En las praderas del rancho de Harrison Ford, en Wyoming, los animales encontraron algo más duradero que la voluntad de un propietario: una protección diseñada para mantenerse incluso cuando la tierra cambie de manos.
El actor vinculó 389 acres de su propiedad —unas 157 hectáreas— a una servidumbre de conservación con Jackson Hole Land Trust, una organización dedicada a preservar espacios naturales. La medida restringe el desarrollo del terreno para proteger sus valores ambientales.
Aunque la historia ha vuelto a circular en medios internacionales, no se trata de una donación anunciada ahora. Según un reportaje publicado por The Land Report en 2007, Ford comenzó a establecer estas protecciones en 1985.
Su refugio en Jackson Hole, junto al río Snake y bajo el paisaje de los montes Teton, abarcaba unos 800 acres, equivalentes a 324 hectáreas. Por sus praderas transitaban wapitíes y ciervos; también había águilas calvas, garzas y truchas nativas.
Una protección que sobrevive al dueño
La precisión es importante: una servidumbre de conservación permite mantener la propiedad privada mientras se establecen restricciones permanentes para resguardar el paisaje, el agua o los hábitats.
Jackson Hole Land Trust explica que estos acuerdos acompañan al terreno cuando pasa de un propietario a otro. Cada uno fija condiciones específicas; no equivale automáticamente a convertir la finca en un parque nacional o abrirla al público.
En el caso de Ford, el reportaje de 2007 describe restricciones contra construcciones importantes y otras intervenciones que perjudiquen la fauna y los recursos naturales.
Robert Redford: el caso más parecido
El actor y director Robert Redford y su familia recurrieron a una herramienta semejante en Utah.
Según Utah Open Lands, 865 acres —unas 350 hectáreas— quedaron protegidos en 1997 mediante una servidumbre permanente. La reserva familiar conserva hábitats de fauna, zonas de importancia hídrica y praderas de montaña próximas a Sundance.
La semejanza con Ford está en el mecanismo: establecer compromisos de conservación sobre terrenos privados para que su protección no dependa únicamente de las decisiones del siguiente dueño.
Los Tompkins: de la compra de tierras a los parques nacionales
Douglas y Kristine Tompkins llevaron la conservación privada a otra escala en Sudamérica.
El proyecto que impulsaron incluyó la donación de más de 407.000 hectáreas en Chile, que, junto con aportes estatales, permitió crear cinco parques nacionales y ampliar otros tres. En 2019 se formalizó la entrega de los parques Pumalín y Patagonia al Estado chileno.
Aquí la diferencia es sustancial: las tierras donadas pasaron a integrar el patrimonio público destinado a la conservación.
Yvon Chouinard: una empresa para financiar la protección ambiental
El fundador de Patagonia y su familia eligieron otra vía. En 2022 transfirieron la propiedad de la compañía a Patagonia Purpose Trust y Holdfast Collective.
La estructura busca preservar la misión de la empresa y destinar los beneficios que no se reinviertan en el negocio a combatir la crisis ambiental y proteger la naturaleza.
Ford y Redford establecieron límites permanentes sobre tierras privadas; los Tompkins aportaron terrenos para parques públicos; los Chouinard organizaron una fuente empresarial de financiación ambiental. Son mecanismos distintos para comprometer patrimonio con la conservación a largo plazo.
