstrucción nasal, dolor, cambios en la voz o paso de líquidos hacia la nariz merecen evaluación.

La pérdida de visión, la confusión o un dolor de cabeza intenso acompañado de fiebre requieren atención urgente.

La conclusión es sanitaria: reconocer pronto el problema y ofrecer tratamiento sin estigmatizar puede evitar que una lesión inicialmente localizada se convierta en una discapacidad grave. Atender la adicción forma parte de proteger los tejidos y recuperar funciones esenciales. 

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