El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose en el océano Pacífico y podría alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) estima que persistirá, con una probabilidad cercana al 100 %, al menos hasta febrero de 2027. Sus efectos, sin embargo, no serán iguales en todos los países: dependerán de la época del año y de otros factores que influyen en el clima de cada región.
Una de las advertencias más graves se refiere al calor. Un estudio del Climate Impact Lab, vinculado a la Universidad de Chicago, proyecta 451.000 muertes adicionales asociadas a temperaturas extremas en el mundo entre junio de 2026 y febrero de 2027, en comparación con un año normal. Es una estimación estadística, no una cifra de fallecimientos registrados ni un pronóstico específico para Costa Rica.
Hay una precisión importante sobre ese dato: las 451.000 muertes corresponden a nueve meses, desde el inicio del episodio en junio. Para los seis meses comprendidos entre septiembre y febrero, el estudio calcula alrededor de 239.000 muertes adicionales.
¿Qué se espera en Costa Rica?
En el país, el impacto inmediato que debe seguirse de cerca es la distribución de las lluvias. El pronóstico subestacional del Instituto Meteorológico Nacional (IMN), válido del 21 de septiembre al 18 de octubre, señala condiciones deficitarias de precipitación en el Pacífico, el Valle Central y la Zona Norte occidental. Al mismo tiempo, prevé condiciones lluviosas en el Caribe y sectores de la Zona Norte. Esto significa que hablar de “sequía en toda Costa Rica” sería incorrecto: puede haber regiones con menos lluvia y otras con aguaceros durante el mismo periodo.
Si el déficit de lluvia se prolonga, podría afectar la disponibilidad de agua, la agricultura y la generación hidroeléctrica. El calor también exige atención para las personas que trabajan o hacen actividad física al aire libre. La magnitud de esos efectos todavía no puede determinarse a partir de la proyección mundial de mortalidad: para Costa Rica deben seguirse los pronósticos y avisos actualizados del IMN.
Centroamérica y América Latina
En Centroamérica, El Niño suele aumentar la preocupación por las lluvias irregulares y sus consecuencias para las cosechas y el abastecimiento de agua. Pero tampoco aquí cabe aplicar un único pronóstico a toda la región. La OMM advierte que incluso un episodio muy fuerte puede producir resultados distintos según el territorio y la influencia de otros factores climáticos, incluidos los del océano Atlántico.
En América Latina, el estudio del Climate Impact Lab identifica a Brasil entre los países con mayor aumento proyectado de muertes por calor: estima 13.300 adicionales entre septiembre y febrero. Esa cifra no debe extrapolarse a los demás países latinoamericanos. Además del calor, la región tendrá que vigilar cómo evolucionan las lluvias, pues El Niño puede elevar los riesgos de sequías e inundaciones en lugares diferentes.
El mensaje central de los investigadores y de la OMM es prepararse con información local: reforzar las alertas tempranas, proteger a las poblaciones vulnerables al calor y actualizar las decisiones conforme cambien los pronósticos. El Niño ya está en curso, pero sus consecuencias específicas para Costa Rica y sus vecinos aún requieren seguimiento semana a semana.



