"Lo mucho o lo poco que me queda de vida lo quiero vivir en paz, si es que me dejan".
Rafael Caro Quintero pronunció esas palabras cuando todavía estaba prófugo. Sentado sobre un catre, en un cuarto oscuro y en un lugar de la sierra que no quiso identificar, el hombre que había dirigido una de las organizaciones criminales más poderosas de México se describía como alguien que había perdido su dinero, su matrimonio y buena parte de su vida entre rejas.
“Fue muy cara la factura”, dijo en aquella entrevista con la periodista Anabel Hernández para Proceso, recuperada ahora por El País.
Hoy tiene 74 años y está preso en Brooklyn, Nueva York. Sus abogados negocian una posible declaración de culpabilidad para evitar el juicio. Entre los objetivos figura aliviar el aislamiento en el que permanece recluido. Después de décadas de persecución, el margen de negociación del llamado “narco de narcos” alcanza asuntos tan concretos como las horas que pasa encerrado y el contacto que puede mantener con otras personas.
El refugio costarricense
El 4 de abril de 1985, Caro Quintero fue capturado en una lujosa propiedad en Costa Rica. Había huido de México tras el secuestro y asesinato del agente estadounidense Enrique “Kiki” Camarena, el crimen que convirtió su nombre en una prioridad permanente para la DEA.
Según la acusación estadounidense, ordenó secuestrar, torturar y matar al agente porque lo responsabilizaba de la destrucción de un enorme cultivo de marihuana en el rancho El Búfalo. Camarena fue interrogado y torturado durante aproximadamente dos días antes de ser asesinado.
El refugio en Costa Rica terminó con su detención y posterior entrega a México. Allí fue condenado y permaneció 28 años encarcelado, hasta que una resolución judicial permitió su salida en 2013. La decisión fue posteriormente revocada, pero para entonces había desaparecido.
Fue durante esos años de clandestinidad cuando aseguró haber abandonado el narcotráfico desde su primera captura y pidió perdón a la familia de Camarena, a la DEA y al Gobierno estadounidense.
“Me quedaban dos ranchos y algún ganado, y los vendí ahora que salí, y de eso vivo”, afirmó.
Ese retrato de pobreza y retiro era su versión. La Fiscalía estadounidense sostiene que continuó dirigiendo su organización desde la cárcel y después de recuperar la libertad.
Lo que intenta cambiar ahora
Recapturado en 2022 y entregado a Estados Unidos en febrero de 2025, Caro Quintero permanece en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn bajo medidas administrativas especiales. Su defensa ha denunciado hasta 23 horas diarias de aislamiento entre semana y encierro durante todo el día los fines de semana.
Flexibilizar ese régimen podría traducirse en más tiempo fuera de la celda y menos restricciones de comunicación. Sin embargo, no se han anunciado beneficios concretos ni está garantizado que una declaración de culpabilidad modifique sus condiciones. El destino penitenciario depende de las autoridades federales.
La pena de muerte quedó descartada en agosto de 2025. La cadena perpetua sigue presente: el principal cargo que enfrenta la contempla como condena obligatoria si resulta declarado culpable por ese delito.
La audiencia del 14 de octubre terminó sin acuerdo. La próxima está fijada para el 20 de noviembre y el juicio continúa previsto para marzo de 2027.
El hombre que encontró refugio en una propiedad de lujo en Costa Rica espera ahora otra comparecencia bajo custodia. Aún no tiene sentencia en Estados Unidos. Tiene una negociación abierta y aquella frase, pronunciada años antes de volver a ser capturado: “Fue muy cara la factura”.
