A casi tres décadas de la muerte de Diana de Gales, su hermano menor ha decidido contar la historia que recuerda desde dentro de la familia.
En 'El canto del cisne. Diana, mi hermana', Charles Spencer reconstruye la infancia compartida, el matrimonio de la princesa con el entonces príncipe Carlos y los días en que se preparó su funeral. El libro apareció esta semana en español bajo el sello Plaza & Janés, mientras se acerca el 30.º aniversario de la muerte de Diana, que se cumplirá en agosto de 2027.
La joven detrás del símbolo
El punto más revelador del relato no está necesariamente en los reproches al palacio. Spencer recuerda a una hermana con sentido del humor, marcada también por la separación de sus padres y por experiencias dolorosas en su niñez. Un fragmento publicado por la editorial describe cómo la persecución de fotógrafos comenzó cuando Diana todavía era una joven de 19 años que salía con el heredero al trono: su vida privada se convirtió en espectáculo antes de que llegara la boda.
El hermano interpreta aquel período como el inicio de una presión que después se intensificó. También vuelve sobre las inseguridades de Diana y sus dificultades en el matrimonio. Es una mirada cercana, con el valor de haber compartido parte de esa vida, pero sigue siendo la interpretación de uno de sus protagonistas.
La controversia con Carlos III
Spencer asegura que Diana llegó a plantearse cancelar el enlace y atribuye a comentarios del entonces príncipe Carlos parte de sus inseguridades. En otro pasaje sostiene que, tras la muerte de la princesa en 1997, Carlos pronunció una frase despectiva durante una discusión telefónica sobre el funeral. Son afirmaciones del autor sobre conversaciones privadas que no pueden presentarse como hechos establecidos. Buckingham Palace respondió de forma excepcional: señaló que el dolor de perder a una hermana puede afectar el juicio y el recuerdo de los hechos.
El libro añade una historia familiar inesperada: Spencer afirma que su padre, John Spencer, tuvo una incipiente cercanía sentimental con la futura Isabel II, frenada —según su versión— por lord Mountbatten. Tampoco en este caso hay una confirmación independiente de ese supuesto romance. La anécdota aporta al relato el peso de las antiguas relaciones entre ambas familias, pero requiere la misma cautela que el resto de recuerdos íntimos.
El funeral y los límites de la memoria
El desacuerdo más doloroso gira en torno al cortejo fúnebre. Charles Spencer ha cuestionado que Guillermo y Enrique, entonces adolescentes, caminaran detrás del féretro de su madre. Años después, Guillermo describió la decisión como colectiva y Enrique escribió que su tío se había opuesto.
Las versiones permiten entender la tensión de aquel momento, aunque no resuelven por sí solas cada conversación privada que ahora relata el conde.
La publicación ha obligado incluso a una rectificación: Spencer se disculpó con Piers Morgan por atribuirle erróneamente responsabilidad en la publicación de unas fotografías de Diana tomadas en un gimnasio. Ese error no invalida todos sus recuerdos, pero recuerda por qué conviene distinguir memoria, interpretación y hechos verificables.
Spencer dice que escribió como hermano y que esta es su visión, no una reconstrucción colectiva de la familia. Esa perspectiva da al libro su fuerza y también marca sus límites. Veintinueve años después, la figura de Diana sigue convocando afecto, preguntas y relatos enfrentados sobre quién puede contar su historia.
