El exlateral brasileño Cicinho, quien pasó por clubes como São Paulo, Real Madrid y Roma, volvió a estremecer al mundo del fútbol con una confesión cruda sobre la adicción al alcohol que marcó buena parte de su carrera.
En una entrevista recordada por medios españoles e italianos, el exjugador reveló que empezó a beber a los 13 años y que con el paso del tiempo esa conducta se convirtió en un problema que lo acompañó incluso en sus etapas de mayor exposición internacional.
“Me autodestruí con el alcohol”, reconoció Cicinho, quien hoy vive en Brasil, trabaja como comentarista de televisión y asegura llevar casi 15 años sin probar una gota.
El brasileño contó que durante su paso por el Real Madrid llegó a presentarse a entrenar después de noches de fiesta, intentando ocultar los efectos con café y cigarrillos. Según su propio relato, ni Fabio Capello sospechaba lo que estaba ocurriendo porque dentro del campo seguía rindiendo.
Su paso por Roma tampoco logró frenar el problema. Medios italianos retomaron sus declaraciones sobre los excesos que vivió en la capital italiana, una etapa en la que también sufrió lesiones y comenzó a reconocer señales de depresión.
Cicinho, cuyo nombre completo es Cícero João de Cézare, fue considerado en su momento uno de los laterales derechos brasileños con mayor proyección. Brilló con São Paulo, llegó al Real Madrid en la época de los “galácticos” y luego pasó por Roma, Villarreal, Sivasspor y otros clubes.
También fue seleccionado brasileño y disputó el Mundial de Alemania 2006.
Sin embargo, su historia terminó siendo una mezcla de talento, fama, excesos y recuperación personal.
En Brasil, medios como ESPN ya habían recogido anteriormente sus testimonios sobre una adicción que comenzó muy temprano y que lo llevó a beber durante años, incluso en plena competencia profesional.
El exfutbolista atribuye su recuperación al apoyo de su esposa, la terapia y la fe. Hoy asegura que encontró un nuevo sentido de vida y que incluso se prepara para convertirse en pastor evangélico.
La confesión de Cicinho vuelve a abrir una conversación incómoda pero necesaria en el fútbol: detrás de los contratos millonarios, los estadios llenos y la fama internacional, también pueden existir problemas emocionales profundos que muchas veces permanecen ocultos.



